sábado, 13 de octubre de 2018

Religión, rito y magia en la antigua Escandinavia


Religión, rito y magia
La mitología nórdica nos ha llegado a través de inscripciones y representaciones en diferentes objetos ( de culto, rituales, en monumentos funerarios), del estudio de los enterramientos y ajuares, de unas pocas crónicas mas o menos contemporáneas no exentas de elementos dudosos o confusos y, sobre todo, a través de los textos de las sagas y Eddas. La consideración de las sagas como fuentes históricas vendrá tratada en otro artículo y añadiremos aquí el particular caso de las Eddas.
Por motivos (y equívocos) historiográficos y mera convención, se dio el nombre de Eddas a dos colecciones dispares de textos que tenían en común el tratar sobre historias de la mitología nórdica. Tenemos pues la Edda mayor o poética, una compilación del siglo xii de poemas y narraciones antiguas, de material épico-mítico del norte, y la Edda menor o prosaica, escrita en el mismo siglo por el autor islandés Snorri Sturluson como una ayuda para que los autores coetáneos, desconocedores de las historias antiguas, entendieran las referencias mitológicas de la elaborada poesía producida entonces. Tal vez esta justificación dada por su autor y otros asuntos, como el acomodamiento de los dioses antiguos a la explicación evemerista, pretendiera hacer aceptable la trasmisión de las antiguas historias del panteón nórdico.

Edición de la Edda de Snorri. Fuente: www.ancient.eu
Esto significa que las más importantes fuentes donde se preservó la mitología antiguo-nórdica no solo compilaron material de fecha tardía, cuando ya Escandinavia formaba parte del horizonte europeo y poco perduraba de aquel mundo antiguo anterior al cristianismo, sino que se trató de textos no doctrinales ni religiosos, compuestos con una función muy diferente a la trasmisión religiosa.
Tampoco es correcto considerar la religión como algo estático, no sujeto a evolución o variaciones en el tiempo y espacio. Ya hemos mencionado la posible modificación del panteón en función de los cambios de estructuras sociales, y añadiremos la importante presencia en el material reflejado por Snorri, autor islandés, no lo olvidemos, de una mitología que refleja casi sin duda la particular idiosincrasia geológica islandesa, con un mundo de hielo y otro de fuego en la cosmogonía mítica, y la aparición en su texto de influencias, referencias y trasposiciones de asuntos y episodios propios del cristianismo.
Hecho este descargo, queda señalar que existe alguna verdad histórica en estos textos, un reflejo o eco del auténtico material del norte antiguo, aunque conviene abordarlos con cautela, toda vez que resulta muy tentador el encontrar respuestas donde parecen dar contestación a nuestras preguntas. A pesar de que tenemos cierto conocimiento de los mitos que forman la base de la religión nórdica, apenas conocemos nada sobre el rito y las prácticas de esta. Los autores que nos legaron los textos con referencias mitológicas, como personas de su tiempo, plenamente cristiano, no tenían interés ni gusto por el culto antiguo. Hay una importante intención doctrinal y de propaganda religiosa en las sagas medievales, y podían tolerarse las referencias «artísticas» o «culturales» a dioses paganos, muchas veces adaptados a los tiempos mediante un enfoque evemerista (esto es, asumiendo que los antiguos dioses, Odínn, Thorr, Freyr… no eran sino caudillos destacados que el pueblo inculto elevó a la categoría de dioses), pero nunca se aceptarían relaciones de culto o práctica pagana, de no ser plenamente instrumentalizada con objeto doctrinal.
Toponímicos relacionados con Thorr en Noruega
En las sagas aparecen algunos ritos y referencias a cultos y templos, pero son muy cuestionables e imprecisos, puede que transposiciones de asuntos cristianos o invenciones, muchas veces intencionales, para favorecer la acción de la Iglesia que, no lo olvidemos, combatió activa e intensamente este culto, a la vez que se sirvió de la asimilación de usos antiguos. En ocasiones, estas muy probables transposiciones de realidades cristianas (descripciones de templos, rezos, ritos, costumbres....) se debieron simplemente al desconocimiento de los autores, que no conocían o entendían otros modos religiosos que los propios, esto es, cristianos.
Rito propiciatorio a Thorr, en pintura deJ. L. Lund

De la religión antiguo-nórdica podemos decir que no era una institución dedicada, pues formaba parte de la vida ordinaria. Tanto es así que no existía una palabra para «religión», pues se referían a ella como «usos» o «costumbres». No contaba con una organización regular o un personal especializado que se dedicara al culto. Los principales responsables de las prácticas y celebraciones eran los cabezas de familia, los jefes de la comunidad o los reyes, sin perjuicio de que todo hombre pudiera interactuar con la divinidad. Los dioses eran considerados cercanos y se hacía referencia a ellos de forma familiar y emotiva. Es común la preferencia de uno sobre los demás, con el que se establecía una especial conexión y al que se denominaba «mejor amigo». En las sagas se menciona a gentes que decían no creer en los dioses, en ninguno de ellos, sin recibir represarías sociales.
A pesar de que encontramos referencias y cierto registro arqueológico de la existencia de templos o lugares dedicados a sacrificios y banquetes, los ritos se celebraban mayoritariamente en los propios hogares y en lugares exteriores de especial significado: árboles, cruces de caminos, formaciones geológicas, bosques, cascadas, corrientes de agua.
Como la religión imbuía la vida, estaba presente en casi todas las etapas y momentos de esta: los cambios de estación, los nacimientos, bodas y muertes, el comercio, los juramentos, las asambleas, los actos sociales…
La práctica se fundamentaba en la realización de sacrificios y banquetes propiciatorios, que pretendían asegurar el orden establecido. Mediante estas ofrendas se establecía un canje, un «te doy para que me des», y se solicitaba a las deidades su protección. Según el momento, estos rituales involucraban a una familia, o a grupos mayores, hasta todo un reino.
Recreación (invención) del rito de dísablót, de August Malmström

El culmen del acto social nórdico, la asamblea, era también un episodio religioso comunitario. En los banquetes, los animales se sacrificaban y su carne se consumía comunitariamente, lo que reforzaba los lazos del grupo. Era habitual ofrecer la sangre de los animales sacrificados a los dioses, tal vez aspergiéndola sobre los ídolos, o ahorcarlos de árboles como ofrendas. Las fuentes hablan de la existencia de sacrificios humanos y se han encontrado restos arqueológicos que lo confirman. Los sacrificados eran por lo general de ínfima clase social, aunque no faltan menciones literarias a reyes fallidos sacrificados por su pueblo para atraer la buena suerte, o reyes que sacrificaban a sus vástagos a cambio de alargar la propia vida.
No solo a los grandes poderes, los dioses, se sacrificaba. Otras muchas criaturas sobrenaturales compartían la existencia de los nórdicos y debían ser aplacadas, propiciadas mediante ofrendas o ritos concretos, para evitar problemas o para conseguir un beneficio de ellas. Alfar (elfos), dvergar (enanos), jótnar (gigantes), draugar (no muertos), disir (espíritus femeninos relacionados con la protección y la fertilidad), landvaettir (espíritus de la tierra-territorio), fylgjur (espíritus personales guardianes)… Tan vigentes en la vida de estas gentes que se mencionan hasta en los códices legales y, aún hoy, son objeto de consideración en las tradiciones y el folclore de los países escandinavos.

Magia
En el nórdico antiguo se llamó seiðr a un tipo de magia practicado en la antigua Escandinavia. Es un término para referir un conjunto de conocimientos y técnicas ocultos que se encuentra en el límite entre la religión y la magia. El seiðr, conectado con la religión nórdica, tenía características chamánicas e involucraba prácticas adivinatorias y rituales relacionadas con cantos. Se trataba de una práctica muy vinculada a las mujeres, a las que se llamó seiðkonas o völvas, mujeres poseedoras de un especial y secreto conocimiento que podían usar para causar daño o beneficio. Existieron practicantes masculinos, a pesar de que debieron sufrir el importante tabú social de ejercer una actividad femenina.
Recreación de völva. Fuente: aminoapps.com
Se han encontrado restos arqueológicos y ajuares asociados a esta práctica. La figura de la seiðkona o völva aparece muy degradada en las sagas históricas, donde, en la mayoría de los casos, se las presenta como brujas paganas. Las fuentes literarias mencionan otros tipos de magia, menos especializada, pues parecían estar al alcance de practicantes no especializados, fundamentados en el uso de las runas, en letanías o conjuros y en el empleo de gestos y actos simbólicos, así como en sueños proféticos.






Krake

martes, 9 de octubre de 2018

Hijos de las Llanuras I: Los escitas.

Saludos. Inauguramos una nueva serie sobre los pueblos de las llanuras y las estepas, porque es un hecho que algunos de los mayores cambios en la Historia se forjaron en los infinitos páramos del centro y este de Europa, y centro y norte de Asia.
Nuestra primera edición tratará de los escitas, un pueblo que dejó una profunda huella en la Historia. Hasta casi mil años después de haber desaparecido, la región que ocuparon siguió llamándose Escitia, por ejemplo.
Jinetes escitas. de Angus McBride para Osprey

Los escitas eran un pueblo ario procedente de las llanuras de Asia. Irrumpieron violentamente en las crónicas en el siglo VII a.d.C. Como pueblo se organizaban en tribus dirigidas por reyes, auténticos y legendarios soberanos de las llanuras. Dice Herodoto que los maságetas presionaron a los escitas hacia el oeste, y éstos a su vez, desplazaron a otra tribu cuyo nombre seguro que nos pone los pelos de punta: los cimerios. En otras fuentes he encontrado a los maságetas listados entre las tribus escitas. En la descripción de Herodoto, también distingue entre “escitas” y otras tribus que hablaban y vestían como los escitas. Lo que no sé es por qué las diferencia, entonces. Por las máscaras funerarias se sabe que su aspecto no debía diferir mucho del europeo medio.
Los escitas eran grandes jinetes, y en la guerra, eran temibles arqueros a caballo. El arco escita, más bien pequeño para poder ser utilizado cómodamente a caballo, compuesto de madera, hueso y tendones de animales, recurvo, era un arma formidable. Los jinetes, además, portaban un característico carcaj llamado “gorytos”, que contenía tanto las flechas como el pequeño pero potente arco. Además, los nobles escitas formaban una élite de caballería, con mejores armaduras y ciertas piezas precursoras de futuras bardas de caballería. Se equipaban con lanzas, jabalinas, hachas “sagaris” (que fue adoptada por muchos persas y luego por los macedonios) y escudos, y con el tiempo fueron desarrollando tácticas de choque, aunque nunca abandonaron los arcos como arma. La armadura típica escita consistía en un corselete de cuero con piezas de 
hierro para los arqueros a caballo. Además, los escitas desarrollaron las primeras cotas de escamas de hierro o bronce cosidas solapadamente sobre los corseletes de cuero. Como yelmos, tenían tanto yelmos de láminas de bronce como sus tradicionales gorros de fieltro picudos (gorros frigios, similares a los de los tracios, por ejemplo), reforzados con escamas metálicas. También solían adornarse con abundante orfebrería, tanto ellos como sus monturas.
Las espadas escitas medían unos 70 cm. de largo en total, y fueron evolucionando con el tiempo: de una hoja recta de dos filos se fue cambiando a una hoja en forma de triángulo isósceles, de un solo filo. Las empuñaduras y las hojas estaban profusamente decoradas. Algunas eran auténticas obras de arte.
Posteriormente, algunas tribus escitas se asentaron y se volvieron agricultores alrededor del Mar Negro. Estas tribus redujeron su caballería y comenzaron a aportar infantería competente, básicamente arqueros y tropas auxiliares.
Jinete con hacha sagaris. Mcbride para Osprey
La cultura escita estaba muy ligada a la guerra. Aunque rendían culto a “Zeus” y “Hera” (sus equivalentes escitas, quiero decir), su culto principal era al dios de la Guerra. Por la llanura erigían terribles y misteriosos altares: amontonaban matorrales secos haciendo una tosca plataforma elevada de planta cuadrada de varias decenas de metros de lado, y en su centro, clavaban una espada. Cuando cogían prisioneros, uno de cada cien era degollado y su sangre se vertía a la espada, y luego se le despedazaba y se arrojaban sus miembros por ahí.
Cuando un escita mataba a su primer enemigo, debía beber su sangre. Como trofeos tomaban cabelleras y caras de sus enemigos. Herodoto describe con detalle los cortes que practicaba los escitas en la piel detrás de las orejas para sacar el pellejo de la cara de una sola pieza. Luego, estos sangrientos trofeos los colgaban de sus sillas. Las miniaturas de Chariot (Magíster Millitum) tienen dos pequeños trofeos de estos acertadamente representados. Los cráneos de sus enemigos muertos eran vaciados, y una vez retirada la “tapa”, servían de macabras copas para el vino.
Cultivaban cáñamo (cannabis) para hacer sus ropas, que, según Herodoto, no se diferenciaba apenas del lino. Además, con sus semillas, quemadas en saunas, se daban baños de humo que, según el autor de Halicarnaso, “les hacía proferir exclamaciones de placer”. No se lavaban de otra manera. Y para vestir, teñían sus ropas y portaban abalorios. Sus escudos se decoraban con estilizados motivos de ciervos y otros animales de las llanuras.
Cuando un rey escita moría, era vaciado y rellenado de incienso y especias, y embalsamado de esta guisa, se hacía una gran fosa y se le enterraba con sus armas y luego se tapaban, haciendo montículos de barro. Además, hasta cincuenta de sus sirvientes eran estrangulados junto a sus caballos. Luego se vaciaban sus tripas y se rellenaban con paja, y se les empalaba a soportes, de manera que quedaban como “guardianes” de ultratumba alrededor del túmulo de su rey.
Las mujeres solían luchar junto a los hombres, y no era infrecuente que hubiera reinas guerreras entre los escitas ( Ciro el Grande fue derrotado y muerto por la reina de los maságetas). En un sistema táctico que no dependía de la fuerza física propia, sino más bien de la maestría como jinetes, todos los miembros de las tribus, acostumbrados a disparar el arco desde pequeños, eran útiles.
El caso es que los cimerios ocupaban las praderas situadas al norte del Mar Negro. También era un pueblo organizado en tribus, de economía ganadera, y eran grandes jinetes. No he encontrado mucha más información sobre ellos, pero Herodoto sí dice que en su época, podían verse murallas cimerias en las tierras de los escitas, lo que parece indicar que tenían algunos asentamientos estables.
Nobles. Ilustración de Mcbride para Osprey
Pues bien, en el siglo VII a.d.C. los escitas eran empujados hacia el oeste, y los cimerios decidieron poner tierra de por medio, y se largaron hacia el oeste de Asia, conquistando Urartu. Los escitas, en su persecución erraron el camino y penetraron en Media, por entonces gobernada por Ciaxares, abuelo del futuro Ciro el Grande, el Aqueménida. Los escitas vencieron a todos los ejércitos que marcharon contra ellos. Dominando la política de Media, marcharon junto a sus ejércitos contra los asirios, destruyendo su civilización, y llegaron a saquear Nínive. Luego siguieron hacia Egipto, y sólo tras arduas negociaciones y un enorme tributo, el faraón Samético I los convenció para que dieran media vuelta.
Durante veintiocho años, Oriente fue un caos. Los escitas impusieron tributos, pero luego no dudaban en saquear a los mismos tributarios. Iban y venían a su antojo y finalmente, Ciaxares tuvo que recurrir a una trampa mortal durante un banquete para eliminar de un golpe de mano a los principales dirigentes. Los escitas se marcharon de nuevo a la misteriosa estepa, y esto dio pie al principio del dominio medo. Herodoto cuenta que cuando los escitas regresaron sus casas, sus mujeres habían tenido hijos con los esclavos, y éstos mostraron resistencia mientras los escitas los atacaron con armas. Pero entonces, uno de los nobles decidió tratarlos como lo que eran, esclavos, y, desmontando, cogió el látigo y caminó decididamente hacia ellos, y éstos huyeron o se arrodillaron pidiendo clemencia. Luego, las tribus desaparecieron en la llanura.
Trofeos. Mcbride para Osprey

Tres generaciones más tarde, Darío I, una vez expandido el imperio persa por Asia, planeó la invasión del país de los escitas entrando desde Europa, lo que exigía cruzar el Danubio. Los jonios hicieron un puente de barcos para Darío, y el ejército persa entró en las llanuras. Los reyes escitas sabían que no podrían vencerles, así que se unieron y se dedicaron a hacer marchar a Darío tras ellos, siempre a un día de viaje por delante, hacia el interior de la estepa. Atrajeron a Darío hasta territorio de tribus reticentes a aliarse con los escitas, para forzarles a que lo hicieran, y todo funcionó.
Tras varios meses, los escitas por fin formaron para la batalla frente al cansado y desmoralizado ejército de Darío. Entonces, dice Herodoto que apareció una liebre y algunos jinetes escitas desmontaron para correr despreocupadamente como niños tras la liebre. Darío se convenció de que no se podía vencer a gente así, de modo que dio la vuelta. Los escitas, como conocían mejor su territorio, se adelantaron hasta el puente sobre el Danubio, e intentaron convencer a los jonios para que se largaran. Éstos fingieron hacerles caso y se escondieron en la orilla sur. Cuando Darío llegó con sus famélicas tropas al río, se le cayó el alma a los pies, pero entonces, un griego de potente voz les gritó desde la otra orilla, y los persas respondieron. Esto era una verdadera proeza, porque por la zona donde cruzaron, el Danubio tiene varios kilómetros de ancho. (Si no habéis visto del Danubio no podréis entender lo que es un WW. Eso sí que es un río).
Muchos escitas entraron en contacto con los griegos, y sirvieron de mercenarios. En la lista de hoplitas tempranos atenienses hay una opción de 4Bw que representan los arqueros mercenarios de Pisístrato, tirano de Atenas, por ejemplo.

De lo poco que quedó de Zopirion. Fuente, Wikipedia
Después de la campaña persa, pareció que los escitas se agitaban como si hubieran movido un avispero. Se envalentonaron y comenzaron una larga serie de ataques y pequeñas invasiones sobre Tracia a lo largo de los dos siglos siguientes, llegando hasta el Quersoneso. Tras las guerras médicas, se aliaron con el rey espartano Cleómenes para invadir el imperio persa, aunque sus planes no llegaron a fructificar. Y a mediados del siglo IV a.d.C., cuando Macedonia comenzaba a surgir con fuerza bajo el mando de Filipo II, el interés sobre Tracia hizo que Macedonia y los escitas se enfrentaran en una gran batalla, dirigidos por un legendario rey de las llanuras: Ateas, el de larga vida. Murió con noventa años luchando al frente de sus jinetes, vencido por los macedonios. Esto comenzó una lenta decadencia de los escitas, aunque sólo nueve años más tarde, Zopirión, de Alejandro Magno en Tracia, envió una expedición de 30.000 soldados contra una colonia griega en el Mar Negro, Olbia. Estos pidieron ayuda a los escitas, y tras resistir el asedio y obligar a los macedonios a retirarse, los escitas no desaprovecharon la oportunidad de "renovar la vajilla", y ninguno de los macedonios regreso jamás de las llanuras.Intentaron no obstante, mantener cierta influencia en la zona del Bósforo, llegando incluso a participar en guerras civiles de dichos reinos entre los herederos.
Aún el joven Alejandro tendría que enfrentarse una vez más contra los Saka, pero en el extremo asiático de la llanura. Tras su conquista de Bactriana y su avance hacia la India, los sakas se rebelaron en la Transoxiana, y esto le obligó a retroceder para pacificarlos.  Esta es una de las batallas más desconocidas de Alejandro, pero el encuentro en el río Jaxartes fue una de las maniobras anfibias más brillantes jamás ejecutadas. Los saka, situados al otro lado del río Jaxartes, parecían impedir con sus arcos el cruce del río. Pero Alejandro ordenó la construcción de unas balsas, equipadas con las ballistas en la proa, capaces de lanzar balas de piedra a gran velocidad. Cuando las balsas se lanzaron al agua, uno de esos proyectiles acabó con uno de los nobles rebeldes, lo que causó gran desconcierto entre los escitas. Cuando llegaron las balsas, de ellas descendieron los arqueros, que formaron un perímetro defensivo que permitió a la caballería y resto de tropas macedónicas desembarcar. Los saka fueron derrotados, y la región pacificada definitivamente.
Cruce del Jaxartes. Tomado de Historykid

Después, aparecieron los sármatas, que vinieron del este, y paulatinamente fueron ganando terreno a los escitas. Éstos se fueron debilitando y desapareciendo en las llanuras ante la presión sármata

Los escitas en los wargames históricos
La lista de DBA que representa a los escitas es la I/43. La misma lista nos sirve para muchos grupos tribales emparentados: cimerios, Hu, getas, maságetas,etc. Como era de esperar, su agresividad es altísima, con un valor de 4.
Las listas se componen básicamente de arqueros a caballo, es decir, LH. Los generales son los nobles, y, como decíamos poseen más equipo para el combate cercano, por lo que son Cv en la primera variante, y Kn en el último periodo escita, el tardío. Además, siempre hay opciones para meter hasta tres peanas de infantería, representando éstas a los escitas asentados en las tierras fértiles del mar Negro, que aprendieron a luchara pie: se trata de 2 peanas de psilois (arqueros a pie) y una peana bien de Aux o bien de Hd.
Casi todas las marcas tienen arqueros escitas a caballo dentro de la gama helenística, persa o macedonia. Magíster Millitum tiene buenos arqueros. Essex tiene la gama completa de escitas (infantería y caballería) dentro de la gama de macedonios. Xyston tiene también miniaturas para toda la gama con más o menos ajuste: Skytian horse archer para las Lh. Persian colonist cavalry para las Cv o Kn de los generales, aunque están preparando minis de nobles maságetas, que nos también nos valdrán perfectamente. Para los psilois podemos usar los Elymaian archers, y para Aux o bien Hd, podemos usar las Persian levies in eastern dress, con escudos “peltas” y lanzas, por ejemplo.
Escitas, de Miniatures Page


A campo abierto son un ejército terrible. Aunque la Lh no tiene factores elevados en el combate, sí ganan de mano en el apartado táctico. Extremadamente rápido, el ejército escita debe aprovechar su movilidad para aislar partes duras del ejército enemigo y eliminar mientras a las más débiles, o bien asaltar campamentos, o rodear por la espalda, etc. En terreno difícil pueden tener dificultades, pero tienen la opción de meter psilois y Aux, si se prevé terreno difícil.

En Field of Glory, la lista está en el libro "Immortal Fire". Se basa en muchos BG de LH con arco/espada, y algunos BG de nobles Irr, armoured. Bow, aunque en el periodo tardí adquieren la capacidad de "lanceros", sin arco, y en el periodo tardío, directamente se convierten en catafractos. También tiene la opción de infantería, con MF Light Spear y arqueros.

En AdlG, son la lista 76. Creo que la han penalizado mucho con mando 2 únicamente. Se compone de 4 peanas de nobles (pesada con arco, pesada impacto o Catafractos, según la época), y la base de arqueros a caballo. LUego se pueden meter algunos arqueros, MF o bien LF. Tiene una curiosa opción para sakas en el 129 a.d.C., en la que se pueden meter un par de peanas de piqueros capturados.
Túmulo funerario, tomado de la estupenda página Arre-Caballo

viernes, 5 de octubre de 2018

Familia y honor en la antigua Escandinavia


Familia y honor en la antigua Escandinavia

La estructura social del nórdico antiguo estaba vinculada a la familia o tribu. Como elemento nuclear importantísimo, único módulo jurídico y político, fundamentó las leyes, costumbres, usos y la vida misma. A pesar del profundo concepto de individualidad nórdico, la persona no podía entenderse aislada, fuera de la pertenencia a un grupo familiar. Varias familias vivían y trabajan en la misma hacienda, compartían la sala, los quehaceres, la fortuna y las desgracias. Esta familia extendida consistía en el cabeza de familia y su esposa, sus hijos, los familiares consanguíneos y políticos, los granjeros o jornaleros que trabajan en la hacienda, los sirvientes y sus familias, además de los esclavos. Una hacienda típica podía haber consistido en un grupo de diez a veinte personas, sin excluir la existencia de granjas pobres mucho menores, una pareja de esposos, por ejemplo, o grandes y prósperas haciendas de decenas de personas.


Granja tipo escandinava. Fuente: www.newingtonnswn.edu.au
Los estratos en los que se dividía la sociedad: libres y no libres, ricos y pobres, hombres y mujeres. Todos estaban reflejados en la organización de la hacienda. Las duras condiciones de vida, el rigor climático, las enfermedades y plagas, así como la violencia del periodo condicionaron la esperanza de vida (unos veinte años) con una mortandad infantil del cincuenta por ciento. Según estimaciones arqueológicas, se trató de una población muy joven. La mitad eran niños menores de quince años. Un quince por ciento tenía más de cincuenta años. Tan solo un dos por ciento vivía más allá de los sesenta.

Grupo familiar. Fuente: www.hurttin.com
En el período vikingo, el honor, la familia y el linaje eran de crucial importancia. La sociedad estaba unida por una serie de tradiciones y normas, cuyo incumplimiento suponía la pérdida del honor y de la aprobación de la sociedad. El concepto de honor, muy diferente al de otros lugares o periodos, resultó de gran importancia como constructor social. En una comunidad como la antiguo-nórdica, que no contaba con un gobierno centralizado, una policía, un órgano ejecutor, en definitiva, la propia seguridad personal y de bienes recaía en el individuo, en su familia, aliados y amigos. La buena consideración social, vinculada de manera imprescindible a la reputación y al honor como una medida de la credibilidad social, era necesaria para asegurarse los apoyos imprescindibles para la propia supervivencia. Sin un sistema escrito, donde todo contrato o pacto era verbal, el cumplimiento de la palabra dada se convirtió en un requisito importante. Toda interacción social estuvo condicionada por la percepción social del honor.

El honor personal se logró a través de atributos particulares, como el coraje, la astucia, la generosidad y el compañerismo, pero trascendió al individuo, ya que alcanzaba y construía la reputación familiar. Los actos personales influían en su honor y en el de su familia. Se trataba de una herencia recibida de los ancestros y un presente para los sucesores, por lo que deseaban preservarlo y enriquecerlo en lo posible con las propias acciones. Se le otorgó, además, gran importancia a la reputación dejada tras la muerte, considerada como la más importante dote; una garantía de pervivencia. El honor trasciende a la persona y a su propia vida. Fama y reputación son todo lo que perdura tras el fallecimiento.
Rito familiar. Fuente: www.historyweddingblogspot.com

Por todo ello, se desarrolló un celo casi excesivo y puntilloso en la observancia de la propia dignidad y se esperó que cualquier merma del honor, independientemente de su magnitud, se corrigiera a toda costa. El deshonor, entendido como el quebranto del estado de dignidad personal, ocurre cuando un individuo sufre algún tipo de injuria sin la exacta retribución o compensación, y daña, por extensión, la honra familiar, la dignidad heredada de los antepasados y el propio legado. En una sociedad tan hipersensible con el asunto, toma muchas formas: ataque físico, sobre todo si implica derramamiento de sangre, robo, daño a la propiedad, reparto no equitativo de ganancias o recursos, trato injusto en los negocios, insultos, calumnias, comentarios licenciosos, faltas de respeto de diverso tipo y, en general, casi cualquier cosa que el ofendido considere impropio del trato que cree merecer.

La ley trata de regular estas situaciones y recoge extremos que resultan llamativos, como sancionar el ensuciar la ropa de otro, o exigir un duelo, o el asesinato del injuriador por determinados insultos verbales, so pena de severos castigos al consentidor. En el caso de ciertas injurias, era aceptable una compensación económica acorde al daño. Otras permitían o exigían un duelo. En algunas situaciones no solo la costumbre, también la ley permitía una venganza violenta. Lejos de resultar un despropósito, este delicado y complejo sistema de observancia del honor y gestión del deshonor, desarrollado por la ley y la costumbre, tuvo pleno sentido en su contexto y reguló de manera bastante efectiva los conflictos sociales en su circunstancia geográfico-temporal.
Duelo judicial. Fuente: www.ancientpages.com
La venganza no era un castigo contra la persona que infligió el daño. Se trataba de una reparación del honor, personal y familiar, de la persona agraviada. No resarcía un daño, restauraba un estado alterado, como explicamos más arriba, por lo que no era de necesaria ejecución sobre el ofensor, ni implicaba proporcionalidad en la respuesta. Así pues, una desavenencia por lindes de pasto podía saldarse con la «confiscación» de unas cuantas vacas. Esta apropiación tenía como respuesta de la otra parte el asesinato de un siervo, acto retribuido con el asesinato de un familiar lejano que nada tenía que ver con el conflicto, para desembocar en una escalada de violencia (asesinatos, quema de granjas) que cada vez implicaba a más miembros de la comunidad.

Como una venganza de estas características tiende por su propia naturaleza a intensificarse continuamente, involucrando a más y más personas en sus lazos de odio y derramamiento de sangre, es beneficioso para la sociedad misma desarrollar mecanismos limitantes para proteger no solo a sus miembros y familias individuales, sino también a la sociedad como un todo. La costumbre, la conservación continuista del poder en torno a linajes tradicionales que podían moderar con su influencia el conflicto, las leyes, el impulso legislativo y ordenador de los régulos y reyes, la construcción de una moral contraria al exceso vengativo y la posterior influencia de la Iglesia, trabajó para canalizar y contener las situaciones desmedidas.

Muestra la literatura, no siempre exenta de intención moralizadora, política e incluso doctrinal cristiana, un gusto enorme por estos asuntos de honor y venganza, siendo fundamento de la gran mayoría de las sagas históricas.


Krake

lunes, 1 de octubre de 2018

Histórica nº3

Saludos. Presentamos el nuevo número de nuestra revista mensual. Continuamos esta travesía por la procelosa mar de la Historia narrada en blogs por tan excelentes hobbits, porque este es el relato de nosotros, los autores, para que con el tiempo estos hechos no caigan en el olvido, ni las grandes hazañas, unas por helenos, otras por bárbaros realizadas queden no celebradas. Pues Darío y Parisátide tuvieron dos hijos, y la Diosa canta la cólera del Pélida Aquiles. Sin mencionar que a los autores de historias universales, es justo que les atribuyan grandes reconocimientos todos los hombres.  Por eso, justo por eso, preparamos esta revista.

Histórica, nº 3


viernes, 28 de septiembre de 2018

Vestfold, el corazón de Noruega


 

PRESENTACIÓN

Se han descrito con largueza los hechos y avatares de los llamados vikingos, sus ataques fulminantes, sus excesos depredadores, sus incursiones de rapiña sobre el resto de los pueblos europeos, siempre mencionando los episodios más coloristas, violentos y casi grotescos. Así fueron percibidos por aquellos que soportaron estas ofensivas, eclesiásticos ingleses y francos principalmente; y, dado que fueron ellos, las víctimas, los autores de las crónicas coetáneas, así lo reflejaron. En la realidad, no resultó este pueblo antiguo-nórdico más violento, más dañino, más pagano que aquellos otros con los que compartió tiempo, y fueron numerosos y notorios sus logros. Le tocó, no obstante, asumir su papel en el imaginario de la historia, construido, magnificado por sus contemporáneos y reelaborado con exceso, romanticismo y casi desvergüenza a través del tiempo, hasta alcanzar la clara posición icónica de la que ha gozado en el último siglo.

Un efecto negativo de ello, junto con el enfoque centrado en su propio territorio de los historiadores ingleses, franceses y rusos, es que mayoritariamente se ha trasmitido la Historia extra-escandinava de este pueblo. Resultan de común conocimiento hechos como el ataque a los monasterios ingleses, la organización del estado de los Rus, la existencia de la guardia de varegos en Constantinopla, el asedio de Paris, la formación de Normandía, la fundación de Dublín… Pero ¡qué poco conocemos de sus propios lugares, de su vida, de su cultura e idiosincrasia como pueblo! De sus asuntos, en definitiva. A través de una serie de breves artículos trataré de bosquejar algo de sus temas menos mencionados.

Krake
 

 
VESTFOLD, EL CORAZÓN DE NORUEGA
 
Resulta anacrónico hablar de Suecia, Dinamarca o Noruega en momento tan temprano como el siglo ix, pues no existían como tales, más allá de un compuesto de pueblos que comenzaban a estructurar centros de poder y estamentos suprarregionales.

Noruega (usaremos este nombre como convención geográfica y no política) se encontraba en un estado formativo primario respecto a sus vecinas escandinavas, que ya contaban con realezas, si no estables, sí con carácter centralizador y cierto desarrollo urbano. La escarpada topografía de Noruega y su clima resultaron ser un obstáculo para las comunicaciones internas y el control del territorio, y favorecieron los localismos. Pese a sentirse parte de un mismo acervo cultural y formar un mismo pueblo junto con el resto de los escandinavos, en la organización territorial y política existía una gran disgregación. Casi cada valle tenía un rey o reyezuelo que ejercía su influencia sobre una parcela de terreno y un grupo de población reducido.

Dos regiones resultaron favorables, por sus condiciones orográfico-climáticas, para el desarrollo de centros de poder regional: Trøndelag, en la costa noroeste, y Viken, alrededor del fiordo de Oslo, en la costa sur. Durante la llamada época vikinga (789-1100 d. C.), Viken estaba compuesta ( por los reinos de Vestfold, Østfold, Ranrike, Vingulmark, Grenland y Båhuslen. Pese a ser dominios sometidos a la autoridad de sus propios reyes-caudillo, todas estas zonas estuvieron bajo una fuerte, aunque fluctuante, influencia danesa.
Vestfold durante la Era Vikinga

Centrándonos en Vestfold, encontramos que las fuentes literarias ya lo mencionan en el 813 d. C. a través de los anales francos que narran los intentos del rey danés Harald Klak Halfdansson (785-852 d. C.) por someter la zona, aunque es la Heimskringla la mayor referencia. Esta magna obra, escrita en el siglo xiii por el islandés Snorri Strulusson, recoge unos cuatrocientos años del devenir histórico, de la vida y hechos, a veces legendarios, de los reyes de Noruega. En sus páginas da cuenta del nacimiento del reino bajo el primer impulso centralizador de Halfdan el Negro, culminando con la pretendida unificación territorial, de poder y legislativa de su hijo Harald Hermosa Cabellera. El intento literario de construcción nacional puede resultar discutible, aunque la tradición otorga a este Harald I el título de primer rey de los noruegos.
 
Harald Hermosa Cabellera, ilustración del S.XIV del Flateyjarbók.
 Si la historia de Noruega es la de sus reyes (sin obviar la influencia de los poderosos caudillos de Trøndelag, los jarls de Lade), el corazón de Noruega fue Vestfold. Al norte del reino encontramos el importante complejo de tumbas de Borre, la mayor agrupación de túmulos funerarios de Escandinavia. Actualmente se conservan siete grandes túmulos, de más de cuarenta y cinco metros de diámetro y hasta seis de altura, y veinticinco de menor tamaño, aunque el cementerio fue mayor en origen. Los montículos más antiguos datan del año 600 d. C., antes de la era vikinga. Este complejo funerario de carácter real puede verse como evidencia de que hubo un centro de poder local desde el período merovingio hasta la era vikinga.
 
 
Linaje de los reyes de Vestfold según la Heimskringla, de Snorri Sturluson

Al sur, a cinco kilómetros de la actual Larvik, hallamos un asentamiento, Kaupang, que en protonoruego significa «lugar de comercio». Existieron más kaupang en Escandinavia, siendo este (en la zona de Skiringssal) el más representativo. El complejo urbano que nos ocupa fue un lugar de mercado y centro de poder, fundado en el siglo viii bajo impulso danés, aunque sometido a magnates de la zona. Como hemos mencionado, Vestfold, durante la época merovingia, estaba bajo la supremacía danesa a través de las alianzas establecidas entre los líderes locales con los más poderosos y centralizados reyes daneses. Al igual que otras ciudades escandinavas, no tuvo una existencia dilatada y perdió influencia hasta desaparecer en torno al 950 d. C., tal vez por avatares del devenir de la política real danesa. Pudo albergar una población de unas cuatrocientas a seiscientas personas, probablemente de manera permanente y no estacional, y concentraba gran parte del comercio de las rutas occidentales noruegas. Es considerada la primera ciudad noruega.


Propuesta de recreación del sitio de Kaupang, durante la Era Vikinga. Fuente de imagen: www.theslayerrune.blogspot
 

Asociados a esta localidad comercial de Kaupang se han encontrado, no muy lejos, en la actual Huseby, los restos de una gran sala de treintaitrés por diez metros, levantados sobre una meseta artificial, de hechura similar a los grandes salones reales hallados en Upsala. Se ha querido ver en ellos a los restos del Skiringssal, los «salones dorados», o «salas de Frey», mencionados en la literatura y vinculados con la estirpe real semilegendaria de los Ynglingos. Hablar de los Ynglingos supone ir desde el Beowulf hasta Harald Hermosa Cabellera. Según fuentes literarias, Halvdan Kvitbein, del linaje de los reyes suecos de Upsala (y abuelo del rey Halfdan el Negro) erigió el gran salón alrededor del año 700 d. C. como símbolo de poder después de conquistar la zona tras su expulsión de Suecia. Este gran salón implicaba un centro de poder real, vinculado a la cercana ciudad-mercado de Kaupang y al lugar de asamblea de Þjóðalyng.

El Þjóðalyng, una de las asambleas legislativas-sociales-religiosas propias de la sociedad nórdica, se celebraba en un lugar importante desde antiguo (próximo al «monte sagrado» Helgefjell, y al lago «hogar de las dises» Vítrir). Existen allí enterramientos, pozos sacrificiales y vestigios de símbolos líticos de antes de la Edad de Hierro nórdica, lo que evidencia la larga tradición del lugar como centro sociopolítico regional.


Entorno geografico de Kaupang y lugares destacados durante la Era Vikinga.



 

martes, 18 de septiembre de 2018

La dinastía búyida III. El ocaso

Malik ar-Rahlm, el último príncipe
Búyida

Saludos. En el artículo anterior nos quedamos en el fallecimiento de Adud-ad-Daula, con el que el imperio de los Búyidas alcanzó el cénit de su esplendor. En este artículo trataremos del ocaso de esta dinastía, pues sólo nos quedan tres generaciones de príncipes dailami antes de que su estrella se apagara para siempre.
                La sucesión de Adud no fue sencilla. Su hijo Samsam ad-Daula, que gobernaba en Fars, estaba en Bagdad en ese momento. Su hermano Sharaf ad-DAula gobernaba Kirman. Mu´ayd, hermano de Adud, gobernaba en Rei. Samsam ocultó la muerte de su padre y distintas cartas con sus ello fueron enviadas, con el nombramiento de Samsam como “Emir Mayor”. Pero Sharaf tenía sus apoyos en Bagdad. En secreto se le envió una carta informándole de la muerte de Adud. Reunió entonces a sus tropas y en cuanto estuvo listo, invadió Fars desde Kirman, cortando así el acceso a Samsam a su fuente principal de recursos. Este se mantuvo en Iraq, pero en los meses siguientes tuvo muchas dificultades con sus mercenarios turcos y dailami, y su debilidad fue aprovechada por Badr, el príncipe kurdo, que tomó la provincia de Diyabakr y obligó a Samsam a reconocer su legitimidad en dicho territorio.
                Mientras, el viejo tío Mu´ayd agonizaba. Su visir, llamado Sahib bin Abbas, que también sirvió a Rukn ad-DAula y el propio Adud ad-Daula, y que fue el verdadero ideólogo del imperio, hizo llamar entonces al hermano rebelde de Adud, Fakhr ad-Daula, que se había refugiado primero junto a Quabus, príncipe de los Ziyáridas en Tabaristán, y que ante el ataque de Adud, ambos habían huido a Bukhara, hogar de la casa Samánida. Sahib llamó a Fakhr, y este se apresuró a retornar. La decisión del visir respondía a la preferencia de los guerreros dailami, que eran la verdadera base de su poder. Y Fakhr, aconsejado por Sahib, no dejó que Quabus regresara, sino que se apropiaron de sus dominios en Tabaristán, que no eran nada despreciable, a pesar de haber ayudado a Fakhr cuando lo necesitó y haber soportado el destierro junto a él.
                Pero Adud tenía dos hijos más jóvenes que también querían una oportunidad. Se llamaban Taj ad-Daula y Diya ad-DAula, que marcharon a Khuzistán cuando Sharaf invadió Fars. Khuzistán era la provincia entre Irán e Iraq, punto de paso obligado. Allí se proclamaron “reyes”.
De modo que ya no había tres aspirantes, sino cinco. Esta situación tan caótica fue el resultado de una condición endémica de esta dinastía: la falta de una política establecida de sucesión. Cuando a la muerte de un Emir Mayor no había un sucesor fuerte y que todos respetaran o temieran, los emires o príncipes se lanzaban unos contra otros hasta que la situación se equilibraba de nuevo tras muchos y duros combates y otras acciones escasamente diplomáticas. Pero tras la muerte de Adud, ningún aspirante tenía una posición clara. Ninguno era lo suficientemente poderoso como para recibir la aceptación sin lucha de ninguno de los demás.
Samsam pasaba grandes apuros en Bagdad. Aunque convenció al gobernador de Omán para que hiciera defección del emirato de Fars (entre otros argumentos, Samsam custodiaba al hijo del gobernador, que estaba estudiando en Bagdad), su hermano Sharaf no dudó en enviar  a uno de sus mejores generales y en una gran batalla recuperó la región. Poco después, Samsam tuvo noticias de los Qarmasíes: habían invadido Iraq desde Arabia. Los Qarmasíes eran una feroz tribu árabe, de confesión chií, que habitaban la costa este de Arabia y sus islas en el Golfo Pérsico. Habían sometido al resto de la península a un régimen de terror y depredación que les hace merecedores de un artículo separado en el futuro. Baste decir que tenían un visir permanente en Bagdad, con acceso directo al emir mayor de los Búyidas. Pues los Qarmasíes, viendo la debilidad de Samsam, entraron en Iraq y tomaron Kufa. La ciudad pudo ser recuperada, pero los turcos se rebelaron de nuevo en Bagdad y proclamaron al joven hijo de Sharaf como Emir.  Hasta el califa les apoyó, pues prefería a un joven poco hábil al propio Samsam. Y en verdad estuvo a punto de perderlo todo. Cuando aquella noche fue a  ver al Califa, se encontró que este le daba con la puerta en las narices. Ahí fue cuando se sintió perdido de verdad pero Samsam se apoyó en uno de los generales turcos que traicionó la revuelta y en un ataque por sorpresa puso en fuga a los rebeldes. Y, ¿sabéis qué? El propio Califa le otorgó de nuevo vestidos y honores y le felicitó por el control de la rebelión. Porque así de complejo era ese mundo.
Todos los nombramientos venían acompañados de las vestiduras honoríficas.

Al final Samsam tuvo que rendirse a Sharaf. En una de sus subsecuentes crisis, Sharaf avanzó desde Fars y Samsam decidió entregarse en contra de la opinión de sus visires cuando acampó a las puertas de Bagdad. Sharaf le encerró en una tienda de campaña y fue allí, tal y como dice la crónica, tumbadobo sobre dos cojines, con la cabeza colgando por uno de ellos y mirando la tela, lo único que impedía que los soldados de Sharaf, a los que se habían unido los mercenarios no pagados por Samsam, entraran a matarlo, cuando lamentó haberse entregado sin lucha. Así fue como Sharaf unificó los dos emiratos, tras enviar a Samsam a Fars. Sin embargo, al año siguiente Sharaf comenzó una campaña contra los kurdos que no pudo terminar, pues entró en ese selecto club lleno de jóvenes talentosos y malogrados que murieron con la misma edad: Jim Morrison, Kurt Cobain, Janis Joplin y Sharaf ad-daula. La crónica de la época dice que cuando estaba en su lecho de muerte, se dejó convencer por fin de que era necesario matar a Samsam. Bien, Sharaf no permitió que lo mataran, pero sí ordenó que lo cegaran, cosa que solo lograron parcialmente.
Cuando Sharaf murió, el tercer hijo de Adud-ad-Daula, que recibió el título de Baha ad-Daula, tomó el poder en Iraq. Mientras, Samsam escapó y tomó el control de Fars, y Fakhr intentó entrar desde Rei. Pero este último movimiento sólo hizo que Baha y Samsam se aliaran contra su tío y lo rechazaran. Desde este momento, Baha y Samsam se toleraron y decidieron que ambos podían llamarse “reyes” en lugar de “emires”. Fue una decisión quizás infantil, pero lo que mostró es que el imperio unificado de los Búyidas era cosa del pasado y ya no habría poder para volver a unirlo.
En cuanto al emirato de Rei y Fakhr ad-Daula, este estaba concentrado en recuperar esa unidad. El visir Sahib convenció a Fakhr de que en lugar de centrarse en Iraq, debería volver la vista al este y conquistar Khurasán. Pero por aquellos días, los Samánidas, en horas bajas, como vimos en su artículo, habían cedido el control a los Gaznávidas, y Mahud era un hueso demasiado duro de roer. Entre el 984 y el 988, los Búyidas se desgastaron y se estrellaron contra los elefantes turcos. Y para colmo de males, Sahib falleció, por lo que el emirato de Rei perdió el último sostén del imperio que una vez tuvieran los dailami.
El poder también se hallaba en el harem y en las dependencias
de las Reinas Madres

En fars, Samsam se vio agobiado en este periodo por el avance de los Safáridas desde Kirman (ver Dinastías Jorasaníes I), donde habían sobrevivido como vasallos durante el dominio Samánida y el Búyida, y en ese momento se veían con fuerza suficiente para lanzarse sobre Fars. De modo que Samsam buscó apoyo en Fakhr, y terminó por reconocerlo como “Emir Mayor”, pero le serviría de poco, porque el viejo dailami falleció dejando dos hijos demasiado jóvenes para gobernar: Majd y Shams ad-Daula. Y una viuda, una mujer con arrestos y carácter, y que tomó las riendas de la regencia con mano de hierro. La Reina Madre, la “Saída”, es decir, la “Señora”.
Esto no debe sorprendernos, aunque en las crónicas se evita mencionar los logros políticos de las mujeres de la casa Búyida (o de cualquier otra casa, en realidad), esos mismos textos dejan indicios inequívocos de la importancia de las Reinas Madres y Reinas Consortes en este periodo. En la “Continuación a la experiencia de las naciones”, en un pasaje se cuenta el consejo de un visir al propio Samsam sobre la elección del secretario de su madre. El candidato ya se había hecho también con un cargo importante y controlaba los almacenes del emir, y el visir le previene que si además controla la secretaría de la Reina Madre, se haría demasiado poderoso y terminaría “tutelándolo”. Es de suponer (en mi opinión, tras leer las crónicas), que las mujeres búyidas tuvieran un gran peso en las relaciones entre las casas de los emires. Eran los vínculos entre ellas. La Saída, por ejemplo, cuando tuvo que defender una de sus provincias y no tenía medios, asignó dicho gobierno a una rama kurda de su familia, los Kakuyíes. En otro pasaje, también  se menciona que la madre de Samsam influye fuertemente en el nombramiento de otros visires, y llega a conseguir que Samsam otorgue idénticos poderes a su visir favorito y al candidato de su madre. Imaginad, dos visires con idénticos poderes y rivales políticos. Aquello fue un desastre.
Mientras la Saída tomaba las riendas de Rei, Baha se había fortalecido y estabilizado en Iraq y se vio con fuerzas para invadir Fars. Se alió con los kurdos para ello. Samsam ya no le reconocía y se convirtió en su enemigo. Entonces, la tragedia se consumó, pues uno de los hijos de Izz-ad-daula, un primo de Samsam, escapó de su confinamiento y mató a Samsam, ejecutando una larga venganza por haber desplazado su rama de la línea hereditaria de Iraq. Fars quedó sin líder y cayó rápido, y Baha ad-Daula unificó de nuevo dos emiratos.
                Mientras, el emirato de Rei, gobernado de facto por la Saída, tenía sus propias dificultades. Para empezar, un príncipe ziyárida llamado Qabus, que había ayudado a Fakhr ad-Daula y juntos habían huido a la corte de los Samánidas,  regresó a la muerte de su anterior amigo y tomó Gurgan. Lo hizo por venganza, pues Fakhr, tras regresar a Rei, en lugar de ayudarle a regresar a su trono, le arrebató sus provincias y le pidió a los Samánidas que lo retuvieran lejos. Pues Qabus regresó y tomó la provincia de Gurgan. La Saída organizó un contraataque, pero dice la crónica que a la primera carga de los dailami de Qabus, el ejército del pequeño Majd ad-Daula, dirigido por uno de sus peores visires, se descompuso. Por otro lado, como mencionamos antes, puso la Saída puso a los Kakuyíes al frente de Isfahan. Pero estos parientes se volvieron díscolos, y en los años que restaban de poder búyida serían un incordio y se aliarían con sus peores enemigos.
Fueron casi veinte años de guerras del emirato contra los Gaznávidas y Ziyáridas, guerras que agotaron los recursos de la anteriormente rica región. Y todo se perdió. Khurasán, Gurgan y Tabaristán y tuvieron que reconocer finalmente a Baha para poder contar con su apoyo, en el año 1010. Parecería que por fin iban a unirse los emiratos, pero en 1012 falleció Baha ad-Daula, cuando de nuevo nada estaba estabilizado, tras haber perdido Iraq casi por completo frente al avance fatimí y de las nuevas dinastías beduínas que le fueron arrebatando el país. Y de nuevo el violento juego de sucesiones comenzó, aunque en esta última generación de príncipes búyidas la partida se jugaría entre los cuatro hijos de Baha. Pongo sus títulos, no sus nombres persas: Sultan, Musharraf, Jalal y Qarwam ad-Daula.
Mahud de los Gaznávidas. Fuente: Epic World History 
Sultán ad-Daula fue reconocido como “Emir Mayor” y heredero de Baha, y recibió sus ropas ceremoniales de califa. Sus hermanos marcharon como emires a los demás principados y reinos, pero la situación no les contentó y pronto comenzaron las disputas. Disputas alentadas además por los Kakuyíes en Isfahan y los Gaznávidas en el este, pues no deseaban un nuevo estado dailami bien estructurado y fuerte, sino que se pelearan entre ellos, y aquellos príncipes búyidas antepusieron sus intereses personales a los de su propia casa, y sentenciaron su imperio. Desde el 1018, Qarwam atacó  desde Kirman al emirato de Fars, antiguo núcleo de Adud ad-Daula, la  tierra que conoció veinte años de paz y prosperidad. En otro momento, el ejército se rebeló a Sultán y le forzó a nombrar como jefe a Musharrif, etc. Las traiciones y maniobras se sucedían, pero ninguno tuvo poder para imponerse sobre los demás, lo que provocó conflictos más largos y profundos que socavaron completamente su poder.  Los cuatro hermanos acordaron incluso llamarse “reyes”, en lugar de “emires”, compartiendo aquellos honores a los que aspiraban. Prostituyéndolos, en realidad, pues ni aun así les satisfizo.
                En 1025, Musharrif y Sultán habían muerto. Poco después les siguió Qarwam, envenenado (las crónicas relatan las escenas en las que dichas muertes son decididas y las órdenes impartidas. Da escalofríos).  Las tropas dailami eligieron a Jalal como nuevo “Emir Mayor”, en perjuicio del hijo de Sultán, Abu Kalijar, que contaba con muchos partidarios. Y mientras estos peleaban, el primer emirato en caer fue Rei. Un torpe y apenas emancipado de su madre Majd ad-Daula tuvo la ocurrencia de pedir ayuda a Mahud de los Gaznávidas para sofocar una revuelta de sus mercenarios dailami. Sus parientes no le ayudaron. Y Mahud estaba muy por encima de Majd. Le arrebató Rei.  Indiferentes al verdadero significado de aquella pérdida, Abu Kalijar y Jalal siguieron disputando hasta que, con la bendición califal, el primero se hizo con el título que tan caro lo había costado.
Entonces la estepa vomitó una nueva oleada de jinetes turcos, los Seljuk. Hablaremos de ellos más adelante, pero baste decir que entre el 1036 y el 1040 destruyeron a los Gaznávidas y tomaron la Transoxiana, Khurasán, Kirman  y parte de Fars. Se convirtieron en una nueva potencia, y todos los enemigos que les quedaban a los Búyidas se volvieron hacia los Seljuk para pedirles ayuda y acabar con la dinastía dailami. Y Togrul Bei, su jefe por aquellos días, había comprendido cómo aprovechar la estructura de poder que habían creado los Búyidas alrededor del califato, y poco a poco, los suplantaron.

                En 1040 murió Jalal y en el 1048, Abu Kaljar. El último príncipe búyida se llamó Malik ar-Rahl. Demasiado joven, demasiado engreído, criado en la corte entre almohadones, Malik nunca llegó a entender que su mundo se venía abajo. No debemos pensar que la corte le dio la espalda. Al contrario. Todo seguiría como siempre: le ofrecerían honores, se postrarían ante él, el Califa le recibiría… Todo ello mientras éste intercambiaba mensajes secretos con los Seljuk y conspiraba, creyéndose lo suficientemente inteligente como para engañar a turcos y dailami.
En el 1053, el califa envió el nombramiento a Togrul Bei como “Segundo Emir Mayor”, sólo por debajo en honores a Malik. Togrul estaba lejos y no parecía querer pisar Bagdad. Esto debió tranquilizar a Malik. Pero el viejo turco era un hombre muy asututo. Tres años tardó en presentarse en la capital, y no lo hizo al frente de un ejército, sino vestido de peregrino y con una escolta reducida, para que su visita no pareciera una amenaza militar. Togrul llegó por sorpresa para todos menos para el califa, claro, que “se vio obligado” a recibirle y darle su hospitalidad, mientras Malik miraba todo aquello sin entender. Aquella tarde, la escolta de Togrul entró en Bagdad y causó grandes destrozos. La población se volvió hacia Malik y le pidió que castigara a aquellos brutos turcos. Entonces Malik lo hizo, pero al día siguiente, Togrul, “ofendido” por la osadía de Malik, lo hizo llamar a su campamento. Malik se presentó con una escolta muy reducida, exigiendo explicaciones a Togrul, mientras este sonreía y sus hombres daban buena cuenta de la escolta de Malik. Para eso había ido a Bagdad. Para detener a Malik y deponerlo. Él, el único con honor y poderes suficientes como para detener a un “Emir Mayor”. Así acabó el poder de los Búyidas, y comenzó el dominio turco del Islam. Pero esa es otra historia, amigos.
Estupendo árbol genealórico realizado por  Carmen Chorda
para su blog "Genealogía Universal de los Pueblos hasta la Edad Moderna"