miércoles, 16 de agosto de 2017

Anábasis. La retirada de los diez mil. Parte I

Saludos. Hoy hablaremos de una de las mayores aventuras de la Antigüedad: la fallida rebelión de Ciro el Joven y la desesperada huida de sus diez mil mercenarios griegos desde el corazón del imperio persa de vuelta hacia Grecia. El mejor relato de estos hechos lo encontramos en la obra de
"J"
Jenofonte, en su “Anábasis”, ya que fue el propio Jenofonte el que tomó el mando del ejército y dirigió el retorno de los soldados. Obviamente, la obra es mucho más grande y rica de lo que puedo resumir en estas páginas, y por ello recomiendo encarecidamente que os la leáis. Seguro que no os arrepentiréis. Hay que decir que Jenofonte es uno de los personajes más fascinantes de su época, y su prosa, además de ser valorada por no pocos  filólogos como "dulce como la miel", constituye en muchos casos relatos de primera mano con altísimo valor histórico. De hecho, Jenofonte continuó la obra de Tucídides justo por el punto por donde este dejó "Guerra del Peloponeso", en sus "Helénicas". Y no solo fue historiador. Fue discípulo de Sócrates y mostró gran interés por todo tipo de conocimiento. Recopiló diversas constituciones y varios estudios sobre el uso y el entrenamiento de la caballería en el ejército  o las finanzas del Estado. Valiente, curioso, brillante... En mi novela "La isla de las sombras. La batalla de Esfacteria", me las arreglé para que hiciera incluso un pequeño cameo, porque para mí, "J", al igual que Tucídides, son como queridísimos miembros de la familia. Bien, comencemos...
La historia comienza con la muerte de Darío II Oco, en el 404 a.d.C. Según Jenofonte, Darío tuvo dos hijos con Parisátide: Artajerjes, el mayor, y Ciro, el pequeño. Artajerjes era el sucesor. Ciro, unos años antes, había sido nombrado por Darío sátrapa de Frigia. Pero Parisátide prefería a Ciro, que desde luego era mucho más capaz e inteligente que su hermano. El caso que el sátrapa de Lidia y Caria, Tisafernes, buscando el favor del nuevo rey, denunció a Ciro como conspirador ante Artajerjes. Parisátide, desesperada, intercedió por él ante su primogénito, defendiendo la inocencia de Ciro. Ya fuera real o no el complot contra Artajerjes, el Gran Rey cometió dos errores: primero detuvo a su hermano y a punto estuvo de ejecutarlo... Pero luego se detuvo, le perdonó y le devolvió el gobierno de su satrapía. Ciro, el epítome del orgullo, el valor y las virtudes iranias, tomó la decisión de no vivir más tiempo bajo el gobierno de su hermano.
Bueno, estamos ahora en Grecia en el año 401 a.d.C. Cuatro años atrás, Esparta, gracias a la ayuda activa de Tisafernes y el propio Ciro, los dos sátrapas de la costa de Asia Menor, había ganado las guerras del Peloponeso, derrotando a Atenas, y extendiendo su dominios por toda la Hélade. Las polis se ven obligadas a recibir a los harmostes o gobernadores espartanos, y a participar en las campañas que ordenara Esparta. Mientras, el joven y astuto Ciro les observaba, y hacía sus planes.
Después de la denuncia ante Artajerjes, las relaciones de Tisafernes y Ciro, cuyas satrapías eran vecinas, eran abiertamente hostiles. Ciro, un gran animal político, había sabido atraerse las simpatías de todos los pueblos sobre los que gobernaba, además de las de las ciudades helenas de la costa jonia, que estaban controladas por Tisafernes. Voluntariamente, Jonia se entregó a Ciro, salvo Mileto. Tisafernes atacó a las ciudades, y esta fue la excusa que tuvo Ciro para comenzar a reunir tropas delante de las mismísimas narices de Artajerjes II. Ya fuera mal aconsejado, o bien deliberadamente cegado por Parisátide, Artajerjes se reía de las guerras entre Ciro y Tisafernes. Como los tributos le seguían llegando enviados por su hermano, creía que mientras ellos dos estuvieran así ocupados, no harían planes para rebelarse contra él. No se extrañó, por lo tanto, cuando Ciro comenzó a reunir tropas de entre los pueblos vecinos, ni cuando comenzó a contratar generales griegos mercenarios, ni tampoco algunas guarniciones. Eran pocas tropas. No representaban un peligro.
Pero Ciro sólo mostraba parte de su juego. Porque al otro lado del mar Egeo, en Grecia, comenzó a cobrarse los favores que había hecho a los espartanos durante las guerras contra Atenas. En secreto, contrató a los mejores generales y les dio dinero para que reunieran un ejército de mercenarios como nunca se había visto. El mejor de ellos era un espartano exiliado, brutal y terriblemente aficionado a la guerra, llamado Clearco. Su llamamiento atrajo a griegos de muchos sitios: arcadios, árgivos, tebanos, aqueos, espartanos, rodios, atenienses... Uno de éstos últimos, con el grado de capitán, era Jenofonte.
A su debido tiempo, Ciro convocó a sus tropas. Todas sus guarniciones, destacamentos y exploradores que tenía dispersos por numerosas plazas se convirtieron de repente en un ejército enorme. Con la nueva excusa de realizar una campaña contra los siempre levantiscos písidas, Ciro, después de tener bastante controlada la satrapía de Tisafernes, penetró en Lidia y se dirigió hacia el interior. Comenzó así la “ascensión” hasta el interior de Asia (en griego, “ascensión” se dice “anábasis”. Se decía entonces “subir a ver al Rey”). Tisafernes, al ver los preparativos de su rival, huyó de su región y se dirigió hacia la corte del Gran Rey, para avisarle de que no creyera a Ciro: el ejército que había organizado se dirigía contra él.
Hay que aclarar que Ciro mantuvo engañado a todos los soldados, salvo a los mandos de su confianza. Ni griegos ni bárbaros estaban dispuestos a atacar por las buenas al Gran Rey en el corazón de su imperio. Todos estaban convencido de la campaña contra Pisidia. Sin embargo, cuando pasaron de largo, comenzaron a sospechar. Jenofonte describe una de las mejores escenas de su obra: los soldados, sintiéndose engañados, lanzan piedras al general Clearco cuando éste pasa cerca de ellos, y lo hacen huir hasta su tienda. Luego, Clearco se presenta con lágrimas en los ojos ante ellos y les dice llorando que confíen en él, que no piensa engañarles: auténtico carácter “mediterráneo”, oiga.
Sin embargo, conforme el camino avanza, todos se van dando cuenta. ¿Cómo consiguió Ciro que su ejército no desertase? La respuesta es sencilla: carisma. Ciro era un gran guerrero y político. Se rodeó de los mejores profesionales, los mejores colaboradores. Los agasajaba, se portaba honradamente con ellos. Cumplía con la palabra que daba. Muchos espías de Artajerjes habían sido “convertidos” por la astucia y el buen hacer de Ciro. Así, cuando llegó el momento de la verdad, Ciro no les ocultó sus planes por más tiempo, les pidió su ayuda y les prometió enormes recompensas. Luego les dio libertad para elegir. Y ellos le creyeron: porque si había alguien capaz de triunfar en aquella aventura tan audaz y peligrosa, era aquel persa. El resultado: griegos y bárbaros de su ejército se peleaban por el honor de cruzar el Eúfrates en primer lugar.
Artajerjes, informado por Tisafernes, no se mantuvo ocioso, y reunió un ejército ENORME. Decidió esperar a su hermano en Cunaxa.
Los temibles carros falcados
Formaron en la llanura. Los mercenarios griegos ocuparon el flanco derecho de Ciro, junto al río Eúfrates. La caballería paflagonia protegía el extremo de la línea. A la izquiera, se puso Arieo, un ayudante de Ciro, con las tropas bárbaras de frigios y misios. En el centro, una veintena de carros falcados y Ciro, con sus seiscientos jinetes: la élite de la caballería persa: los mejores caballos, las mejores armas y armaduras...
Pero el ejército de Artajertes era tan grande que el centro de su línea, donde estaba él mismo, desbordaba el ala izquierda de Ciro, cuya línea era mucho menor. Miles de jinetes en el flanco izquierdo (frente a los griegos), dirigidos por Tisafernes. Un enorme centro con arqueros persas, lanceros egipcios, montañeses kurdos, soldados takabara, más arqueros. Entre ellos, Artajerjes con su caballería, todos con armaduras teñidas de blanco: seis mil expertos jinetes bien equipados y entrenados... Organizado por tribus, cada componente del ejército estaba formado en un denso cuadro. Por delante de ellos, cientos de brutales carros falcados, diseñados para destrozar a los soldados de las falanges... El mayor ejército jamás visto desde Jerjes I invadiera Grecia. Su visión sobrecogió al ejército rebelde. Se hizo el silencio.
Entonces, Ciro, arrojando su yelmo, se situó al frente de sus líneas y arengó a sus tropas. “Seguidme”, les dijo, “si vencemos aquí, estará todo hecho”. Y aquel cúmulo de hombres de distintas naciones, con distintas lenguas, creyó sus palabras, rugió, y se lanzó al ataque.
Una gran nube de polvo se levantó cuando los carros falcados de Artajerjes se lanzaron contra las líneas de hoplitas. No vacilaron. Ciro había enseñado bien a Clearco, y éste había adiestrado a sus hombres: cuando los carros les alcanzaron, los griegos abrieron pasillos entre sus filas, y las terribles máquinas pasaron entre ellos casi sin hacerles daño. Los peltastas dieron buena cuenta de ellos. Entonces, los hoplitas, a doscientos metros de distancia de los enemigos, entonaron el peán, y lanzaron el grito en honor del Einalio.
Cargaron contra la caballería de Tisafernes y la infantería bárbara, golpeando lanzas contra escudos para espantar a los caballos. Como una marea imparable, los diez mil mercenarios ganaron impulso. Y sus enemigos no pudieron soportarlo. Tisafernes ordenó una retirada hacia el río, dejando descubierta a la infantería. Éstos, takabara casi todos, tampoco presentaron resistencia: huyeron. Como un inmenso dominó, el flanco izquierdo de Artajerjes se deshacía ante el empuje de los mercenarios.
Los generales felicitaban a Ciro. Los más entusiastas ya le jaleaban como Gran Rey mientras veían desintegrarse el ejército enemigo. Sin embargo, no se dejó llevar por el entusiasmo. Vigilaba a su hermano. Intentaba localizarle. Así pudo ver que el centro del ejército de Artajerjes comenzaba a pivotar hacia el flanco izquierdo de los griegos, que, al haberse adelantado, quedaba expuesto. Entonces supo lo que tenía que hacer. Llamando a sus jinetes, Ciro y su escolta salieron disparados hacia los seis mil jinetes que acompañaban a Artajerjes. Debía proteger a los griegos, y debía matar al Rey. Sabía que no había otra manera. Aunque ganara la batalla, no había sitio en Asia para dos reyes. Artajerjes no debía abandonar con vida el campo de batalla.
Los hombres de Ciro, vestidos de rojo, se lanzaron contra los jinetes de Artajerjes, con las armaduras pintadas de blanco. Como un relámpago, Ciro y sus jinetes acorazados rompieron sus líneas. Fue un choque brutal, precedido por el vuelo mortal de las jabalinas. Cuando éstas se agotaron o se rompieron, los jinetes tiraron de cuchillo. Fue tal su empuje que toda la caballería de Artajerjes, aunque muy superior en número, no aguantó y se dio a la fuga, perseguidas por la escolta del joven sátrapa. Fue entonces, cuando en la confusión, Ciro distinguió a su hermano. “Veo al hombre”- exclamó a sus fieles, y sin darles tiempo para que le protegieran, espoleó a su caballo hacia él.
"El tiempo pareció detenerse..."
Para Artajerjes, el tiempo debió detenerse. Entre el polvo y los jinetes en retirada, los gritos de los heridos y los relinchos de los caballos, cubierto de sangre de sus enemigos, Ciro emergió como una terrible aparición, lanzado hacia él. Sólo tuvo tiempo de que un escalofrío recorriera su espalda cuando su hermano le acometió empuñando su corta lanza. Luego, un impacto, y algo húmedo y caliente, sangre del Rey de Reyes que manaba desde dentro de la coraza real. ¡Estaba herido! Luego, un grito, un pestañeo, y algo que pasaba velozmente junto a su cabeza e impactaba en el hermano rebelde.
Transcurrió un segundo, y Artajerjes se vio sobre su caballo. Sin embargo, la montura de su hermano estaba vacía. Ciro el Joven, admirado y querido por sus amigos, y temido por sus enemigos, agonizaba en el suelo con el penacho de una flecha asomando por su ojo. Antes de que pudiera ordenar nada, los “comensales” de Ciro, los siete persas de máxima confianza, se abrieron paso y rodearon el cuerpo, defendiéndolo hasta su último aliento. Uno a uno, cayeron junto a su líder, hasta que el último, Artapetes, pie en tierra y manteniendo a raya a sus enemigos, sintiéndose ya agotado, se arrodilló junto a Ciro y se degolló con su propia espada.
Sólo uno de ellos no murió allí. Se llamaba Arieo, y al ver morir a Ciro, huyó junto algunos de sus hombres.
Allí murió Ciro el Joven, un hombre que causó verdadera impresión en Jenofonte, que lo tomó como modelo de virtudes y ejemplo de ética y de gobernante, como podemos leer en la Anábisis. La sombra de Ciro el Joven planea sobre la imagen de Ciro el Grande, creador del imperio persa, que Jenofonte describió en otra de sus obras: “La educación de Ciro” (o “Ciropedia”). Pero volvamos a Cunaxa.
Los mercenarios seguían avanzando sin saber que Ciro había muerto. Dejaron la batalla atrás y se lanzaron contra el campamento del Gran Rey. Éste, mientras, puso en fuga al resto del ejeŕcito de Ciro, y también se lanzó contra el campamento rebelde.
Los griegos vieron entonces que sus enemigos estaban a sus espaldas, y que podían cargarles por la retaguardia. Dieron media vuelta, y tomaron el camino de su campamento. Toda sus provisiones estaban allí, y sin ellas, estarían perdidos.
Tisafernes se reunió con Artajerjes, y decidieron no cargar de frente contra los griegos. Deshicieron el camino que habían hecho, hasta quedar frente al flanco derecho de los griegos. Clearco ordenó desplegar el ala, y así formaron una nueva línea, pero con el río a sus espaldas. Una vez ejecutada la maniobra, de nuevo cargaron, y pusieron de fuga otra vez a sus enemigos. Ni caballería ni infantería se les opuso. Entonces, después de todo un día de batalla, los griegos invictos, regresaron sin oposición a su campamento, esperando reunirse con Ciro victorioso. Allí pasaron la noche.
Pero Ciro no llegó. La primera noticia les llegó de parte de Arieo. Ciro estaba muerto. Él había retrocedido hasta el campamento anterior al de la batalla. Les informó de que les aguardaría un día, y luego tomaría el camino de regreso a Jonia. Entonces, los griegos se dieron cuenta de la verdadera situación: eran diez mil mercenarios en una tierra extraña y desconocida, a miles de kilómetros de sus hogares, rodeados de enemigos. Su campamento y sus bagajes habían sido saqueados y apenas tenían provisiones. El hombre que les había llevado hasta allí, el único que había mostrado su afecto, respeto y admiración hacia ellos, el que había sabido sacar lo mejor de cada uno, estaba muerto. Muchos pensaron que pronto le harían compañía.
Poco después, el Rey comenzó a enviar emisarios. Siguieron unos días de terrible incertidumbre para los griegos. Para empezar, había un conflicto cultural. Los griegos habían ganado la batalla. Según su punto de vista, el campo les correspondía, y si Ciro había muerto, Arieo debía ser el nuevo rey. Incluso enviaron un emisario al campamento de Arieo proponiéndole que volviera y tomara la corona. Imaginad la sorpresa del persa al darse cuenta de lo ciegos que estaban los griegos. Por supuesto, les respondió que ningún noble persa le seguiría, de modo que rechazaba la oferta. Sin embargo, bajo el punto de vista persa, una vez muerto el sátrapa rebelde, Artajerjes era el vencedor, sin importar lo que ocurriera en los combates. Por lo tanto, el primer mensaje del Gran Rey fue: “He vencido. Entregadme las armas”. Por supuesto, Clearco respondió lo que todo general griego ansiaba poder decir algún día: “Si quieres nuestras armas, ven a quitárnoslas”.
"¡Decid a los persas  qué opinamos de sus propuestas!"
Pero el caso es que Clearco sabía que no tenía más provisiones, y que habían consumido todas la que habían encontrado en su camino, de modo que no podía regresar a Grecia por la misma ruta. Y tampoco tenía guías para buscar otra. De modo que hizo una oferta a los persas: si con el dinero de Ciro habían hecho frente a Artajerjes, con el dinero de Artajerjes podían hacer frente a los egipcios, que se habían rebelado de nuevo recientemente. En principio, parecía un buen trato. Pero aun así, griegos y bárbaros no confiaban en solucionar así las cosas. Porque aquellos mercenarios habían humillado al ejército del Gran Rey. Eran una afrenta que no podía permitirse un persa. Si Artajerjes dejaba escapar con vida a aquellos hombres, posiblemente debilitara su posición entre otros persas, ya que podría interpretarse como un signo de su debilidad. No pocos nobles simpatizaban en secreto con Ciro, y le veían mucho más capaz que a Artajerjes.
Artajerjes parecía dudar. Perdonó a Arieo y le pidió que mediara con los griegos. Mantuvieron todos una tregua mientras los griegos comenzaron a avanzar. Luego, intentó otro acuerdo, y Clearco soltó otra de sus grandes frases: “Di a tu rey que todavía no hemos almorzado, y por los dioses juro que los griegos no negociaremos con el estómago vacío”. Los persas les llevaron a unas aldeas llenas de provisiones, y les proporcionaron guías. Arieo y sus tropas marchaban cerca de ellos. Por un par de días, todo pareció ir bien.
Sin embargo, la creciente buenas relaciones entre Arieo y Artajerjes pronto levantaron sospechas entre los griegos. Cada vez se dejaba ver menos por el campamento griego, y sus hombres se portaban cada vez con más altivez e insolencia. Hubo algunas trifulcas entre persas y griegos. Hubo misteriosos mensajeros que avisaban a los centinelas griegos de un ataque persa al amanecer. Hubo mucho insomnio. Esto hizo sospechar a muchos. Podría estar gestándose una traición. ¿Acaso eran necios al pensar que el Rey les dejaría marchar indemnes? Los griegos se reunían con los embajadores, y cada vez obtenían más promesas y garantías… Pero cada vez sentían también más miedo. Eran demasiadas promesas. Todo era demasiado fácil.
Sin duda, Artajerjes no sabía como gestionar aquella crisis. Los griegos eran muy poderosos, y no se sentía con fuerza para atacarles en batalla campal. Dejarles marchar era lo más fácil, pero el orgullo le escocía allí donde no es posible rascarse. Seguramente cambió de idea muchas veces, hasta que al final, confiando en sus consejeros, convocó a los generales mercenarios y a los capitanes. Se presentaron con un pequeño destacamento. Una vez en su tienda, los capturó a traición y los decapitó. Unos jinetes se lanzaron sobre la escolta de los griegos, y éstos se dieron a la huía. Allí murieron no sólo Clearco, a quien sus hombres temían más que al enemigo, sino también otros generales: Próxeno de Beocia, Menón de Tesalia, el infame, etc. Jenofonte hace un interesante retrato de estos personajes con unas pocas frases al final del capítulo II.
Sólo uno de ellos llegó al campamento griego, sujetándose las tripas con las manos. Agonizando les contó lo que había ocurrido. Entonces se presentó Tisarfernes, y dijo a los griegos que Clearco había muerto por faltar a sus juramentos. Los soldados preguntaron entonces por los demás generales, pero Tisafernes dio media vuelta sin aclarar nada más.
Para muchos, aquello significaba el fin. El Rey había decidido. Iban a morir allí.
Aquella noche fue la más terrible. No sabían qué iba a pasar. No tenían mandos. No tenían comida ni dinero. Sólo tenían miedo.
Sin embargo, aquella noche, uno de los capitanes, un ateniense llamado Jenofonte, dio una cabezada, y en sus sueños, oyó retumbar el trueno de Zeus. Entonces despertó de un salto, inspirado por su visión.
De cómo los griegos iniciaron su larga retirada versará el siguiente capítulo de esta serie.

BATALLA DE CUNAXA PARA BBDBA.
Os dejo aquí un escenario que diseñamos y jugamos hace muchos años, y que funcionó muy bien para BBDBA. Cunaxa tiene la dificultad de enfrentar a ejércitos muy diferentes en tamaño, pero nos las apañamos la mar de bien, colegas.
Caballería acorazada persa
 


Hay dos bandos: Artajerjes II (defensor) y Ciro, el Joven (atacante). Se usarán las reglas habituales de BBDBA, con las siguientes excepciones:
El flanco izquierdo de Artajerjes estará ocupado por un río. Se pondrá la mínima escenografía adicional que permitan las reglas, incluyendo el río.
a) Ejército de Artajerjes: Se compone de 3 mandos de la lista II/7. Persas aqueménidas tardíos.
1.Tisafernes, flanco izquierdo: Cv(gen), 2 Cv, 3Sch, 4Ax 2Ps, Campamento. El campamento se desplegará en contacto con el río.
Órdenes: detener a los mercenarios griegos y evitar que llegen al campamento persa.
2. Artajerjes II. Cv (CinC) ,4Ax, 4Sp, 2Cv. Los Ax se desplegarán a continuación de la línea de Tisafernes. Artajerjes debe quedar en el centro de la mesa.
3. Orontas. Cv (gen), 2Cv, 6 LH, 4 Ps

El dado más alto será para Tisafernes, el segundo más alto para Artajerjes y el menor para Orontas.

b)Ejército de Ciro: Un mando de II/7 Persas aqueménidas tardíos y otro de II/5(i), hoplitas tardíos, , con la opción de 1Cv y 3 Ps. Ciro será el CiC.
El mando hoplita desplegará pegado al río. El mando de Ciro, a continuación. El campamento también estará pegado al río.

Reglas especiales:
a) El Gran Ejército Real.- El ejército de Artajerjes es tan grande que apenas puede controlarlo. Todos sus generales tienen un rado de mando efectivo de 600 pasos.
b) El mejor hombre: Ciro es un gran general. Siempre tirará dos dados de PIP y elegirá el más alto. Además, su mando sólo se romperá si él muere O si pierde seis peanas, en lugar de cuatro.
c) "Si vencemos aquí, estará todo hecho...". Ciro tiene un +1 adicional al +1 por ser general cuando luche contra cualquier Cv del ejerćito contrario. Además, perseguirá automáticamente a la peana de Artajerjes II como si fuera impetuoso.

Condiciones de victoria:
Artajerjes obtiene Victoria Total si consigue romper los dos mandos enemigos.
Ciro ganará si rompe el ejército enemigo según las reglas o mata a Artajerjes en cualquier momento.

Se producirá un empate si se rompe el mando de Ciro pero el mando griego todavía no se ha roto y, además, consigue asaltar el campamento persa.
"Si queréis nuestras armas, venid a por ellas..."
 

jueves, 3 de agosto de 2017

La era de los kanes

Saludos. Habíamos dejado a Gengis Khan en el Cielo y a su tercer hijo, Ogodei, al frente de su nuevo imperio. Ogodei continuó la labor de su padre a la hora de estructurar su imperio, potenciando la ley, y creando los elementos que requiere un imperio tan grande para ser gobernado. Desde la entrada en la estepa en el lejano oeste de Jurasán y Corasmia hasta Pekín, toda la tierra pertenecía al gran Khan. Se establecieron impuestos, se dispusieron guarniciones, se controló totalmente la Ruta de la Seda, y por tanto, la ruta que unía cultural y económicamente Occidente con Oriente y se articuló el territorio mediante un elaborado sistema de postas. Un mensaje podía llegar en apenas unos días de una punta a la otra del imperio gracias a las estaciones de postas separadas una jornada de camino a caballo. Ninguna información escapaba del Khan. Ningún punto estaba demasiado lejos para que no pudiera enviar su ejército. Y la institución más importante para los khanes y jefes se convirtió en la Gran Asamblea, el Kurultai, que se celebraba una vez al año y en la que se reunían los khanes y jefes mongoles de todo el imperio, se elegían líderes y cargos políticos y militares, y se enjuiciaba el cumplimiento de la ley mongola en las conductas de los jefes. El Kurultai tendría una importancia decisiva en la articulación del imperio universal mongol, pues ataba a los líderes mongoles de las diferentes naciones dominadas a su origen estepario.
Territorio bajo dominio mongol o sometido a los mongoles
La política "diplomática" de Ogodei fue la misma de su padre... Las campañas se extendieron hasta la extición completa de la dinastía Jin. También lanzó dos campañas contra el reino de Corea, quienes resistieron con uñas y dientes y plantearon una férrea defensa en dos campañas sucesivas. Ante el agotamiento de las partes, Corea no pudo evitar, no obstante, convertirse en un estado tributario de los mongoles, pero conservó sus propia dinastía Koryo al frente. A lo mejor un día hacemos un artículo sobre estos valerosos coreanos, que han sido ignorados por Occidente, pero que, como todo aquello que ignoramos, cuando comenzamos a estudiarlo nos parece fascinante.
En el oeste, Ogodei puso al general Chormaqan Qorchi al frente de la campaña contra el califato abásida. Así, los mongoles fueron penetrando en Irán y se fueron abriendo paso hacia Bagdad a lo largo de los años. Con Persia bajo su poder, los mongoles tuvieron acceso a los más finos productos del sofisticado y decadente califato: acero damasquino, telas, bordados, caballos árabes que tanto les fascinaban, dromedarios y camellos para cruzar los desiertos, y un largo etcétera. Ogodei no vería el califato conquistado, pero sí sus descendientes, que establecieron en Il-kanato (ver más abajo).

LA HORDA DE ORO
La campaña más exitosa de Ogodei fue la que encargó  a los príncipes Batu, Buri, Goyuk y Monge. El ejército de estos jóvenes generales sería bautizado con un nombre, quizás mal entendido, pero inconfundible: la Horda de Oro, que también fue conocido como el kanato de  Qipchaq, que era el nombre de la estepa al norte del Mar Negro.. La Horda de Oro se lanzó hacia las tierras de más allá del Volga, y fueron los primeros mongoles en poner las pezuñas en Europa.  Derrotaron al estado de los búlgaros del Volga (ya hablamos de ellos en el artículo de lo búlgaros. Recuperaremos ese artículo para HistoriaHispano más adelante) y siguieron hacia el oeste, hacia los principados de la Rus de Kiev. Subyugados y vencidos, los habitantes de la Rus huyeron a los bosques cuando pudieron, y el poder de sus príncipes de Kiev y sus boyardos, casi desapareció. 
Pero la Horda de Oro no se quedó aquí. Entró en Europa. Pues sí, mucho antes del poder otomano, los mongoles llegaron a poner cerco a Viena en 1240, tras haber saqueado Kiev, Polonia, lo que ahora es Bohemia y Hungría y subir por el valle del Danubio. Sólo la muerte de Ogodei en 1241 salvó a los vieneses, pues en ese momento Batu decidió dar media vuelta y marchar al Kurultai que eligiría un nuevo Khan. Pero ya había establecido la base de un nuevo estado gobernado por el poder mongol. Fue uno de los imperios de los kanes.

Es aquí,  cuando nos despedimos de nuestro guía por todo este viaje  pues "Historia secreta de los mongoles" termina aquí, a final del año de la Rata, en 1241. Transcribo su hermoso final: "Este libro fue completado cuando así lo ordenó la Gran Asamblea y cuando, en el año de la Rata, en el mes del Corzo, los Palacios fueron establecidos en Dolo´an  Boldaq de Kode´e Aral, en el río Keluren".

Tras la conquista de las tierras rusas, Batu Kan no quiso asentarse en Kiev,  ni Nóvgorod, cuyo poder todavía le presentaba resistencia, y  decidió fundar su capital en Saray, en el delta del Volga, y desde allí impusieron un sistema de tributos a los príncipes y nobles rusos. Desde allí también podía gobernar toda la pléyade de tribus túrquicas y búlgaras que habitan en la estepa cercana a Rusia.
 El impacto que tuvieron los mongoles en lo que hoy es Rusia quedó por siempre grabado en su folklore, donde los mongoles son seres demoniacos que humillan a los príncipes mientras los nobles héroes patrios los impelen a resistir. Así encontramos la historia de "Aliosha Popóvich y Tugarin". Tugarin es un mongol con un caballo que tiene alas de seda (cometas) y que puede volar, y que es derrotado por Aliosha, quien le reta tras ver cómo Tugarin entra en el palacio del zarévich Ivan y devora su comida y no tiene ningún respeto. La descripción de Tugarin el mongol es muy curiosa, y se dice que una vez muerto, con sus grandes orejas se hicieron fuentes de comida. También la población que huyó al bosque elaboró toda una serie de leyendas y tradiciones que todavía perduran, como la de Babá Yagá y las niñas que se pierden entre los árboles para ser raptadas, o salvadas, por los espíritus de los oscuros bosques de aquellas tierras.
Diorama del combate entre Aliosha y Tugarin en caballo alado
La Horda de Oro, al igual que el Kanato de Yagatai, del que hablamos ahí abajo,  quedó en la zona más alejada de los núcleos culturales de intercambio, que fueron China y Persia. Por lo tanto, controlaron a los gobernantes rusos con sus tributos, pero se quedaron en los límites de las estepas sin preocuparse mucho por lo que había más allá.  De hecho, a veces incluso lucharon juntos contra enemigos comunes. Saray se convirtió en una gran ciudad, y recibía visitas de príncipes y dignatarios de Europa, pero los kanes de la Horda de Oro siempre estuvieron subordinados a los grandes kanes que elegía el Kurultai, y que siempre fueron los kanes que gobernaron China, formando la dinastía Yuan.

EL KANATO DE YAGATAI
Yagatai era uno de los hijos de Gengis Khan. Antes de que falleciera, le encargó la administración de la estepa entre Samarcanda y los territorios Uigur. Yagatai falleció en 1242, y fue su nieto Qara Hulagu el que le sucedió. Para entonces, el Gran Kan era Kubilai (ver más abajo), y Hulago guerreó contra él, pero tras su caída, el kanato volvió a estar subordinado a Kubilai, en China.
Siendo su territorio formado por estepa completamente, y siendo sus pueblos nómadas turco-mongoles, el kanato fue el que quedó más apartado de las nuevas corrientes culturales. Sin embargo, una buena parte de la Ruta de la Seda atravesaba su territorio, y el kanato jugó un papel importantísimo en el mantenimiento de la seguridad de esta ruta.

EL IL-KANATO
La expansión de los mongoles a través del antiguo califato abásida, es decir, Persia, Irak y Siria, en el sentido amplio de los nombres, la comenzó el propio Gengis Khan con su campaña Corasmia y Jurasán. Tras la muerte del kan, Ogodey y sus sucesores siguieron avanzando por Persia hacia el corazón del califato: Bagdad.  Fueron los mongoles los que acabaron con el poder de los nizaríes y demolieron la fortaleza de Alamut, la base principal de los Asesinos. Fue demolida hasta los cimientos debido  a su ventajosa posición. Los mongoles no querían dejar que volviera a ser ocupada. Que asediaran muy bien no significa que prefirieran hacerlo.
 Y para el 1258, Hulagu (no el mismo de antes, sino un nieto de Gengis Khan) y sus tropas pusieron cerco a Bagdad. El último califa abasí, Al Muta´asim se negó a entregar la ciudad, lo que le habría salvado su vida y, sobre todo, a su ciudad y a todas las maravillas que se perdieron allí. Pero el califa se limitó a asustar a los mongoles con la ira de Alá. Recordemos que los mongoles no buscaban la destrucción como fin. Su diplomacia se apoyaba en su ejército para lograr la subordinación de ciudades y pueblos. Solo si se les presentaba resistencia recurrían a su maquinaria de guerra.
Bagdad no aguantó mucho. Sin poder real, dirigidos por un califa no demasiado cuerdo y absolutamente incompetente, los mongoles entraron en Bagdad a sangre y fuego. Nadie sabe lo que se perdió allí. Pues el Tigris no bajó rojo con la sangre de los habitantes, sino azul con la tinta de los libros que fueron arrojados a él, según dice la leyenda. Así desapareció el poder califal. Aquellos monarcas de un reino universal, que habían recibido una inmensa herencia cultural desde Al-Andalus hasta Persia y La India, vieron como todo aquello se perdió en una sola semana de saqueos. En cierta forma, fue el fin de un mundo. Pero de las cenizas de un mundo puede brotar otro.
Luego terminaron de conquistar los territorios de Armenia, Azerbayán, Georgia y Asia Menor.
Hulagu fue nombrado por el Gran Kan Kubilai Il-Kan, que significa "sub-kan" o algo así, en referencia al hecho de su subordinación al Gran Kan Qubilay, que retendría en China el poder heredado de Gengis Kan.
El asedio de Bagdad
Los mongoles no pudieron aportar nada más valioso culturalmente que aquello que habían destruido. No solo libros: artesanos, sabios... Sin embargo, sí aportaron una cosa: una unión política con China. Por primera y única vez en la Historia, China y Persia estuvieron bajo un mismo poder, y esto permitió el flujo de nuevas ideas y nuevas tecnologías, y estructuró aun más la importancia de la Ruta de la Seda no solo como vía comercial, sino como nexo cultural.
Los il-kanes implantaron una libertad religiosa que permitió la recuperación del cristianismo nestoriano, el zoroastrismo y el budismo (¿recordáis los budas de Afganistán? Pues son muy anteriores. Ya había budistas en la región cuando llegó la conquista árabe). Y se recuperó también el interés por las ciencias y la cultura. Fue en la corte ilkánida donde Rasid Ad-din escribió su tratado de Historia Universal, y a dónde se atrajeron astrónomos y matemáticos de muchos lugares para hacer uno de los observatorios y biblioteca más importante de la época, en Maragheh.
Cabe destacar también que el il-kanato intentó proseguir su expansión, y fue la dinastía mameluca de Egipto quien finalmente les venció en la épica batalla de Ain Jalut, en 1260, en la que las dos mejores tradiciones guerreras a caballo (turcos y mongoles) se jugaron el destino de Egipto y el Mediterráneo.
El il-kanato terminó descompuesto en decenas de pequeños estados cuando el poderío mongol decayó, en el siglo XIV, y la región se convirtió en una pléyade de territorios con diferentes gobernantes luchando entre ellos, de manera parecida a como ocurrió en los otros kanatos, salvo el de Yuan, que veremos ahora. Este es el territorio que recorre Ibn Battuta y del que nos deja tantos testimonios tan fascinantes.

EL GRAN KANATO DE LA DINASTÍA YUAN
Recordemos que a la muerte de Gengis Khan, las tierras al sur del Río Amarillo seguían fuera del poder mongol. En ellas gobernaba la dinastía Song. La guerra definitiva contra ellos comenzó en 1256, año en el que un gran ejército mongol cruzó el Río Amarillo. Tardarían aun 15 años en completar la conquista. Y Monge, el Gran Kan que la comenzó, murió sin verla completada. Fue Kubilai, nieto de Gengis, quien terminó la conquista, unificando toda China, y proclamando el "Gran Yuan", el Mandato del Cielo. El Gran Kuriltai nombró a Kubilai Gran Kan, heredero de Gengis Khan, y por lo tanto, los demás kanes quedaron subordinados a él, aunque de facto solo el Ilkanato le hacía caso. Los demás iban un poco a su aire.
China por aquel entonces, o las tierras que lo formaban, ya llevaban dos mil años siendo reinos organizados. Había toda una estructura burocrática y una filosofía destinada a gobernar: el confucionismo. Kubilai fue lo suficientemente inteligente como para no alterar esta estructura. Dejó de lado la vida de la estepa, movió la capital de Qaraqorum hacia el sur, y cultivó su imperio.
Kubilai  y sus sucesores, al frente de un imperio casi universal, explotaron su "neutralidad". Gobernantes pragmáticos, los mongoles no mostraron prejuicios a la hora de tomar de todos los rincones de su imperio aquello que más les gustaba para llevarlo con ellos. La corte Yuan se llenó de matemáticos y astrónomos de todos los rincones del imperio. Se fundaron escuelas de Medicina. Los sabios se llamaban unos a otros y mantenían correspondencia e intercambios estables. ¿Qué en Irán había buenos ingenieros hidráulicos? Billete para China. ¿Qué en China había grandes inventos como la imprenta y la pólvora? Pues pitando en el otro sentido.
La estabilidad que el imperio Yuan y los Grandes Kanes crearon en casi toda Asia permitieron que las relaciones entre Europa, Persia y China se desarrollaran. Es la época de los grandes viajeros. Fue a Kubilai a quien Marco Polo llegó a conocer, viajando a través de la Ruta de la Seda. La Pax Mongolica había llegado, y durante unas décadas, la dominación mongola significó, sobre todo paz y prosperidad.
Hubo campañas también. Los mongoles siguieron hacia Indonesia, por ejemplo, desde China, pero no encontraron nada que les mereciera la pena. Y  en 1274, los mongoles de Kubilai lanzaron la primera de dos intentos de invasión a Japón, después de haberse asegurado la obediencia de los coreanos.  En todos los casos, los mongoles fueron derrotados, sobre todo, debido al clima y los tifones y a su escasa experiencia en el mar. Ambas invasiones provocaron profundos cambios en Japón. Algún día hablaremos de ello con más detalle. Pero también hicieron que los mongoles decidieran dejar el mar para otros, porque ellos, donde estaban a gusto, era en tierra, y preferiblemente a lomos de un buen caballo.
El Kamikaze, el Viento Sagrado, destruye la flota mongola
La dinastía Yuan se mantuvo aproximadamente un siglo, hasta que fue desplazada por una nueva dinasíta de origen Han y nombre legendario: la dinastía Ming. Estas cosas no ocurren de un día para otro. La rebelión que comenzó en 1351 siguió a una serie de desastres económicos y unas inundaciones brutales en la cuenca del Río Amarillo. Fue un desastre del que los gobernantes mongoles no pudieron reponerse, y abrió la puerta a las organizaciones secretas de Han y otras etnias chinas que habían sido desplazadas de los núcleos de poder.

LA VIDA EN EL IMPERIO DE LOS GRANDES KANES
Los kanes mongoles fueron extremadamente pragmáticos. Siendo neutrales en los primeros años de su imperio, se abstuvieron de favorecer o perseguir a musulmanes, cristianos, judíos y cuantos vivieran bajo su poder. Sí mostraron un gran interés en el budismo, que muchos adoptaron, sobre todo entre los ilkanes y los Grandes Kanes Yuan. Algunos llegaron a ayudar a la VII Cruzada contra los musulmanes, sobre todo impelidos por una esposa real de Hulagu, que era cristiana nestoriana y debía de ser una mujer ciertamente notable a juzgar por la influencia que tuvo en su gobierno. Con el tiempo, sin embargo, muchos kanes se convirtieron al islam, sobre todo en Persia y en los territorios de Yagatai, más por buscar ventaja política cuando el poder del imperio se fue desestructurando, y tuvieron que contar con los apoyos locales en mayor medida.
Entre los gobernadores de las ciudades y los territorios era costumbre agasajar a los viajeros, y muchos habían establecido zaguías y residencias temporales, y tenían instaurados banquetes regulares, y solían hacer excelentes regalos en forma de ropas y monturas para el viaje. Siempre se interesaban por las noticias y solían entrevistarse con los diplomáticos.
Como decíamos, el imperio universal de los mongoles garantizó la seguridad de los caminos, y los grandes viajeros comenzaron a circular por el mundo. No he leído el Libro de las Maravillas (pero lo haré, ¡ja!), pero sí conozco bien el viaje de Ibn Battuta, que recorrió Asia a mediados del siglo XIV y nos dejó muchos testimonios apasionantes, que nos permiten imaginar de primera mano como era la vida de aquellos imperios.
Ibn Battuta entre los mongoles
Alrededor del 1332, Ibn Battuta, que estaba en Constantinopla, fue invitado a viajar hasta Sarai, la capital de la Horda de Oro. Fijaos lo que dice: "Sarai es una ciudad muy bella y grande en extremo [...] Un día montamos a caballo, con uno de sus notables [...] nuestro alojamiento en una punta y salimos de allí a primera hora de la mañana, llegando a la otra punta después del medio día.`[...] las casas están pegadas unas a otras, y no hay ruinas, ni jardines ". Un ejemplo del cosmopolitismo mongol: "En esta ciudad hay diversas taifas: los mongoles son los habitantes del país y sus dueños, siendo musulmanes una parte de ellos; los arios, que son musulmanes; los kipchaks; los circasianos; los rusos y los griegos, que son todos cristianos. Cada taifa vive en un barrio aparte, donde tiene sus zocos[...] Los mercaderes y los extranjeros habitan un barrio amurallado para proteger los bienes de estos mercaderes".  Ese es el tipo de detalles que agrada y favorece el comercio.
Luego cuenta que desde Sarai hasta Corasmia hay cuarenta días de travesía por un desierto que sólo pueden recorrer los camellos, que también tiran de carros. Y no narra ni un solo incidente durante esa travesía, lo que contrasta con el continuo peligro que describe cuando viaja por el norte de África  o por los territorios del Sultanato de Delhi. Al contrario; zaguías, hospitales, regalos... Todo ayudaba al comercio.
Luego sigue su viaje había Bujara y Samarcanda. Entre las ciudades hay varios días de marcha por desiertos y tierras baldías, y de nuevo ni un solo incidente. Y mirad qué interesante nota sobre de qué se alimentaban los habitantes de las ciudades: "[...]Después caminamos continuamente durante un día entero entre huertos, ríos, árboles y ampos cultivados, hasta llegar a la ciudad de Bujara". Poco a poco toma forma este paisaje: tierra desierta en la que enormes islas de civilización prospera alrededor del agua: ríos y canales. Mirad la Bujará que encuentra nuestro viajero: "Esta ciudad fue la capital de las tierras situadas allende el río Yayhun. El maldito Gengis Kan la asoló. ahora, casi la totalidad de sus mezquitas, madrasas y zocos están en ruinas". Y mirad, luego llega a Samarcanda: "una de las mayores, más hermosas y espléndidas del mundo. Se alza al borde de un río conocido por Wadi el-Qassarin, con el que riegan los huertos por medio de norias. En sus riberas se reúnen las gentes de la ciudad después de la oración de la tarde para solazarse y pasear. Allí tienen bancas y asientos para descansar y tiendas donde venden frutas y otras vituallas. Bordean también el río grandes alcázares y edificios que revelan un refinado gusto. Muchos de ellos están en ruinas y buena parte de la ciudad ha sido arrasada: no tiene muralla ni puertas y los huertos están en su interior. Las gentes de Samarcanda gozan de nobles méritos y son amigables con los extranjeros".
El viaje sigue y sigue, pero hasta que llega a La India, Ibn Battuta no narra ninguna situación de peligro. Ahí reside la esencia del imperio mongol. Eso es la Pax Mongolica.
Y además, Ibn Battuta narra el final del gobierno del Gran Kan Tamarshirin. En efecto, Tamarshirin había sido elegido por el Kurultai Gran Kan a pesar de ser kan de Yagatai,  ante la pérdida de poder de la dinastía Yuan. Pero durante cuatro años dejó de asistir al Kurultai, y visitar las tierras y las guarniciones de China, y la asamblea juzgó que se había apartado de la Yasa, el código legal de Gengis Kan, y eligieron a otro Kan, que lo derrotó y lo obligó a huir y esconderse.

Samarkanda, todavía sin murallas.


La era de los grandes kanes duró un siglo aproximadamente, como decíamos. La dinastía Yuan fue despuesta, el ilkanato se fue desintegrando en pequeños estados en el que se guerreaba unos contra otros hasta que los Jalairiyidas, otra dinastía mongola islamizada,  con política de independiente, tomó el poder. La Horda de Oro fue perdiendo su influencia y volvió al olvido de las llanuras cuando los zares rusos se rebelaron con éxito, disgregada en pequeños kanatos independientes. El de Crimea perduró hasta el siglo XVIII. Sólo la estepa permaneció invariable, pero de las cenizas de aquellos estado se levantaría otro líder, otro mongol que intentaría reunificar de nuevo el imperio: Timur-i-Shank, más conocido como Tamerlán. Hablaremos de él en otro artículo.

LOS EJÉRCITOS DE LOS KANES.
Para DBA, las listas que encontramos representativas de este periodo son:
a) IV/46, Ilkanato. Tiene mucha agresividad, dos peanas de Cv, una  de ellas general, que representan a un núcleo de caballería pesada mongola y 9 peanas de  LH mongolas. La última peana puede ser Ax (guerreros kurdos), LH, Artillería (ningún mongol sin artillería, oiga) o una curiosa peana de 3Kn, que son caballeros francos enrolados durante la intervención del ilkanato en la VII Cruzada, o bien caballería pesada de tradición armenia o georgiana.
b)IV/47 Horda de Oro y Sucesores, que cubre tanto el kanato de Yagatai como la Horda de oro.  De agresividad 2 y territorio estepario, igualmente tienen un núcleo  de general y otras tres peanas de Cv, que representan mongoles (al menos el general y otra peana deberían ser mongoles), y otras de búlgaros y turcos. Luego hay 6 peanas de LH, mezcla de elementos mongoles y turcos; una peana de arqueros (hombres de las ciudades, muy útiles en asedios y contra la caballería), y una peana de 4Bw (mercenarios italianos) o Wb (tribus siberianas de los bosques) u otra LH.
c) IV/48, Yuan Chinese.- Se trata de un territorio fértil y agresividad media baja (2). Hay cinco peanas de Cv, que incluyen el general, y que son mongolas, pero también puede haber alguna peana de caballería khitana o jurgen, y 2 peanas de LH. luego viene la infantería china: 1x3Bd, 1 x 4Cb, 1x 2Ps, y luego dos peanas opcionales entre dos combinaciones: o bien 2x3Ax o 2x5Wb (infantería tribal de los territorios del sur) o bien 1x4Bd /8Bw +1 Cb (infantería regular tipo Han china)).
Concretamente esta lista me parece muy interesante, porque combina un gran poder en terreno abierto con capacidad para luchar en terreno difícil gracias a los arqueros, Ax o Wb.

Para AdlG, tenemos las listas:
a) 255 Mongoles ilkánidas. Como casi todos los ejércitos mongoles, tienen un altísimo mando (+5). Las proporciones de Cv con iguales que en DBA ,pero AdlG permite alinear más caballería como Cv y no como LH, en la proporción que deseemos, ´que puede ascenderse a élite, lo que permite configurar el ejército más a nuestra medida.
b) 240, Horda de Oro. Muy parecido al anterior, pero de mando 4 y territorio estepario o llanura. Tiene el núcleo de caballería pesada mongola (acorazada, arco e impacto), y la mayor parte del resto, caballería mongola, configurable como media o ligera, y que puede ser élite. El resto son muestras de súbditos: arqueros, caballería cumana, infantería tribal siberiana, etc.
c) 263, Chinos Yan. ídem, núcleo de caballería pesada mongola y un número menor que los demás mongoles de caballería configurable, y que puede ser élite. Pero luego hay mucha infantería china donde elegir, un fugaz elefante, artillería y la infantería mixta china (esa peana que en DBA es 8Bw), con lanceros delante y arqueros detrás. Como rareza, tiene un posible aliado javanés, con un montón de infantería media bastante enloquecida, lo que puede ser muy divertido.

martes, 25 de julio de 2017

Un imperio para Temujin

Saludos. En el artículo anterior dejamos a nuestro Temujin después de haber unificado a todas las tribus mongolas y haber establecido la base de un sistema imperial, con nuevas leyes y nuevas estructuras sociales que dejaban atrás la cultura tribal tradicional. Gengis Khan había establecido la base de un nuevo impero, y quería su imperio.
AñaBy Ian Kiu - By Ian Kiu. Based on a map in Albert Herrmann (1935). History and Commercial Atlas of China. Harvard University Press., CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3082894
El primer territorio en sufrir la invasión de la nación mongola fue el norte de China, que por entonces estaba gobernada por los Jurgen o Xin, que era una dinastía de origen nómada estepario, y que a lo largo del siglo XII habían establecido un imperio sin haber dejado de lado la vida nómada. Los reyes de esta dinastía se dieron el título de "Emperadores de China",  y hacían un uso muy peculiar de unidades de caballería mixtas con lanceros y arqueros. Su territorio terminaba en el Río Amarillo.
Esta primera campaña de Gengis Khan mostraría su capacidad y su astucia, y los modos que emplearían después él y sus sucesores para hacerse con nuevas tierras. Pues no debemos pensar que se realizó a modo de incursión salvaje con la destrucción como único fin. Al contrario. Fue prepara por Temujin con mucha antelación.
En efecto, Gengis Khan no poseía sólo gran talento para la guerra. Supo leer el juego de intereses que recorría la Ruta de la Seda. Sabía que, como dice el proverbio, "un imperio puede formarse a caballo, pero no gobernarse a caballo".
Fueron los mercaderes que recorrían la estepa los que le informaban de las posiciones de guarniciones y ciudades. Mercaderes musulmanes en gran parte. Mercaderes que querían, sobre todo, un camino seguro, y el gran Líder Universal mongol podía proporcionárselo.
La conquista se realizó en dos grandes oleadas. El primer territorio en capitular fue el reino Xi Xia, o Reino de Occidente, gobernado por una dinastía nómada llamada Tangut, que gobernaban a muchos pueblos sedentarios de origen Han. Los Tangut eran aliados poco fiables de los Jurgen y Gengis Khan atrajo a su lado tras derrotarlos en batalla. Fue una campaña importante. Los mongoles aprendieron en ella las técnicas de asedio que les eran tan desconocidas. Temujin fue sistemático y exigió a sus generales que capturaran ingenieros y matemáticos y personas en general con conocimientos que él no tenía. Sabía que le haría falta más adelante.
Y con este reino controlado, se lanzó a por los Jurgen, quienes además tuvieron que ver cómo las tribus esteparias que tenían sometidas y que protegían su frontera norte cambiaban de bando atraídas por la astuta diplomacia de Temujin, que una vez más supo leer la partida. 
La conquista total del norte de China terminaría en 1218, y Gengis Khan, debido a otras urgencias en otra campaña, no pudo entrar en Pekín en 1214. Lo hizo uno de sus generales. Pero en 1218, el territorio al norte del Río Amarillo le pertenecía.
Cabe preguntarse qué pasó para no continuar hacia el sur. De hecho, no sería hasta más de 20 años después que China no sería gobernada totalmente por los mongoles. Debemos pensar que Gengis Khan tenía buenas informaciones sobre lo que le esperaba y sabía que se enfrentaba a un territorio demasiado fuerte y que le obligaría  a luchar en otras condiciones que todavía no le favorecían. También tuvo que "reconvencer" a algunas tribus esteparias que todavía no le temían lo suficiente, y no quería dejarlos a su retaguardia.  Y, sobre todo, él iba a por la Ruta. Haced el ejercicio de colocar en un mapa la expansión que diseñó Gengis Khan y la ruta terrestre de la seda. Veréis qué sorpresa os lleváis. Quiero decir que no le dio por penetrar hacia el norte, en los bosques siberianos que delimitaban el borde de su amada estepa. Ahí no había nada. No. Gengis Khan sabía muy bien lo que quería.

Merece la pena que nos detengamos en todos los antecedentes de su siguiente movimiento. En 1219, los dominios mongoles llegaban por el oeste hasta las fronteras de Corasmia. Este era el límite del califato abásida. Pero el califa An-Nasir ya no pintaba casi nada. El poder efectivo había pasado a la dinastía turca Jorezimí, que se lo habían arrebatado a los Seljuk (hablamos ya de ellos durante los artículos de las Cruzadas).  El sultán de los Jorezimíes se llamaba Jalaldin. Pero al norte de su territorio, lindando con la estepa, había un kan turco llamado Qan Melig. Gengis Khan había comenzado a establecer tratos con Qan Melig, porque seguramente ya tenía esta región en mente incluso mientras seguía su campaña contra los Jurgen.
Lo que nos dice "La historia secreta de los mongoles" es que una caravana con cien emisarios mongoles recorrió la Ruta de la Seda, aparentemente en misión diplomática, y llegaron a la ciudad de
Mercaderes mongoles a punto de perder la cabeza.
Otrar. El gobernador jorezmita de la ciudad, Iqulchuq,  de forma inexplicable en apariencia, los decapitó. Pero ya tenemos información para interpretar esto. Es muy probable que aquellos mongoles fueran tomados por espías. Después de todo, los mongoles habían usado a los mercaderes musulmanes para planear la conquista del norte de China. No sería extraño pensar que a Jalaldin le entraran las siete cosas al enterarse que tenía a un grupo de mongoles circulando por ahí. Además, el sultán turco no las tenía todas consigo. Sabía que el califa An-Nasir había intentado aliarse con Gengis Khan en su contra para que le ayudara a someter a Jalaldin y recuperar el poder abásida. El caso es que aquella embajada se convirtió en una patata caliente y terminó como una patata decapitada.
Cuando Gengis Khan supo la noticia, según la "Historia secreta...", declaró la guerra a los musulmanes porque habían desafiado su autoridad. Esta explicación también es buena. El propio libro nos dice que cuando Gengis Khan convocó a sus ejércitos, algunas tribus de los Tangut le traicionaron aduciendo que si no era capaz de mantener su autoridad, no le reconocerían como general. Gengis Khan los maldijo y les dijo que ajustarían cuentas a la vuelta. A mí esto me hace pensar que ya tenía planeado el momento de atacar el oeste, porque podría haber atacado a los rebeldes, pero prefirió no retrasar su nueva campaña. El día había llegado. Creo que no quería arriesgar con la disponibilidad de pastos. Después de un viaje tan largo, los caballos llegarían muy debilitados.
Al modo mongol, lanzó tres pequeños ejércitos adelantados, pero estos no atacaron al llegar. Las dos primeras oleadas pasaron de largo de las ciudades de su aliado Qan Melig, pues su misión era penetrar en el territorio y luego, rodear las tropas de Jaladin cuando estas fueran a parar a Gengis Khan. Pero uno de los generales mongoles cometió el error de atacar y saquear una de las ciudades de Qan Melig, y esto debió de meterle el miedo en el cuerpo, porque a continuación reunió sus tropas y pidió ayuda a Jalaldin, eliminando gran parte de la sorpresa mongola. De hecho, con sus fuerzas combinadas se lanzaron hacia el norte, hacia el ejército principal de  Gengis Khan. Como estos siempre llevaban a su vanguardia, se toparon primero con ellos y los derrotaron. Pero la pinza ya estaba hecha. Gengis Khan envió el mensaje a las tropas que había enviado, y cuando entró en batalla contra el sultán, su avanzadilla atacó por la retaguardia y destruyeron el ejército. Jalaldin huyó, y ya no hubo más batallas campales. El resto de la campaña fue la más sanguinaria campaña de asedios y asaltos que conoció la humanidad, y de hecho, serían la base para la leyenda de Gengis Khan.
Porque hasta ese momento, incluso las campañas en China se habían realizado de acuerdo a los modos comunes de la guerra en cuanto a trato de prisioneros, toma de esclavos, saqueos. La destrucción que provocó Gengis Khan era algo nunca visto. Y fue premeditado. Desde China vino con sus nuevos ingenieros y pólvora y medios de asedio.
¿Por qué hizo esto? Lo que deja entender la "Historia secreta..." es que fue una muestra de fuerza, pues lo ocurrido con los embajadores era una afrente a su propia persona, y no podía permitir esto. Lo que ocurrió allí fue un mensaje a todos los aliados que jugaran con la idea de traicionarle. Pero siempre hay otra lectura: las ciudades que atacó (Samarcanda, Bujara, Urungencci,  Iru, Isebur, etc..) estaban bien fortificadas. Le hubiera costado mantener su poder desde el otro lado de la estepa si de hubieran decidido a  rebelarse contra él. Destruyéndolas consiguió que no hubiera una sola plaza fuerte en la región. Porque Gengis Khan no debía de olvidarse que An-Nasir ansiaba la caída de Jalaldin, al que había estado sometido para humillación de su dinastía. El califa abásida hubiera tenido una oportunidad de oro si hubiera aguardado la marcha de los mongoles para retomar el poder de esas ciudades musulmanas. An-Nasir no movió un dedo cuando los mongoles arrasaban Corasmia y Jurasán. No tenía poder para ello y también deseaba verse libre de los turcos. Pero una vez los demonios esteparios dieran media vuelta ya sería otra cosa. Y no contaba con enfrentarse con Gengis Khan. Después de todo, ambos eran una especie de "monarcas universales" llegaron a un pacto entre caballeros.
Tienda Real. Gengis Khan a las puertas...
 La ventaja de la movilidad era de Gengis Khan. Tomaría aquellas murallas para tomar todas las murallas. Sin ellas, nadie  se atrevería a oponérsele en aquel país.
Los ejércitos de Gengis Khan se dividieron y en los meses siguientes atacaron todas esas ciudades. Los asedios fueron largos y plagados de sangrientos asaltos. Los soldados turcos con frecuencia caían en la desesperación e intentaban una última salida, cosa a la que siempre se anticiparon los mongoles, y de las que ningún turco salió jamás con vida.  Cuando una ciudad caía, las tropas que las protegían, casi todas de origen turco, eran aniquiladas y las murallas demolidas, y las mezquitas destruidas.  En los asaltos hubo sangre, fuego y pólvora. Cortaban el acceso al agua a las ciudades o provocaban inundaciones al construir represas para luego romperlas. Se volvieron enormemente ingeniosos.  Los mongoles usaron a los prisioneros como escudos humanos, y los defensores se veían obligados a disparar, quemar con aceite o cargar contra sus propios conocidos para poder intentar herir a los asaltantes. Y la población (una amalgama de pueblos iranios y turcos, descendientes de todos los que habían visto pasar a los viajeros durante miles de años) , a veces lo pasaron  mal y a veces peor. Los artesanos habilidosos solían ser enviados a la corte. Los jóvenes válidos eran  enrolados en el ejército, y otras esclavizados. En Samarcanda, donde Gengis Khan en persona terminó el asedio, fueron exterminados y se hicieron pirámides con sus cráneos. Miles de personas fallecieron aquel día.
Fue Gengis Khan quien tomó también en persona la ciudad de Otrar y proporcionó al gobernador que exterminó a sus emisarios ahogándolo con un largo trago de oro líquido. La misma muerte que tuvo Craso cuando fue derrotado en Carrae. En Ugencci, o Ugench, la defensa de los turcos fue tan obstinada que los mongoles tuvieron que entrar casa por casa, y como aun así no podían, prendieron fuego a toda la ciudad, y entonces aun los defensores intentaron una salida a la desesperada. Nadie salió de allí con vida.
El mensaje que Gengis Khan lanzó al mundo quedó muy claro: "Someteos o morid".


¿O no fue así? Es fácil escribir líneas truculentas sobre la cruenta leyenda de los mongoles, pero, ¿podemos creer todo lo que se dijo sobre esta campaña?  Veréis, lo que se sabe de Gengis Khan ha llegado a nosotros en su mayor parte a través de la obra del historiador persa Rashid Ad-din, que nació veinte años después de la muerte de Gengis Khan.  Rashid ad-din, escribió una obra llamada "Jame´ al-tawarik", que narraba la historia de turcos y mongoles y del poderoso Il-Khanato (hablaremos de él en el próximo artículo). Todas estas masacres fueron narradas por Rashid, pero él no conocía el extraño libro que fue encontrado en China, la "Historia secreta de los mongoles"... La "Historia secreta..." fue mucho más reciente en el tiempo a Gengis Khan, y está escrita a modo de crónica de la vida de Gengis Khan. A lo largo de sus páginas no se escatima en la narración de masacres para con sus enemigos. Por ejemplo, en el párrafo 268: "Después de haber saqueado las tierras de los Tangut y habiendo Gengis Khan exterminado a los padres y madres Tangut hasta la descendencia de su descendencia, mutilándolos y domeñándolos con dolor, dio la siguiente orden: "Ahora, mientras tomo mi comida, habladme de la destrucción y de la muerte de los Tangut, y repetidme que mutilados y domeñados con dolor, su existencia llegó a su fin". Es decir, tal comportamiento era loable según sus estándares. Y sin embargo, durante la campaña en las tierras musulmanas se diferencia bien entre las ciudades destruidas y las subyugadas. Samarcanda, Otrar y Ugench figuran entre las sometidas, y de hecho, en el párrafo 260, Gengis Khan regaña a sus hijos por haberse repartido a los prisioneros como esclavos y no haberle dado su parte. Y es más, en el párrafo 263 se dice que Gengis Khan, después de pasar 7 años en el territorio, dejó comisionados permanentes en las ciudades ante los que responderían los gobernadores que él dispuso, que fueron elegidos entre la nobleza turca. Concretamente, son Yalawaci y Maskut, nobles procedentes de la propia Ugench, los que asesoran al conquistador y le informan sobre las leyes de cada pueblo. Y puesto que estos eran respetados, los deja al mando bajo control mongol. Este control consistía en los comisionados y tropas de origen Khitan que vinieron con él. Es decir, había población que gobernar y era la local, que mantuvo sus leyes y costumbres. Eso sí, sin murallas. Por si acaso.
Otra cosa curiosa. Dice Rashid Ad-din que Gengis Khan encerró a la población en la mezquita y les gritó que él había venido enviado por Dios para castigarlos por sus pecados. Ese concepto entra en conflicto con el Derecho Divino del que los mongoles se sentían propietarios y que subyacía bajo toda su política de conquista. Bien, es una opinión personal, pero el relato me parece auténtica "moralina" disfrazada en la Historia. Eso huele a cuento de zoco.
Y fijaos qué curioso. Tenemos el testimonio de Ibn Battuta, el gran viajero tangerino, que visitó el país alrededor del 1340. En uno de sus numerosas anécdotas cuenta la historia de cómo Gengis Khan conquistó la región. Y su relato es el siguiente: "...Destruyó Bujará, Samarcanda y Termed. Expugnó después Balj. Después marchó sobre Bamiyan a la igualmente tomó y avanzó por fin hacia Jurasán y el Iraq. Pero los musulmanes se alzaron contra él en Balj y Mawara An-nahr. Así que volvió contra ellos, y entró a degüello, no saliendo de allí hasta haberla convertido en un montón de ruinas. Lo mismo hizo en Termed. [...] Perdonó a los habitantes de Bujará y Samarcanda y regresó al Iraq". Aquí tenemos otra versión que cambia un poco las tornas y da otra perspectiva sobre las matanzas entre los civiles. Porque este relato sí casa más con la política de  Gengis Khan: esta degollina la repetiría con los Tangut, como hemos visto más arriba, a la vuelta del oeste, pero por haberlo traicionado al no acudir con él a su campaña contra los musulmanes. Ese comportamiento era su receta contra los traidores. Justo  la misma estrategia que narra Ibn Battuta, después de haber recogido el relato en sus viajes por Jurasán y Corasmia.
Luego entonces, sabemos que destruyó murallas hasta someter a las principales ciudades, y también que destruyó otras ciudades. Es más que probable que no respetara la vida de los que lucharon contra él y cayeron prisioneros. Pero en cuanto a la población civil, creo que al menos se puede dudar de mucho de lo que nos cuenta Rashid Ad-din.  ¿Veis? Eso es lo chulo de recurrir a las fuentes.

En  1223 se completó esta última campaña de Gengis este volvió, como hemos dicho, hacia el este, a ajustar cuentas con los Tangut, que lamentaron el día en que traicionaron la palabra dada a Gengis Khan de unirse a él contra los musulmanes. En 1227, Gengis Khan "subió al Cielo", según reza en "La historia secreta". Sus dominios iban desde el Pacífico hasta Corasmia y Jurasán, y desde los bosques de Siberia hasta el Río Amarillo. Pero aún quedaba mundo para recorrer.
Fue sucedido por Ogodei, su tercer hijo, y este y sus descendientes prosiguieron las conquistas, pero eso lo veremos en el próximo artículo, donde dejaremos de hablar del talento mongol para destruir para retomar su capacidad para hacer justo lo opuesto.

LOS EJÉRCITOS ENEMIGOS DE LOS MONGOLES.

DBA.
La lista de los  los Jin es la IV/14, Jurgen Jin, en la variante b). El territorio es "fértil", pues se trata de un territorio desarrollado, pero el ejército se basa en una tradición esteparia, con  aportaciones de infantería proveniente de los campos y ciudades. Se tienen 6 peanas de Cv, con una de general. Luego se disponen de 2 peanas de 3 o 4 Bd, que son tropas chinas de infantería pesada, 2 peanas de arqueros (ballesteros, en realidad), una peana de Hd, que son tropas de escaso valor, y una peana de artillería. Los mongoles tomaron estas máquinas de los Tangut y Jin. Eran catapultas cargadas con bombas químicas inflamables, que fueron muy útiles contra las ciudades.

La lista de los Tangut es la III/66, Hsi-Hsia. Se trata de un ejército de baja agresividad y terreno estepario, pero con una tradición diferente. Los Tangut procedían del Tibet, y la caballería empleaba tácticas de choque, con largas lanzas, más parecidos a catafractos. Son miniaturas muy bonitas. Eso sí, hay que tener cuidado con esas lanzas porque no caben en ninguna caja.  Hay 3 de estas peanas, una de las cuales es el general. Luego hay 2 peanas de LH, caballería ligera nómada con arco, y tropas chinas, que los autores asumen iguales  a las Sung. Infantería pesada (3x4Bd), ballesteros (Bw o Ps) en tres peanas y una última peana de LH o Hd, que representa a tropas de poco valor.
Ejército Xi Xia para DBA


La lista de los Jorezmitas es la IV/24. Igualmente el territorio es fértil (civilizado), pero el ejército responde a la más pura tradición esteparia turca. Se compone de 4 peanas de Cv, una de ellas es el general, que representan a los Ghilmen clásicos, arqueros acorazados a caballo. Luego hay otras cuatro peanas de LH, arqueros ligeros a caballo, nómadas turcos, otra peana opcional entre LH o elefantes, una de arqueros, una peana de Cv o Hd y una última peana a elegir entre más LH o bien feroces ghazis, infantería media fanática (Wb).
En mi opinión esta última lista está muy bien por su baja agresividad y su terreno fértil, que permite plantear  batallas con mucho espacio para las tropas montadas. El elefante puede ser un estorbo, pero la caballería enemiga estará terriblemente fastidiada si tienen que luchar contra ellos.


AdlG
Una de las cosas que me gustan de AdlG es que con pocas reglas pueden mostrar tradiciones de caballería muy diferentes entre sí, y en estas listas tenemos el ejemplo perfecto.

La lista Tangut es la 215. La parte de caballería es igual. basada en caballería pesada con impacto (tipo catafracto tibetano), pero en la parte de infantería media proponen las formaciones mixtas entre ballesteros y lanceros. La infantería pesada puede ser tipo lancero o bien arma pesada (pensad en esas lanzas con esas hojas tan largas).

La lista Jurgen es la 216. Aquí la caballería es diferente al caso anterior, acorazada con arco pero con impacto (más parecida a los mongoles). Incluye la opción de poner caballería de estilo Khitai, esa que combina solados con lanzas y otros con arcos.. La infantería es del mismo tipo que para los Tangut. Aquí se incluye más artillería e infantería ligera con armas de fuego.

Los jorezmitas son la lista 200. Se puede apreciar en ellos una tradición a caballo diferente, más turca, pues son los arqueros acorazados a caballo tipo Ghilmen, que carecen de la habilidad impacto. Se explica también que los elefantes proceden de sus aliados afganos (recordemos a la dinastía gaznávida, por ejemplo)

domingo, 16 de julio de 2017

Historia secreta de los mongoles

En el principio había un lobo gris, cuyo  destino fue decretado por el Alto Cielo. Su esposa era una pequeña cierva. Llegaron atravesando el lago. Después de asentarse en las fuentes del río Onon, en el monte Burqan Qaldun,  nació de ellos Bataciqan.

Historia secreta de los mongoles, capítulo I.

Saludos. En el artículo de hoy hablaremos del último y definitivo pueblo de las estepas. Un pueblo que se convirtió en una máquina de guerra imparable, que mostró una inventiva y una capacidad de adaptación asombrosa, y todo ello bajo el gobierno de un solo hombre. El Elegido del Cielo. El Líder Celestial. Hablamos pues del pueblo mongol, y del hombre que lo unificó: Gengis Khan.


Empecemos por el principio. Lo que ahora llamamos mongoles eran uno de los múltiples pueblos esteparios que vivían y morían a caballo en las estepas de Asia. Emparentados con los turcos (que recordemos que en siglo VIII ya habían formado su propio imperio desde las montañas Altai), los mongoles ocupaban la zona al norte de China y al sur de los bosques de Siberia. Las estepas de suaves pendientes y largos y grandes ríos eran su territorio.   Eran pastores nómadas, y desde que se subieron a lomos de sus caballos, nunca más se bajaron. Tenían grandes rebaños de animales que suministraban todo lo que necesitaban; lana para hacer fieltro y otros tejidos, huesos, piel, tendones...
Además practicaban la caza como deporte y entrenamiento para la guerra. Ciervos y gamos y otros animales de las estepas eran sus presas favoritas. Tenían a los halcones en alta estima y eran expertos cetreros. Adoraban cabalgar con ellos en el brazo.  También pescaban y cogían cangrejos en los ríos que recorrían las llanuras, y ponían trampas para cazar a los perillos de las praderas y otros pequeños mamíferos.
  Conocían bien la metalurgia y eran hábiles, aunque su arma definitiva era el arco compuesto, que desarrollaron y perfeccionaron. Desarrollaron una técnica propia de disparo usando un anillo en el dedo pulgar para tensar la cuerda. Este estilo permite llevar la cuerda más atrás, que es lo que el arco compuesto, de pequeño tamaño para ser cómodo a caballo, necesita.  Igual os sorprende, pero nuestro pulgar tiene una fuerza prodigiosa. ¿Os duelen los dedos de llevar las bolsas del Mercadona? Probad a colgarlas del dedo pulgar y veréis
Comparativa entre el tiro mediterráneo y el mongol.
 
lo que aguantáis si sujetáis el pulgar cerrado con el dedo índice. En uno de los pasajes de "Historia secreta...", un hijo de Gengis Khan reta a otro a que le venza disparando con el arco, y si lo hace, se cortará el pulgar.
Rezaban al dios del Cielo, y practicaban el chamanismo. "Chamán" es una palabra que viene de las lenguas turcas y mongol, y significa "el que sabe".
Chamán mongol.
Se movían por la estepa en grupos familiares, clanes o tribus, formados a partir de un líder principal. Los lazos de parentesco eran muy importantes, pero estos grupos no tenían una composición fija, y con frecuencia se escindían o se agrupaban entorno a nuevos líderes. Las reglas de cortesía y el protocolo  eran complejos, y junto a su carácter orgulloso, a menudo bastaban unas pocas palabras mal entendidas. o asignar un lugar no acorde con su estatus a alguien durante una celebración,  para que dos parientes se volvieran enemigos o comenzara una guerra. En sus movimientos los hombres iban a caballo y las mujeres solían quedarse en los grandes carros tirados por bueyes. Las mujeres jóvenes y casaderas iban en el banco delantero, bien visibles, por si alguno
quería pedirla como esposa.
Hasta el advenimiento de Gengis Khan, guerreaban por los rebaños, el territorio para sus pastos, o por saqueo. Los enfrentamientos eran continuos y la mortandad entre los hombres era elevada, por lo que la poligamia era habitual.


LA GUERRA EN LAS ESTEPAS
Los ejércitos mongoles estaban formados en su inmensa mayoría por arqueros a caballo. La mayoría de los hombres iban equipados a la ligera, pero los nobles disponían de armaduras de escamas o de cuero reforzado con acero, lanzas y espadas,  y formaban unidades de choque. En ocasiones, si el terreno obligaba, los mongoles eran capaces de ser competentes a pie, pero sus tácticas estaban diseñadas para los espacios abiertos.
Los ejércitos tenían base decimal, disponiendo de jefes de diez, de cien, de mil y de diez mil hombres. Hacían uso de instrucciones mediante estandartes, y una de una curiosa costumbre; muchas órdenes verbales se hacían en verso para ser recordadas mejor.

Vanguardia de Gengis Kan en la película "Mongol",
tomando posiciones en primera fila contra Jamuqa .
En batalla, los ejércitos solían presentar una vanguardia, que podía operar a veces hasta a varios días de distancia, un cuerpo principal  (dividido en centro y dos alas) y una retaguardia. Si habéis visto "Mongol", digamos que la vanguardia son los tipos de las espadas curvas que salen al principio de la batalla). Pero la realidad es que esa vanguardia, aunque era una posición de honor (es decir, una posición muy arriesgada), no eran suicidas. Las vanguardias solían ser la caballería ligera, y se dedicaba a hostigar y a huir, o bien tropas con instrucciones para entrar en combate y retirarse rápidamente, atrayendo al adversario en la dirección deseada por el general. Gengis Khan formó parte de su vanguardia en la batalla frente a Jamuqa (ver más abajo), pero era un puesto que solían disputarse sus generales.

Una vez la batalla comenzaba y la vanguardia ejecutaba su función, el cuerpo principal entraba en combate.
También eran expertos en las retiradas intencionadas, que atraían a sus rivales a nuevas trampas en la que tropas emboscadas. En las amplias llanuras, los ejércitos solían tomar formaciones asombrosas y ejecutar ataques en muchas direcciones, o en puntos muy concretos, según la marcha de la batalla. También, en momentos desesperados o para proteger el campamento, levantaban empalizadas con los carros y tratan de resistir a los asaltantes hasta la llegada de refuerzos.

Todas estas tácticas eran practicadas por los mongoles, pero fue sin duda Gengis Khan el hombre que mejoró y aplicó con más acierto todas estas tácticas, como veremos a continuación.

TEMUJIN
 El tiempo en  las llanuras  parecía haberse detenido hasta que nació un niño al que llamaron Temujin. Un niño elegido por el Cielo  para gobernar el mundo bajo él. Es difícil saber qué fue de su vida antes de convertirse en qan.  La fuente que tenemos es un misterioso libro llamado "Historia secreta de los mongoles", una de las pocas obras escritas de los mongoles antes de la fundación de su imperio. Fue terminado alrededor del 1240 y en él se narra la genealogía imaginaria de Temujin. De hecho, el libro permite trazar su genealogía, en el capítulo I, hasta el Lobo y la Cierva que el Alto  Cielo s enviaron a la tierra. De hecho,  busca la legitimación divina de Temujin como gobernante del mundo por mandato celeste, un concepto fundamental para comprender la épica y el espíritu de este pueblo.
Tras la  muerte de su padre, el qan mongol Yisugüe Ba´atur,  envenenado por la tribu de los tártaros, su madre perdió su estatus en su clan y vivió apartada de los demás, pero no dudó en cazar, pescar y arrancar bulbos y raíces de la tierra para poder sacar a sus hijos adelante. Ya desde pequeño se decía que tenía "fuego en los ojos y luz en el rostro". Estas "señales" divinas" le permitieron encontrar amigos de su padre o parientes, o hacer nuevos amigos, que salvaron su vida, que le ayudaron, o a los que él ayudó en momentos de necesidad. Siendo niño llegó a estar perseguido, encadenado y llegó a huir escondiéndose en la corriente del río de sus perseguidores, deseosos de acabar con la estirpe de Yisugüe Ba´atur.  Persecuciones, robos de caballos, un carcaj para defenderse con sólo dos flechas... Aventuras y más aventuras.  Uno de aquellos personajes se convertirá en un personaje fundamental en su vida: Jamuqa. Era el hijo mayor de uno de los amigos de su padre, qan a su vez de una tribu, y se comprometió a ayudarle a que las tribus que seguían a su padre también le siguieran a él.
Una tribu rival, los Merkit, secuestraron a la madre de nuestro héroe. Cuando Temujin le pidió ayuda, el amigo de su padre ordenó a Jamuqa que se pusiera al frente de las tropas y asistiera a Temujin.

Jamuqa y Temujin.
Derrotaron a los Merkit,  y se hicieron grandes amigos. "Amigos juramentados", es el término que usa el libro. Sin embargo, en esa confederación que se estaba formando alrededor de ellos, Jamuqa tal vez sospechó que los hombres seguirían a Temujin antes que a él. Esta idea debió de atormentarlo. En una ocasión dio un desplante al futuro Gengis Khan, quien se dio cuenta de lo que pasaba. Reunió a los clanes que le seguían y se separó de aquella confederación un año y medio después de haberse formado.  Fueron pocos, entonces, aunque muchos de sus líderes eran parientes de Jamuqa que habían preferido a Temujin. Sospechando tal vez que aquello terminaría en guerra, realizaron una asamblea y lo eligieron qan, y desde ese momento pasó a llamarse Gengis Khan, el elegido por el Cielo. Se dice que el cielo respondió con un trueno de aprobación cuando Temujin tomó su nuevo nombre.
 Mientras,  Jamuqa conspiraba junto a las tribus que miraban al nuevo líder con recelo.  La siguiente vez que si vieron fue en el campo de batalla.

LA UNIFICACIÓN DE UN PUEBLO
La "Historia secreta de los mongoles" cuenta desde ese momento como Temujin va reuniendo tribus a su alrededor. Al principio son los líderes tribales los que le buscan y le ofrecen amistad. Cuando por fin comienza a tener victorias las otras tribus, es cuando ejecuta su cambio de paradigma. Hasta entonces, un líder fuerte atraía a otras tribus en grandes coaliciones para luchar contra otras más débiles. Los hombres derrotados eran muertos o esclavizados, y sus mujeres eran repartidas entre los vencedores.  Cada uno  mantenía intereses distintos, y ninguna de esas confederaciones fue muy duradera. Pero el joven Temujin dio la vuelta a aquel sistema. Para empezar, perdonó la vida a los que de sus rivales se portaron con más nobleza:  guerreros que protegían a sus jefes mientras huían de la batalla, hombres caídos en desgracia... Todos encontraban su lugar en la corte que el nuevo qan estaba creando. Y cuando derrotaba a esas tribus, en lugar de esclavizarlos, los unía a su ejército, pero con los líderes que él escogía. Si se fiaba de la tribu, si pertenecía a los que habían ido con él originariamente, formaba unidades de 1000 hombres con ellos. Pero si eran enemigos vencidos, los distribuía entre diferentes unidades, a los que asignaba líderes escogidos por él. Líderes escogidos por su valía, no por su prestigio familiar.  Un mongol sin su clan no era nada. No concebían existir sin pertenecer a algo. Su nueva unidad y su nuevo líder eran por tanto su nueva familia. Esto los unió a Gengis Khan de una forma que sus enemigos nunca supieron entender hasta que fue demasiado tarde.  Con esa idea tan sencilla en apariencia, pero tan revolucionaria, su ejército creció muy rápido en número, entrenamiento y lealtad. Ya no existían intereses tribales más allá de que dictaba el nuevo y astuto Qan. Y fue dictando leyes, implantando impuestos, y ordenando la sociedad, de forma que los lazos tribales fueron perdiendo importancia en favor de los intereses del estado que tenía en mente.
Jamuqa en esta historia reunió por su parte a la aristocracia de las tribus esteparias que  querían acabar con Gengis Khan: los tártaros, los merkit, los naiman... Aquellos años representaron el conflicto entre un viejo mundo que desaparecía y uno nuevo que nacía, y el fin de dicho mundo ocurrió en 1204, en el año de la Rata, en las tierras cercanas a los montes Altai. Allí, la gran confederación de Jamuqa y el nuevo ejército de Temujin se enfrentaron de manera definitiva.  Merece la pena que nos detengamos en este hecho, porque está muy bien narrado en la "Historia Secreta..." y muestra perfectamente los problemas a los que tuvieron que enfrentarse estos temibles guerreros de las llanuras y, sobre todo, la astucia de Gengis Khan.
Jamuqa  y los Naiman estaban  los alrededores del monte Altai cuando Gengis Khan lanzó su campaña contra ellos desde el otro lado de la estepa. Jamuqa tenía noticias de que el ejército enemigo era inferior en número, y sabía que después de tal desplazamiento, sus caballos estarían débiles, mientras que los suyos se habían alimentado bien durante semanas en las suaves estribaciones de los montes y estaban descansadas. Envió a su vanguardia a acosarlos y a provocar que los persiguieran, para atraerlos a las tierras cercanas  los montes. Contaba con que los caballos mongoles no tuvieran tiempo para descansar y también con elegir así el campo de batalla.
Gengis Khan y su Estado Mayor eran conscientes de que eran inferiores y sus animales estaban cansados. Necesitaban tiempo, pero los exploradores ya traían noticias de la cercanía de la vanguardia enemiga. Entonces recurrieron a una brillantes estratagema. Acampó en la estepa Sa´ari, 500 km. antes de llegar a los montes Altai. Ordenó a sus hombres que por las noches, cada soldado encendiera cinco hogueras,  "para que el campamento mongol mostrara más fuegos que estrellas en el cielo". Imaginad la estampa. En la negrura de una noche sin luna, qué sería el firmamento sino un pálido reflejo de la inmensa constelación de fuegos del campamento de Gengis Khan, titilando en la oscuridad.
Cuando la vanguardia de Jamuqa llegó a divisarlos, se quedaron asombrados. En efecto, cuando comprobaron la enorme extensión del campamento y el número de fuegos, vacilaron y dieron media vuelta. Así Gengis Khan ganó unos días para descansar y alimentar a sus caballos. Y no solo eso, sino que Jamuqa, ante tales noticias, decidió mal y perdió su mayor ventaja. Él y los naiman pasaron a mantener una estrategia defensiva, cercana a un barranco, a una mayor elevación, para que Gengis tuviera que luchar desde un terreno desfavorable. Pero esto le impedía aprovechar su superioridad numérica. Cuando el ejército de Gengis Khan llegó frente a ellos, él se colocó en la vanguardia para acosar a su enemigo y no dejar que se abrieran, mientras que a su ejército le ordenó formar en "lago". El "lago" era una espectacular táctica: los hombres se abrían, ocupando mucho terreno, y se lanzaban ataques a lo largo de todo el frente en sucesivas oleadas, como "olas levantadas por el viento".
Cada oleada atacaba y se retiraba rápidamente pasando entre los huecos de la anterior. Esto obligó a los naiman a repeler ataques por todo su frente, sin poder apoyarse unos a otros. Cuando Gengis Khan volvió al cuerpo principal de su ejército y comprobó que el enemigo estaba debilitado, ordenó la nueva táctica: el "cincel". Consistía esta en concentrar a sus tropas de choque, a los jinetes mejor equipados, con armaduras y lanzas, en los puntos débiles de la formación enemiga, que ya se estaba debilitada. Para entonces, Jamuqa y los nobles se habían retirado y habían dejado a sus hombres atrás, y esto terminó por condenarlos. La victoria de Gengis Khan fue aplastante. Su imperio había comenzado.
Gengis Khan todavía necesitaría dos años más para terminar con las demás tribus que habían huido pero que permanecían aisladas. Jamuqa fue capturado en 1206, y aunque Gengis Khan se mostró clemente con él, Jamuqa le rogó que lo ejecutara. Se negó a vivir derrotado junto al que había sido su amio.

En la próxima entrega, hablaremos de las campañas de conquista de Asia que lanzaron Gengis Khan y sus descendientes.

LOS EJÉRCITOS MONGOLES EN LOS WARGAMES
DBA
Se trata de la lista IV/35. La composición es típica de ejércitos esteparios, aunque incluye alguna sorpresa. Se compone de tres peanas de Cv, que representan a los nobles y las tropas mejor equipadas, ocho de LH, caballería ligera mongol, y una peana opcional entre LH y Art. Esta peana de Art se justifica porque dicho ejército va desde 1206 a 1266. En ese periodo los mongoles ya habían conquistado su gran imperio y habían incorporado máquinas de guerra para asediar ciudades o incluso usarlas en batallas a campo abierto. Tiene una alta agresividad, 4, lo que puede ser un hándicap en torneos, porque el terreno difícil le complica la vida. Eso sí, son un ejército chulísimo para una campaña histórica o un torneo temático sobre las estepas.

ART DE LA GUERRE.
Se trata de la  218, Mongoles imperiales. La lista se basa en caballerías y caballerías ligeras, donde todas las tropas  pueden subirse a élite. Incluso las caballerías acorazadas con arco puede tener impacto también, lo que refleja su superioridad en combate cuerpo a cuerpo. Incluye también la artillería, así como tropas a pie de poca calidad, que representan a los pueblos no nómadas que cayeron capturados por los mongoles, y que a veces se incorporaron al ejército para quedar en retaguardia y realizar tareas menores de aprovisionamiento, etc. El mando es 6. En este caso, las reglas de AdlG permiten reflejar mejor las ventajas tácticas de contar con Gengis Khan entre tus tropas.

FIELD OF GLORY
Se trata de la lista "Mongol Conquest", del libro "Empire of the dragon". Se baja igualmente en la combinación de caballería acorazada con arco  superior y ligera superior con arco. Hasta la ligera puede ser drilled/superior.