martes, 18 de septiembre de 2018

La dinastía búyida III. El ocaso

Malik ar-Rahlm, el último príncipe
Búyida

Saludos. En el artículo anterior nos quedamos en el fallecimiento de Adud-ad-Daula, con el que el imperio de los Búyidas alcanzó el cénit de su esplendor. En este artículo trataremos del ocaso de esta dinastía, pues sólo nos quedan tres generaciones de príncipes dailami antes de que su estrella se apagara para siempre.
                La sucesión de Adud no fue sencilla. Su hijo Samsam ad-Daula, que gobernaba en Fars, estaba en Bagdad en ese momento. Su hermano Sharaf ad-DAula gobernaba Kirman. Mu´ayd, hermano de Adud, gobernaba en Rei. Samsam ocultó la muerte de su padre y distintas cartas con sus ello fueron enviadas, con el nombramiento de Samsam como “Emir Mayor”. Pero Sharaf tenía sus apoyos en Bagdad. En secreto se le envió una carta informándole de la muerte de Adud. Reunió entonces a sus tropas y en cuanto estuvo listo, invadió Fars desde Kirman, cortando así el acceso a Samsam a su fuente principal de recursos. Este se mantuvo en Iraq, pero en los meses siguientes tuvo muchas dificultades con sus mercenarios turcos y dailami, y su debilidad fue aprovechada por Badr, el príncipe kurdo, que tomó la provincia de Diyabakr y obligó a Samsam a reconocer su legitimidad en dicho territorio.
                Mientras, el viejo tío Mu´ayd agonizaba. Su visir, llamado Sahib bin Abbas, que también sirvió a Rukn ad-DAula y el propio Adud ad-Daula, y que fue el verdadero ideólogo del imperio, hizo llamar entonces al hermano rebelde de Adud, Fakhr ad-Daula, que se había refugiado primero junto a Quabus, príncipe de los Ziyáridas en Tabaristán, y que ante el ataque de Adud, ambos habían huido a Bukhara, hogar de la casa Samánida. Sahib llamó a Fakhr, y este se apresuró a retornar. La decisión del visir respondía a la preferencia de los guerreros dailami, que eran la verdadera base de su poder. Y Fakhr, aconsejado por Sahib, no dejó que Quabus regresara, sino que se apropiaron de sus dominios en Tabaristán, que no eran nada despreciable, a pesar de haber ayudado a Fakhr cuando lo necesitó y haber soportado el destierro junto a él.
                Pero Adud tenía dos hijos más jóvenes que también querían una oportunidad. Se llamaban Taj ad-Daula y Diya ad-DAula, que marcharon a Khuzistán cuando Sharaf invadió Fars. Khuzistán era la provincia entre Irán e Iraq, punto de paso obligado. Allí se proclamaron “reyes”.
De modo que ya no había tres aspirantes, sino cinco. Esta situación tan caótica fue el resultado de una condición endémica de esta dinastía: la falta de una política establecida de sucesión. Cuando a la muerte de un Emir Mayor no había un sucesor fuerte y que todos respetaran o temieran, los emires o príncipes se lanzaban unos contra otros hasta que la situación se equilibraba de nuevo tras muchos y duros combates y otras acciones escasamente diplomáticas. Pero tras la muerte de Adud, ningún aspirante tenía una posición clara. Ninguno era lo suficientemente poderoso como para recibir la aceptación sin lucha de ninguno de los demás.
Samsam pasaba grandes apuros en Bagdad. Aunque convenció al gobernador de Omán para que hiciera defección del emirato de Fars (entre otros argumentos, Samsam custodiaba al hijo del gobernador, que estaba estudiando en Bagdad), su hermano Sharaf no dudó en enviar  a uno de sus mejores generales y en una gran batalla recuperó la región. Poco después, Samsam tuvo noticias de los Qarmasíes: habían invadido Iraq desde Arabia. Los Qarmasíes eran una feroz tribu árabe, de confesión chií, que habitaban la costa este de Arabia y sus islas en el Golfo Pérsico. Habían sometido al resto de la península a un régimen de terror y depredación que les hace merecedores de un artículo separado en el futuro. Baste decir que tenían un visir permanente en Bagdad, con acceso directo al emir mayor de los Búyidas. Pues los Qarmasíes, viendo la debilidad de Samsam, entraron en Iraq y tomaron Kufa. La ciudad pudo ser recuperada, pero los turcos se rebelaron de nuevo en Bagdad y proclamaron al joven hijo de Sharaf como Emir.  Hasta el califa les apoyó, pues prefería a un joven poco hábil al propio Samsam. Y en verdad estuvo a punto de perderlo todo. Cuando aquella noche fue a  ver al Califa, se encontró que este le daba con la puerta en las narices. Ahí fue cuando se sintió perdido de verdad pero Samsam se apoyó en uno de los generales turcos que traicionó la revuelta y en un ataque por sorpresa puso en fuga a los rebeldes. Y, ¿sabéis qué? El propio Califa le otorgó de nuevo vestidos y honores y le felicitó por el control de la rebelión. Porque así de complejo era ese mundo.
Todos los nombramientos venían acompañados de las vestiduras honoríficas.

Al final Samsam tuvo que rendirse a Sharaf. En una de sus subsecuentes crisis, Sharaf avanzó desde Fars y Samsam decidió entregarse en contra de la opinión de sus visires cuando acampó a las puertas de Bagdad. Sharaf le encerró en una tienda de campaña y fue allí, tal y como dice la crónica, tumbadobo sobre dos cojines, con la cabeza colgando por uno de ellos y mirando la tela, lo único que impedía que los soldados de Sharaf, a los que se habían unido los mercenarios no pagados por Samsam, entraran a matarlo, cuando lamentó haberse entregado sin lucha. Así fue como Sharaf unificó los dos emiratos, tras enviar a Samsam a Fars. Sin embargo, al año siguiente Sharaf comenzó una campaña contra los kurdos que no pudo terminar, pues entró en ese selecto club lleno de jóvenes talentosos y malogrados que murieron con la misma edad: Jim Morrison, Kurt Cobain, Janis Joplin y Sharaf ad-daula. La crónica de la época dice que cuando estaba en su lecho de muerte, se dejó convencer por fin de que era necesario matar a Samsam. Bien, Sharaf no permitió que lo mataran, pero sí ordenó que lo cegaran, cosa que solo lograron parcialmente.
Cuando Sharaf murió, el tercer hijo de Adud-ad-Daula, que recibió el título de Baha ad-Daula, tomó el poder en Iraq. Mientras, Samsam escapó y tomó el control de Fars, y Fakhr intentó entrar desde Rei. Pero este último movimiento sólo hizo que Baha y Samsam se aliaran contra su tío y lo rechazaran. Desde este momento, Baha y Samsam se toleraron y decidieron que ambos podían llamarse “reyes” en lugar de “emires”. Fue una decisión quizás infantil, pero lo que mostró es que el imperio unificado de los Búyidas era cosa del pasado y ya no habría poder para volver a unirlo.
En cuanto al emirato de Rei y Fakhr ad-Daula, este estaba concentrado en recuperar esa unidad. El visir Sahib convenció a Fakhr de que en lugar de centrarse en Iraq, debería volver la vista al este y conquistar Khurasán. Pero por aquellos días, los Samánidas, en horas bajas, como vimos en su artículo, habían cedido el control a los Gaznávidas, y Mahud era un hueso demasiado duro de roer. Entre el 984 y el 988, los Búyidas se desgastaron y se estrellaron contra los elefantes turcos. Y para colmo de males, Sahib falleció, por lo que el emirato de Rei perdió el último sostén del imperio que una vez tuvieran los dailami.
El poder también se hallaba en el harem y en las dependencias
de las Reinas Madres

En fars, Samsam se vio agobiado en este periodo por el avance de los Safáridas desde Kirman (ver Dinastías Jorasaníes I), donde habían sobrevivido como vasallos durante el dominio Samánida y el Búyida, y en ese momento se veían con fuerza suficiente para lanzarse sobre Fars. De modo que Samsam buscó apoyo en Fakhr, y terminó por reconocerlo como “Emir Mayor”, pero le serviría de poco, porque el viejo dailami falleció dejando dos hijos demasiado jóvenes para gobernar: Majd y Shams ad-Daula. Y una viuda, una mujer con arrestos y carácter, y que tomó las riendas de la regencia con mano de hierro. La Reina Madre, la “Saída”, es decir, la “Señora”.
Esto no debe sorprendernos, aunque en las crónicas se evita mencionar los logros políticos de las mujeres de la casa Búyida (o de cualquier otra casa, en realidad), esos mismos textos dejan indicios inequívocos de la importancia de las Reinas Madres y Reinas Consortes en este periodo. En la “Continuación a la experiencia de las naciones”, en un pasaje se cuenta el consejo de un visir al propio Samsam sobre la elección del secretario de su madre. El candidato ya se había hecho también con un cargo importante y controlaba los almacenes del emir, y el visir le previene que si además controla la secretaría de la Reina Madre, se haría demasiado poderoso y terminaría “tutelándolo”. Es de suponer (en mi opinión, tras leer las crónicas), que las mujeres búyidas tuvieran un gran peso en las relaciones entre las casas de los emires. Eran los vínculos entre ellas. La Saída, por ejemplo, cuando tuvo que defender una de sus provincias y no tenía medios, asignó dicho gobierno a una rama kurda de su familia, los Kakuyíes. En otro pasaje, también  se menciona que la madre de Samsam influye fuertemente en el nombramiento de otros visires, y llega a conseguir que Samsam otorgue idénticos poderes a su visir favorito y al candidato de su madre. Imaginad, dos visires con idénticos poderes y rivales políticos. Aquello fue un desastre.
Mientras la Saída tomaba las riendas de Rei, Baha se había fortalecido y estabilizado en Iraq y se vio con fuerzas para invadir Fars. Se alió con los kurdos para ello. Samsam ya no le reconocía y se convirtió en su enemigo. Entonces, la tragedia se consumó, pues uno de los hijos de Izz-ad-daula, un primo de Samsam, escapó de su confinamiento y mató a Samsam, ejecutando una larga venganza por haber desplazado su rama de la línea hereditaria de Iraq. Fars quedó sin líder y cayó rápido, y Baha ad-Daula unificó de nuevo dos emiratos.
                Mientras, el emirato de Rei, gobernado de facto por la Saída, tenía sus propias dificultades. Para empezar, un príncipe ziyárida llamado Qabus, que había ayudado a Fakhr ad-Daula y juntos habían huido a la corte de los Samánidas,  regresó a la muerte de su anterior amigo y tomó Gurgan. Lo hizo por venganza, pues Fakhr, tras regresar a Rei, en lugar de ayudarle a regresar a su trono, le arrebató sus provincias y le pidió a los Samánidas que lo retuvieran lejos. Pues Qabus regresó y tomó la provincia de Gurgan. La Saída organizó un contraataque, pero dice la crónica que a la primera carga de los dailami de Qabus, el ejército del pequeño Majd ad-Daula, dirigido por uno de sus peores visires, se descompuso. Por otro lado, como mencionamos antes, puso la Saída puso a los Kakuyíes al frente de Isfahan. Pero estos parientes se volvieron díscolos, y en los años que restaban de poder búyida serían un incordio y se aliarían con sus peores enemigos.
Fueron casi veinte años de guerras del emirato contra los Gaznávidas y Ziyáridas, guerras que agotaron los recursos de la anteriormente rica región. Y todo se perdió. Khurasán, Gurgan y Tabaristán y tuvieron que reconocer finalmente a Baha para poder contar con su apoyo, en el año 1010. Parecería que por fin iban a unirse los emiratos, pero en 1012 falleció Baha ad-Daula, cuando de nuevo nada estaba estabilizado, tras haber perdido Iraq casi por completo frente al avance fatimí y de las nuevas dinastías beduínas que le fueron arrebatando el país. Y de nuevo el violento juego de sucesiones comenzó, aunque en esta última generación de príncipes búyidas la partida se jugaría entre los cuatro hijos de Baha. Pongo sus títulos, no sus nombres persas: Sultan, Musharraf, Jalal y Qarwam ad-Daula.
Mahud de los Gaznávidas. Fuente: Epic World History 
Sultán ad-Daula fue reconocido como “Emir Mayor” y heredero de Baha, y recibió sus ropas ceremoniales de califa. Sus hermanos marcharon como emires a los demás principados y reinos, pero la situación no les contentó y pronto comenzaron las disputas. Disputas alentadas además por los Kakuyíes en Isfahan y los Gaznávidas en el este, pues no deseaban un nuevo estado dailami bien estructurado y fuerte, sino que se pelearan entre ellos, y aquellos príncipes búyidas antepusieron sus intereses personales a los de su propia casa, y sentenciaron su imperio. Desde el 1018, Qarwam atacó  desde Kirman al emirato de Fars, antiguo núcleo de Adud ad-Daula, la  tierra que conoció veinte años de paz y prosperidad. En otro momento, el ejército se rebeló a Sultán y le forzó a nombrar como jefe a Musharrif, etc. Las traiciones y maniobras se sucedían, pero ninguno tuvo poder para imponerse sobre los demás, lo que provocó conflictos más largos y profundos que socavaron completamente su poder.  Los cuatro hermanos acordaron incluso llamarse “reyes”, en lugar de “emires”, compartiendo aquellos honores a los que aspiraban. Prostituyéndolos, en realidad, pues ni aun así les satisfizo.
                En 1025, Musharrif y Sultán habían muerto. Poco después les siguió Qarwam, envenenado (las crónicas relatan las escenas en las que dichas muertes son decididas y las órdenes impartidas. Da escalofríos).  Las tropas dailami eligieron a Jalal como nuevo “Emir Mayor”, en perjuicio del hijo de Sultán, Abu Kalijar, que contaba con muchos partidarios. Y mientras estos peleaban, el primer emirato en caer fue Rei. Un torpe y apenas emancipado de su madre Majd ad-Daula tuvo la ocurrencia de pedir ayuda a Mahud de los Gaznávidas para sofocar una revuelta de sus mercenarios dailami. Sus parientes no le ayudaron. Y Mahud estaba muy por encima de Majd. Le arrebató Rei.  Indiferentes al verdadero significado de aquella pérdida, Abu Kalijar y Jalal siguieron disputando hasta que, con la bendición califal, el primero se hizo con el título que tan caro lo había costado.
Entonces la estepa vomitó una nueva oleada de jinetes turcos, los Seljuk. Hablaremos de ellos más adelante, pero baste decir que entre el 1036 y el 1040 destruyeron a los Gaznávidas y tomaron la Transoxiana, Khurasán, Kirman  y parte de Fars. Se convirtieron en una nueva potencia, y todos los enemigos que les quedaban a los Búyidas se volvieron hacia los Seljuk para pedirles ayuda y acabar con la dinastía dailami. Y Togrul Bei, su jefe por aquellos días, había comprendido cómo aprovechar la estructura de poder que habían creado los Búyidas alrededor del califato, y poco a poco, los suplantaron.

                En 1040 murió Jalal y en el 1048, Abu Kaljar. El último príncipe búyida se llamó Malik ar-Rahl. Demasiado joven, demasiado engreído, criado en la corte entre almohadones, Malik nunca llegó a entender que su mundo se venía abajo. No debemos pensar que la corte le dio la espalda. Al contrario. Todo seguiría como siempre: le ofrecerían honores, se postrarían ante él, el Califa le recibiría… Todo ello mientras éste intercambiaba mensajes secretos con los Seljuk y conspiraba, creyéndose lo suficientemente inteligente como para engañar a turcos y dailami.
En el 1053, el califa envió el nombramiento a Togrul Bei como “Segundo Emir Mayor”, sólo por debajo en honores a Malik. Togrul estaba lejos y no parecía querer pisar Bagdad. Esto debió tranquilizar a Malik. Pero el viejo turco era un hombre muy asututo. Tres años tardó en presentarse en la capital, y no lo hizo al frente de un ejército, sino vestido de peregrino y con una escolta reducida, para que su visita no pareciera una amenaza militar. Togrul llegó por sorpresa para todos menos para el califa, claro, que “se vio obligado” a recibirle y darle su hospitalidad, mientras Malik miraba todo aquello sin entender. Aquella tarde, la escolta de Togrul entró en Bagdad y causó grandes destrozos. La población se volvió hacia Malik y le pidió que castigara a aquellos brutos turcos. Entonces Malik lo hizo, pero al día siguiente, Togrul, “ofendido” por la osadía de Malik, lo hizo llamar a su campamento. Malik se presentó con una escolta muy reducida, exigiendo explicaciones a Togrul, mientras este sonreía y sus hombres daban buena cuenta de la escolta de Malik. Para eso había ido a Bagdad. Para detener a Malik y deponerlo. Él, el único con honor y poderes suficientes como para detener a un “Emir Mayor”. Así acabó el poder de los Búyidas, y comenzó el dominio turco del Islam. Pero esa es otra historia, amigos.
Estupendo árbol genealórico realizado por  Carmen Chorda
para su blog "Genealogía Universal de los Pueblos hasta la Edad Moderna"




viernes, 14 de septiembre de 2018

Libro de relatos del I concurso del grupo de Telegram " La Biblioteca Perdida"

Saludos. Antes de verano tuve la fortuna de quedar en primer lugar en el I Certamen de relatos del grupo de Telegram no oficial de La Biblioteca Perdida. Ha sido una suerte conocer a esta comunidad a través del podcast de "La Biblioteca Perdida", y luego a través de Telegram, aplicación que he conocido gracias a ellos, además. Cuando fallaron el premio, tuve la suerte de poder quedar con ellos un día y conocer a algunos en persona.
El certamen pedía relatos de temática histórica, y con los seleccionados se hizo este libro electrónico que aquí os dejo. Un grupete muy apañado de relatos cortos. Lo fantástico de los cuentos es que bastan unos pocos minutos para disfrutar de toda la historia.
Mi propuesta trataba de los últimos instantes de la vida de Arquímedes. ¿Qué pensaría? ¿Por qué tuvo aquella muerte tan extraña y sin ningún sentido? Pues esa fue la idea que originó el relato. Para el título, opté por una traducción libre de la exclamación más famosa del sabio...
No os perdáis los fantásticos relatos de este libro
.I Certamen de Relato Histórico de La Biblioteca Perdida
 

sábado, 1 de septiembre de 2018

Histórica, nº 2



Saludos. Presentamos el segundo número de la revista "Histórica", llena de excelentes artículos de mis compañeros. En esta ocasión, el contenido es este:
Contenido

Y el link para descargársela:

Histórica


En este número, la aportación de HistoriaHispano es la Historia de la Rus.
Confiamos en que os guste.

miércoles, 22 de agosto de 2018

La dinástía búyida II: La era del esplendor.


Medalla de Rukn-ad-Daula con símbolos reales
sasánidas. Fuente: Wikipedia
Saludos. En el artículo anterior nos quedamos en el momento en el que Ali bin Buya, llamado  Imad ad-Daula llega al final de su vida, en el 949. Recordemos que los tres hermanos bin Buya se habían repartido sus territorios en tres emiratos: el de Fars, gobernado por el propio Ali; El de Rei, gobernado por Rukn-ad-Daula y el de Bagdad, que tenía dominado al propio califa, para el hermano menor, Mu´izz ad-Daula, o Hasan bin Buya.  En adelante usaré los títulos que les otorgaron los califas, para evitar confusiones.

Antes de su muerte, el viejo Imad-ad-Daula hizo llamar al único descendiente de su familia que había llegado a los 13 años: el príncipe Fana-Khusrau, hijo de Rukn-ad-Daula, y le legó el emirato de Fars. Pero no se preocupó de ningún otro asunto relativo a la sucesión del título de “Emir mayor” o “Emir principal”. Cuando murió, Fana-Khusrau tenía quince años, y su padre Rukn ad-Daula, el mayor de los bin Buya que quedaba vivo,  pasó con él los primeros nueve meses de su reinado, a pesar de sus numerosos problemas en Rei, para asegurar el traspaso de poderes a su hijo, y para darle las directrices necesarias para el gobierno de Fars, como emir sometido a la autoridad de “Emir mayor”, pues en eso se convirtió Rukn-ad-Daula.  Esto se sabe porque en las monedas de Fars, el nombre de Rukn ad-Daula aparece junto al de su hijo. Su otro hermano, Mu´izz ad-Daula no pareció haber hecho gran cosa por disputar el título a su hermano, aunque puesto que Fana-Khusrau iba a recibir un nuevo nombre, sí aprovechó para influir directamente en el califa y evitar que este llamara a Fana-Khusrau “Taj ad-Daula”, “corona del reino”. En su lugar fue llamado “Adud-ad-Daula”. Ese título no comprometía las aspiraciones de Mu´izz a ser algún día “Emir mayor”. Tal vez se debió a eso. Para Mu´izz ad-Daula, sabiendo que cuando Rukn-ad-Daula muriera, sólo quedarían sus sobrinos al mando de los demás emiratos, y confió en poder asumir el título de “Emir mayor” sin oposición, y así asegurar la posición a su hijo, el futuro Izz-ad-Daula, frente a sus primos.

Pero volvamos a Rukn-ad-Daula. Ahora era el indiscutible “Emir Mayor” de la casa búyida. La situación en los emiratos era la siguiente: en Bagdad, sólo los Hamdánidas de Aleppo se oponían a la posición de los búyidas, además de la siempre tensa relación con Bizancio. En Fars, el recién nombrado Adud-ad-Daula se enfrentó a casi veinte años de paz, en los que pudo crecer familiarizado con las labores de la administración. Fue Rukn ad-Daula quien soportó el peso de las hostilidades en el disputado territorio de Rei. Con los ziyáridas al norte y los samánidas al este, Rukn atacó y recibió ofensivas en estos frentes. Eso sí, como “Emir Mayor” sí tuvo la autoridad para obligar a Mu´izz ad-Daula a proporcionarle más recursos.  Las guerras entre los búyidas contra ziyáridas y samánidas fueron largas, amargas y poco resolutivas. Rukn ad-Daula tuvo que firmar un tratado con los samánidas,  que a pesar de no ser demasiado humillante, le obligaba a pagar cierta cantidad anualmente. A cambio, Jorasán se convirtió en virtualmente independiente.  Con los ziyáridas fue aun más dolorosa, pues la ciudad de Isfahan cayó varias veces en ambas manos. Pero el tratado anterior le permitió concentrar los esfuerzos para conquistar al fin Tabaristán y Gurgan, y recibir el sometimiento  de los ziyáridas, de manos del propio Vushmgir. Y también mantuvo una larga y difícil guerra con los kurdos, que tuvo que abortar tras la muerte repentina de su general, y que no quedaría resuelta hasta el gobierno de Adud ad-Daula, pues la casa de Hasanwaihid aprovechó la tregua para fortificar sus ya inaccesibles tierras. Por otro lado, no pocos kurdos formaron parte de las tropas mercenarias de Rukn, que supo apreciar su tradición de caballería pesada de impacto, tan diferente a la turca y persa.
Pantanos de Iraq, donde el tiempo parece haberse
detenido.

En esos casi veinte años, Mu´izz ad-Daula vio malogrados sus planes de futuro al sufrir la desgracia de morirse en el 967, durante una campaña contra el reino shanihida, situado en las tierras pantanosas del sureste de Iraq.   Rukn-ad-Daula seguía vivo,  puesto que el heredero de Mu´izz sería su joven hijo Izz-ad-Daula, Rukn y Adud acordaron dar de lado a esa rama a la hora de nombrar un nuevo “Emir Mayor”. Tuvo tiempo de testamentar, y el cronista Miskawaih, visir de Mu´izz y luego de Rukn, dejó transcrito en su “Experiencia de las naciones” el testamento del búyida. En ella, recomienda finalmente a su hijo, Izz-ad-daula, no disputar el emirato a su primo, Adud-ad-Daula. Mu´izz había luchado con gran éxito contra los Hamdánidas, y había lanzados muchas campañas contra el reino de los pantanos del sur del Eúfrates. También había ayudado a Adud-ad-Daula a conquistar Omán, con lo que el emirato de Fars dominaba ambas orillas de la entrada al Golfo Pérsico. Su hijo Izz-ad-daula siguió al principio las indicaciones de su padre, pero no tardó en desviarse.

Además, en Bagdad fue donde las tensiones en el ejército entre dailamis y turcos se hicieron más fuertes. Izz no fue diligente en el asunto de las pagas, y se retrasaron. Necesitado de dinero, culpó a los turcos y se lanzó hacia el sur, para expropiarles todas las tierras que les había asignado.  El jefe militar de Izz-ad-daula era un turco,  Sebik Tegin, y cuando este inició marchó,  una revuelta en Bagdad, aprovechada por los Hamdánidas para hacer una incursión en Iraq que le llevaría a las puertas de la ciudad. Y para colmo, ese año los fatimíes, que  eran chiíes, se hicieron con el poder en Egipto, y declararon abiertamente su oposición a los califas abásidas y su intención de destruirlo. Precisamente el califato defendido por los búyidas, que también eran chiíes.    Izz-ad-Daula estaba en apuros y no tuvo más remedio que pedir ayuda a Rukn-ad-Daula, y este obligó a Adud-ad-Daula a prestársela. Podemos imaginar sin duda esta conversación en términos familiares: “¡Ayuda a tu primo!”. Pero Adud lo hizo con renuencia, y llegó a retrasar su asistencia confiando en que Izz caería en una de las plazas fuertes donde estaba asediado. Pero Izz-ad-Daula resistió, y Adud se vio impelido por su padre una vez más a ayudarle. Y con la vena de la frente hinchada. Imaginad la escena.

Adud-ad-Daula ya empezaba a despuntar y tenía planes, claro. Sabía que su padre no tardaría en fallecer, y su hermano menor, señalado ya por Rukn como sucesor en el emirato de Rei, no le plantearía problemas para ser “Emir Mayor”. E Izz era un pusilánime al que pensaba, no solo excluir de la línea sucesoria, sino arrebatar todo el territorio de Iraq. Sin embargo, Rukn sabía cómo dominarlo, y Adud tuvo que entrar en Iraq a ayudar a su primo. Aplacaron la revuelta turca. Sebik Tegin fue ejecutado, y Adud reinstauró a Izz, como su propio visir. Pero la relación con su padre se había deteriorado, y por primera vez, Adud vio peligrar su futuro emirato. Llegó a temer que Rukn señalara, tras la disputa, a su hijo menor. Fueron los visires los que mediaron para que Rukn y Adud se reconciliaran. Hombres de estado, capaces de ver más allá de las razones familiares, los visires de los búyidas, de los que hablaremos más adelante, terminaron de construir el imperio.

               
La revuelta del anti-emperador Bardas Skleros fue aprovechada por
los búyidas
Rukn-ad-Daula falleció poco después de esta cumbre, e Izz-ad-Daula, que no había sido invitado, no reconoció a Adud-ad-Daula. ¿Por qué decidió esto? Se vio apoyado sin duda por el califa y los hamdánidas, que lo preferían a él,  más manejable y débil, a Adud, en Iraq, a quien sabían que no podrían dominar.  Tenía un visir que jugaba un doble juego hacia él y hacia el califa. Y ese visir logró que Fakr-ad-Daula, hermano de Adud, y emir de Rei, se rebelara  también contra Adud, con la clara intención de conseguir un poder independiente en el norte de Iraq.

Adud-ad-Daula invadió Iraq y venció a Izz-ad-Daula en una terrible batalla. El primo, no obstante, salió con vida, y llegó a pactar un trato con Adud, reconociendo su supremacía, y con la condición de que no pactara ninguna ayuda con los hamdánidas. Pero Izz no cumplió, y Adud tuvo que volver a luchar contra él. Esa vez fue capturado y muerto. Mientras, Fakr ad-Daula fue también puesto en fuga, y se unió al ziyárida Qabus en Tabaristán. Adud confió la marcha de este frente a otro hermano, Mu´yad ad-Daula, que los persiguió, aunque ambos fugitivos terminaron recogidos en la corte samánida.

Adud se quedó en Iraq. Terminó de ordenar todos los asuntos, derrotando a los kurdos que se habían unido a la rebelión de Izz ad-Daula, así como domeñando a los turcos, y sometiendo de nuevo a los hamdánidas, que quedaron sometidos otra vez a la casa búyida. Y de paso, capturó a un importante rebede del imperio bizantino: Bardas Sklerós, que se había instalado en territorios limítrofes entre ambos poderes y se había rodeado de numerosas tropas musulmanas. Adud había jugado a darle apoyo, pero cuando Bardas Sklerós se convirtió en jugosa moneda de cambio, lo capturó y comenzó a negociar con los bizantinos su entrega.

Así fue como en poco más tres años. Adud ad-Daula tomó el poder absoluto en el imperio que habían creado los búyidas. Iraq quedó sometido. Las regiones kurdas, tras la purga en la casa de Hasanwaith, fue de nuevo entregada a uno de los pocos que Adud dejó con vida, que desde entonces le fue siempre fiel. El emirato de Rei fue entregado a Mu´yad-ad-Daula. Kirman seguía en manos safáridas, pero estos reconocían y tributaban a los búyidas, y Omán y las regiones del golfo a su otro hermano, Samsam ad-Daula. Este periodo, aunque breve, se considera el cénit del poder búyida. Nos detendremos un poco en él porque merece la pena.

Fortalezas iraníes
El visir, filósofo y cronista Miskawayth dejó testimonio de estos años en su “Experiencia de las naciones”, que luego fue continuada, ya en periodo Seljuk, por otro visi, Rudhrawari, recopilando numerosos documentos originales de la época. Esta crónica es un testimonio apasionante de los hechos, las negociaciones, los testamentos y todos los análisis de las figuras. Hemos de pensar que los búyidas no hicieron todo eso solo. Preocupados principalmente por las cuestiones militares y la adquisición de recursos para pagar al ejército, los visires fueron piezas claves en la construcción de sus estados. Visires, además, pertenecientes a una élite intelectual, y que sirvieron con frecuencia en varias casas, llevando y trayendo ideas de unas a otras.

Gracias a estas crónicas sabemos cómo Rukn y Adud mejoraron las principales ciudades de su imperio, con la gran Bagdad como modelo. Sobre todo Isfahan fue engrandecida por Rukn ad-Daula. También Shiraz, o Arrajan, la ciudad favorita de Rukn ad-Daula. También acometieron grandes obras públicas, como carreteras y puentes, dentro de una estrategia de mejorar las comunicaciones entre Iraq e Irán.  Construyeron un canal que permitía navegar el eje Tigris/Eúfrates/Karun, en Khuzistan, sin tener que salir al Golfo Pérsico.  También hablan de la gestión de organismos fundamentales, como el correo. Rudhrawari escribe que ninguna noticia tardaba más de una semana en llegar a Adud en Iraq, y con frecuencia frutas y otras mercancías eran llevadas a sus palacios en perfecto estado.  No hicieron, sin embargo, nuevas mezquitas en Bagdad. Respetaron esta potestad de los califas, que a pesar de sus limitaciones, siguieron construyéndolas. Sí hicieron hermosas mezquitas en sus capitales.

¿Sabéis cómo vivía un príncipe búyida? La crónica nos lo describe. Es muy interesante.  Adud era conocido por su disciplina y por su austeridad.  Su día comenzaba tomando un baño, y luego yendo a la oración (la primera del día se hace al amanecer). Luego recibía a sus visires y su consejo real, en el que participaban el jefe del ejército dailami y el jefe de los turcos. Revisaban entonces las últimas noticias y se tomaban decisiones sobre el gobierno. A media mañana bajaba a la oficina del correo. Adud era un fanático de este servicio, y si alguna vez se retrasaba, el jinete debía tener una excusa muy pero que muy buena para salvar el pescuezo. La crónica dedica varias líneas a este rasgo de su gobierno. Tomaba el correo, elegía las que iban a él y luego devolvía las demás a la oficina de correos para que llegara al resto de sus destinatarios, pues el correo no servía sólo al príncipe. Entonces leía todas sus cartas, las pasaba a sus visires y daba indicaciones sobre las respuestas, mientras todas las deliberaciones quedaban registradas en acta. Entonces iba a comer, descansar y rezar de nuevo. Así por la tarde ya se iba al salón donde bebían vino, escuchaban música y repasaban las cartas ya escritas, se corregían y enviaban. El resto de la velada escuchaba a los músicos y charlaba con sus amigos. Se comenta que solía interrogar a músicos y poetas sobre sus composiciones.

Nótese la atención que prestaba a las comunicaciones y la importancia de la labor de los visires, que redactaban las cartas. Cualquier gobernante que no fuera cuidadoso caería en manos de ellos. No fue el caso de Adud, que siempre se implicó mucho en las decisiones y la política de su reino. En la crónica se cuenta una leyenda sobre una esclava de la que se prendó y que le “distrajo” demasiado del gobierno, pero hasta el propio cronista deshecha la historia como poco creíble y por ser repetida con casi todos los gobernantes.

Una de las hermosas mezquitas búyidas en Isfahan
En cuanto a esta, hablaremos un poco de su papel como gobernante del Islam. Recordemos que en el caso de Imad-ad-Daula, había decidido mantener al califa pero mantener el poder de forma más o menos oficial, sin aspiraciones a una corona real. En cambio, con Adud, el concepto de monarquía irania quedó totalmente perfilado. De hecho,  fue gracias a los visires que esta idea se afianzó. Resulta que fueron los ziyáridas los primeros en aspirar a recuperar la corona irania.  Celebraban el Año Nuevo Iranio, y en las monedas que acuñaban añadían símbolos y epítetos de la monarquía sasánida. Rukn-ad-Daula fue rehén en la corte ziyárida durante un tiempo y tomó contacto con esas ideas. Y cuando uno de sus visires, el principal ideólogo del asunto entró al servicio de Rukn-ad-Daula y luego de Adud, consiguió que estos terminaran de perfilar su rol. En esta época el persa volvió a ser utilizado en la corte búyida, y todos los príncipes recibieron al nacer nombres persas (recordemos que Adud-ad-Daula se llamaba Fana-Kusrahu, mientras que su padre, Rukn, se había llamado Ahmed bin Buya). El fundador de la dinastía, Ali bin Buya, era hijo de pescadores. Sabía que los dailami no le reconocerían como rey.  Adud encargó una genealogía más “adecuada” para reclamar la corona, que enlazaba con los reyes sasánidas. Y finalmente, recibió la corona de manos del califato.  Y aunque nunca se planteó salir del Islam, si  consiguió la separación total de poder religioso y político de manos del califa abásida At-Tai, en una elaborada ceremonia de coronación con cientos de trampas, y numerosos símbolos ocultos que los árabes abásidas no entendieron, pero que los iranios sí valoraban.

En la ceremonia, Adud negoció llegar a caballo, pero el califa no aceptó. Puso una barrera, para que tuviera que desmontar. Adud pidió también una cortina para que sus súbditos no le vieran besar el suelo delante de At-Tai, pero este tampoco aceptó. Y cedió en esto para conseguir lo que realmente quería. Veréis, en la ceremonia, Adud recibiría una corona, pero no de manos del califa, sino de sus ministros. Sin embargo, Adud llevaría un bucle suelo, adornado con una joya. Lo que negoció es que el califa debería asegurar dicho bucle bajo la corona si este se soltaba, en un momento en el que Adud estaba frente a sus generales. Este gesto, al que el califa no dio importancia, permitió legitimar que Adud había recibido la corona de manos del califa. Y tras ello, el califa declaró que le delegaba todo el poder en  él. Aquello era lo que había imaginado: la monarquía irania restaurada por el califa, bendecida por la “sombra de Dios en la tierra”. Eso era lo que significaba realmente aquello.

No cabe duda del papel que Adud dio a los búyidas. En las negociaciones con Bizancio para la devolución de unas fortalezas, el visir indica a Bardas Phokas que Adud ad-Daula  es, y cito, “el monarca del Islam”. Es apenas una frase en un párrafo de una transcripción, pero está llena de significado. El imperio búyida tomó para sí todo el poder político y militar del califato. Fueron “el califa en lugar del califa”, como diría Iznogud el Infame. Y esta estructura fue tan estable  y funcional  que cuando los turcos Seljuk derrotaron a los Búyidasla  aprovecharon esta estructura creada por ellos para tomar igualmente el poder, a pesar de mantener sus costumbres nómadas. El componente  iranio lo mantuvieron las dinastías turcas  a través de sus visires, reconociéndolos como elemento superior. No en vano, el visir de los selyúcida  Alparlsan y Malikshah fue el iranio Nizam al Mulk, el visir de visires, y del que ya hablaremos en futuros artículos.

La verdad es que el título que tomó, “Rey de Reyes”, que enlazaba con la casa sasánida, los reyes partos y los monarcas aqueménidas, no fue universalmente reconocido, pero hasta los samánidas, suníes, llegaron a respetar el símbolo de esa monarquía irania renacida, que sólo la fragmentación de las dinastías musulmanas .

En el próximo artículo contaremos los últimos años de esta dinastía.

 

 

domingo, 5 de agosto de 2018

La dinastía Búyida I: el intermedio iranio

 Sur del mar Caspio. Fuente: wikipedia
Saludos. En el artículo de hoy estudiaremos la última gran dinastía persa que nos queda en los albores del siglo XI en Irán. Los Búyidas, que desde sus montañosos orígenes en las tierras del sur del Mar Caspio, se expandieron en paralelo a una casa samánida (que ya había alcanzado su cénit en Jorasán y la Transoxiana), por el centro y el oeste de Persia, llegando incluso a dominar Irak, incluido Bagdad y a sus indolentes califas de la casa abásida. Desde mediados del siglo X y durante un siglo, los búyidas, gracias a esta ocupación, protagonizaron un periodo denominado por los historiadores como "intermedio iranio": los años en los que el califato abásida estuvo bajo el puño de dinastías iranias, que hicieron de puente entre el dominio de los árabes y el de los turcos que estaba por llegar.
Bien, lo primero es saber que los búyidas eran una dinastía dailami, o dailamita. Pero ¿quiénes eran estos dailamitas? En las montañosas regiones que forman la orilla sur del Mar Caspio se encontraba el hogar de estas tribus iranias. En cuanto a sus orígenes, encontramos ya menciones a ellos en Ptolomeo, por ejemplo. Probablemente llegaran con el advenimiento de los arios a Irán que describe Herodoto.
La orografía permitía la cría de ganado vacuno, pero no así para la cría de grandes manadas de caballos o la agricultura extensiva. Las tribus, por lo tanto, vivían una vida pastoril en una tierra hermosa, pero difícil. Ya hemos visto otras veces que las sociedades pastoriles requieren poca mano de obra y suelen generar excedentes de población que provocan o bien su expansión o bien, grandes migraciones (germanos, turcos, mongoles...). Los dailami, sin caballos, no podían ocupar la gran estepa a la que  caían las laderas de sus montañas. Pero la belicosa naturaleza de la región les aportó la solución; las guerras de todos los reyes persas sirvieron como fuente de ingresos, pues comenzaron a servir como mercenarios, y pronto mostraron su valía como soldados de infantería. Encontramos mercenarios dailami totalmente organizados en los ejércitos de la casa sasánida, el gran enemigo oriental de Roma, y los seguimos viendo de forma ininterrumpida en todos los ejércitos califales tras la conquista islámica de Persia, así como dinásticos persas, beduinos (como los Hamdánidas) e incluso turcos. Desarrollaron una doctrina de combate muy característica y efectiva. Equipados con largas espadas (que portaban suspendida de dos puntos, inclinada, no colgando recta de la cadera, lo que nos da una idea de la longitud de las espadas y la calidad de su acero), bien protegidos con cascos, escudos y, en el caso de los ejércitos personales de los emires,  corazas de buena calidad, y portando también unas jabalinas muy características, llamadas "zupin",  los dailami eran capaces de lanzar unas cargas devastadoras contra la infantería enemiga; combatir en formación cerrada, juntando escudos, o bien adaptarse al terreno, abrir la formación y combatir con garantías basándose en una más que apta capacidad de esgrima individual. Y también se fueron adaptando a la lucha contra la caballería enemiga, incorporando a sus filas algunos arqueros dailami (¿qué persa no era apto con los arcos por entonces?). La profesionalización de estas bandas de mercenarios hizo el resto. A lo largo de la historia, las compañías de dailami vencerían batallas incluso superados ampliamente en número.

Mapa por ro4444 -, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20409117
Durante la conquista árabe de Persia, los primeros intentos de acceder a sus montañas terminaron en desastre. Y cuando llegó la hora de los misioneros islámicos para su conversión, tampoco fueron atendidos por los dailami. Casi doscientos años después de la Hégira, a pesar de que toda Persia estuviera convertida al islam, los dailami seguían adorando al fuego en sus cultos zoroástricos.
Fue un grupo de perseguidos, seguidores de Ali, yerno del Profeta, los que se refugiaron al fin entre ellos, huyendo de la persecución suní. Estos sí consiguieron las primeras conversiones, y los dailami profesaron desde ese momento la doctrina chií zaidita. Fue un proceso gradual, pero a mediados del siglo IX, una de las primeras dinastías dailami, los Banu Justan, se apoyaron en los imanes zaiditas para legitimar sus aspiraciones para gobernar la región de Tabaristán, que ya mencionamoso en los artículos sobre los samánidas.
Recordemos también que para esta época, el califato abásida estaba en plena descomposición. Los safáridas, tahíridas y samánidas por el este, y las numerosas dinastías independizadas en el norte de África, no eran sino la muestra de que la casa abásida había perdido el control de Dar-al-Islam, y su poder era únicamente simbólico.
Es en este confuso periodo en el que nace en las montañas Ali bin Buya, el fundador de la dinastía, alrededor del 890. No se sabe mucho de su infancia, salvo que se unió a las compañías de mercenarios que recorrían las montañas buscando nuevos reclutas, en cuanto tuvo edad para empuñar las "zupin". No tardó en despuntar entre los duros mercenarios, y se sabe que sirvió en los ejércitos samánidas de Nasr, el Emir Afortunado.
Tal vez en busca de nuevas oportunidades que la estabilidad de los territorios samánidas le negaba, bin Buya marchó con sus mercenarios a uno de los frentes tradicionales: Tabaristán. Alí se puso al servicio de un gobernador aliado de los samánidas, Makan, que gobernaba en Rei. También se ganó su confianza, ascendió en el escalafón, y tuvo autoridad para traer a su lado a sus dos hermanos menores: Hasan y Ahmed bin Buya. Es curioso, pero sin esos dos hermanos, si hubiera sido hijo único, la historia podría haber sido muy diferente.
Makan se rebeló contra los samánidas, pero el que aprovechó la situación fue el príncipe de otra casa de la que hablamos ya la otra vez, los Ziyáridas de Tabaristán. Mardavij venció a Makan, y de súbito Ali y sus hermanos aparecieron a su lado. Mardavij recompensó a Ali con el gobierno de la ciudad de Karaj.
Entonces ocurrió algo que terminó de decidir a Ali bin Buya a tomar las riendas de su destino. Fue algo así: desde su posición en Nishapur, donde Makan había sido vencido, Ali recibió un mensaje de Mardavij para que fuera a Rei a recibir su nombramiento. Sin embargo, mientras viajaba, Mardavij prestó oídos a los que le hablaban mal de Ali, y le recomendaban que lo depusiera, tal vez por ser demasiado válido. Mardavij anuló el nombramiento antes de la llegada del búyida.  Sin embargo, alguno de los partidarios de Ali supo de la conspiración y le avisó. Entonces tuvo que tomar una importante decisión: seguir hasta Rei a someterse a los "caprichos" de Mardavij o bien cruzar su propio "Rubicón" iranio y marchar a toda prisa a Karaj a ponerse al frente de la situación. Y esto fue lo que hizo, al fin.

Montañas dailam. Lo que queda de Alamout,
hogar de los Asesinos. Fue originalmente
un castillo búyida.
Fuente: wikipedia
Y aquí fue donde el destino conspiró a su favor. Recordad lo que hablábamos de la descomposición del califato abásida. Pues bien, esta desorganización había dejado a numerosos mercenarios en diversas guarniciones, abandonados a su suerte. En Karaj había varias compañías dailami, llevadas allí para luchar contra los herejes jurramitas que querían tomar Karaj. La realidad es que el califa hacía como que les pagaban, y los dailami hacían como que luchaban, y así iban las cosas. La llegada de Ali, un gran líder, cambió todo esto. Organizó las tropas, tomó todas las fortalezas jurramitas en una campaña relámpago y se aseguró el control de la región, así como el gran tesoro de los herejes, que invirtió en más mercenarios. En esto, su necesidad de caballería fue suplida por ghilmen mercenarios turcos. Los dailami y los turcos no se llevaron bien nunca, pero quien paga manda.
En vano intentó Mardavij levantar a aquellas tropas contra su nuevo líder. Ali y sus hermanos eran de su propio pueblo, y confiaron en ellos para que los guiaran a nuevas victorias y tesoros. En este momento, Ali reclamó un título del califa que le reconociera, y este llegó, pero siempre por debajo de Mardavij, lo que no le satisfizo.
Mardavij y los ziyáridas reunieron sus tropas para acabar con Ali, pero este abandonó Karaj y se dirigió al sureste. Atacó y conquistó Isfahán y Arrajan sin esfuerzo, pues los ejércitos enemigos se pusieron de su lado en cuanto formaron para la batalla.  Y el gobernador de estas tierras se enfrentó al fin con los búyidas, pero los dailami lo aplastaron totalmente. Y eso, combinado con una generosa paz, hizo que el gobernador se pasara a su lado. Esto les abrió por fin toda la región de Fars, incluido Isfahán, mientras que los Ziyáridas se quedaban con Tabaristán y Rei.
Entonces Ali comenzó a mover a sus hermanos. Ahmed, el más joven, marchó contra Kirman, que reconocía el poder samánida, y cambió esto para que así reconocieran a los búyidas. Hasan, el segundo, prosiguió la campaña contra los ziyáridas en el norte. Mientras, Ali pactaba con los bárlidas, una dinastía que gobernaba la provincia que limitaba con Irak y el golfo pérsico, porque los bárlidas estaban en guerra contra el califato. Ahmed, que ya era un gran general, entró en Mesopotamia por el actual Kuwait y ascendió aplastando cualquier oposición hasta las puertas de Bagdad, y mandó emisarios a negociar la rendición con el califa. Aquí fue donde Ali tomó la decisión más importante de su reinado. Podría haber acabado con el califa. Después de todo, eran suníes, mientras que los dailami eran chiíes, que solían ser perseguidos por los suníes. Pero Ali tenía una visión: quería gobernar sobre Dar-el-islam, y concibió por ello una suerte de estado en el que los califas tendrían el poder simbólico y legitimador, y los búyidas recibirían de él el mandamiento de gobernar todas sus tierras. Por eso, solo por eso, el califato sobrevivió, aunque fuera sometido totalmente a los búyidas. Sin ese reconocimiento califal, la autoridad búyida jamás sería reconocida, ni su poder legitimado, por ninguna otra dinastía.
El palacio del califa, "preocupado", mientras Mu´izz Ad-Dawla está
a las puertas de Bagdad.fuente
En el año 945, los búyidas entraron en paz en Bagdad, donde el califa los invistió con su poder político, y les dio los nombres con el que entrarían en la historia: Ali bin Buya sería para siempre llamado Imad ad-Daula (Pilar del Reino); Hasan, Rukn ad-Daula (Portador del Reino) y Ahmed, Mu´izz ad-Daula (Baluarte del Reino). Ya vimos estos nombres, sobre todo Rukn, en el artículo sobre los samánidas. Y otra cosa: Bagdad estaba plagada de mercenarios turcos. Tal y como Mu´izz entró, los turcos se pasaron al bando búyida.
Y poco después, en el 948, Rukn ad-daula venció su larga campaña contra los ziyáridas, y se anexionó Tabaristán y el territorio de Rei. Así se formó el imperio búyida, en un periodo no superior a doce años. Pero su imperio presentaba importantes particularidades, contrapuestas al samánida, que merece la pena estudiar.
En efecto, hay que destacar en esta rápida formación del imperio, los búyidas se repartieron el territorio en forma de tres emiratos prácticamente independientes: Emirato de Rei para Rukn ad-Daula, el de Bagdad para Mu´izz ad-Daula y el de Shiraz para Imad ad-Daula. De los tres hermanos, Imad que consideraro el "emir al-umara", el "hermano mayor", con autoridad sobre los otros. Y si bien esto era cierto en el caso de Mu´izz, no era así con Rukn.
Gracias a las monedas y quiénes son nombrados en ella, se sabe qué
emir obedecía a quien.
Por otro lado, la formación del imperio, a base de ejércitos mercenarios, obligó a crear una estructura feudal, una especie de dictadura militar con una aristocracia guerrera, y un sistema de impuestos dedicado al pago de mercenarios. Esto no tardó en someter a los búyidas a una presión económica importante. En tercer lugar, se comenzó a pagar también a los mercenarios con tierras expropiadas a los enemigos. Este sistema dio buenos resultados inicialmente, pero los soldados no son buenos campesinos, y al cabo de pocos años esto causaría muchos conflictos.
Imad creó un imperio militar, no cultura, a diferencia de los samánidas, que eran reconocidos por el pueblo y los gobernadores.  No tuvo tiempo. Y tampoco lo tuvo para establecer un sistema claro de sucesión. En el futuro, los emires serían siempre parientes, pero sólo la personalidad de cada uno decidiría quién sería el emir principal, el "primus inter pares" búyida.
En los próximos artículos veremos como tras la muerte de Imad, el imperio búyida evoluciona a algo diferente, cómo dio salida a esa voluntad de independencia persa que ya encontramos en los samánidas

LOS EJÉRCITO BÚYIDAS EN LOS WARGAMES
En los diferentes juegos se han conseguido plasmar las especiales características de los ejércitos dailami de diferentes maneras, y yo creo que acertadamente. Salvo en dBA, donde todos los ejércitos tienen 12 bases, los sistemas de juego basados en punto llevan sistemáticamente ha hacer ejércitos con pocas tropas de muy buena calidad.

En DBA, la lista es la III/57, con una agresividad de 3, y tres opciones:
a) Bagdad, que representa la lista del emirato de Bagdad: tiene hasta cinco caballerías (los turcos que se unieron a Mu´izz) o bien una Cv y 4x 5Wb, de ghazis fanáticos. Luego tiene 4 peanas de Ax, que representan a los mercenarios regulares dailami; 2 de psilois (dailamis con arco) y una 3Bd, que representa a tropas indias o afganas que Mu´izz  se trajo de Shiraz.
b) Lista genérica de dailami, con estos representados como 3Ax, no 4Ax. Esto representa que no son regulares, sino tropas tribales. PUede reunir entre siete y nueve Ax, y el resto 2Ps.
c) Lista para los demás emiratos: General Cv o 4Ax, 6 peanas de 4Ax, una ligera (beduinos) 2 psilois y una peana opcional entre Cv (ghilmen turcos o bien caballería kurda, con lanza) o elefantes.
En DBA, las simplificadas reglas creo que no permiten disfrutar de las "sensaciones" de una auténtica carga Dailami.

En FoG, los ejércitos búyidas de "Decline and Fall" se muestran con muy poca variedad de tropas: Dailami (MF superior, regular, acorazados, impact foot, swordmen), con opción de arcos en filas traseras,  Ghilmen (CV acorazada arco/swordmen superior regular), caballería kurda (CV acoraza, irregular, lancer/swordmen), algún elefante, alguna MF india y arqueros dailami. Pero, claro, aquí una carga dailami sí es de las que duelen.

Dailami de Grippingbeast

En Art de la Guerre, la lista es la  191. Se compone de las mismas tropas. Y los dailami son MF élite, impacto, con opción de apoyo trasero. También dan bastantes sensaciones. A la carga, ese impacto es arrollador, y su capacidad de élite, unido a su apoyo, hace que incluso ganándoles por 1 ó 2 de diferencia, no sufran daños.
Casi todas las marcas de musulmanes tienen dailami, pero mis favoritos son los de Old Glory, que además tienen un modelo con abrigo de piel vuelta, que te sirven para representar dailamis tribales, en lugar de mercenarios regulares.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Histórica, el nacimiento de una revista

Pues he aquí que por azar del destino, una cosa llevó a otra, y un nutrido grupo de blogueros hemos decidido juntar cabezas para hacer esta revista, a la que hemos llamado "Histórica". ¿Con qué objeto? Pues, de acuerdo a nuestro manifiesto, a mejorar en la medida de nuestras (y en mi caso, especialmente humildes) posibilidades la calidad de la divulgación histórica. Y hacerlo de forma amena.
Cada mes aparecerá en esta revista una selección de artículos de los participantes. Y como es un momento muy emocionante, os dejo aquí el primer número. Hay gente muy leída y con mucho bagaje en estos artículos. Espero que os entretengan un rato. Desde HistoriaHispano participamos este mes con nuestro artículo sobre los maoríes y las Guerras del Trueno.
Revista "Histórica"


jueves, 19 de julio de 2018

La dinastías jorasarníes III: Los sucesores de Ismail y el fin de la dinastía samánida


Emir Ismail
Saludos. En el artículo anterior nos quedamos junto al lecho de muerte de Ismail, en el 907. Fue sucedido por su hijo Ahmed. En su corto y feroz reinado, que se caracterizó por sus numerosas y agresivas campañas y por su carácter paranoico.  Lo primero que hizo fue deshacerse de su tío, que gobernaba en Samarcanda. Luego atacó sin aviso a su propio virrey en Tabaristán, acusándole de quedarse con los impuestos. Luego, entre 910 y el 911 se lanzó contra Sistán, el último bastión de los Safáridas, y los derrotó finalmente. Tras dejar a un pariente suyo en la región como nuevo gobernador, se llevó a su prisionero, el último safárida de Sistán, Muadil, a Bojara, y portarse con él como no hubiera hecho Ismail.

                En el 913, los Álidas o Ziyáridas, que aguardaban su oportunidad en Tabaristán, echaron al nuevo gobernador y recuperaron el control de la región. Esto hizo que Ahmed profundizara en su comportamiento perturbado. Cuando dormía, hacía que dos leones custodiaran sus aposentos. Se dice que de nuevo en otra campaña, sus fieros guardianes no fueron liberados de sus jaulas, cosa que sus sirvientes aprovecharon para entrar en su tienda y acabar con su vida.

                Pero, ¿por qué harían algo así? No podemos pensar solo en su hartazgo. Tenemos que introducir un nuevo factor en esta historia. Habíamos dicho que estos ejércitos contaban cada vez mas con  una casta militar esclava, los ghilmen (mozos) compuesta por soldados turcos. Era tal su valía en combate que incluso en la corte samánida,  sus jefes ascendían en la jerarquía y aportaron un nuevo elemento de tensión. Cuando servían a un líder fuerte, los turcos actuaban con prudencia. Pero cuando detectaban a un líder débil, tomaban posiciones. Y aunque todavía quedaban muchos años de dinastía samánida,  desde el reinado de Ahmed, los turcos fueron tomando posiciones.

                Algo así debía de olerse el hijo de 10 años de Ahmed: el príncipe Abul Hasan Nasr, o Nasr II. Se dice que cuando los ministros de su difunto padre y sus generales fueron a buscarlo para investirlo con poderes sometidos a un gobierno regente, el pobre muchacho saltó de la cama gritando que no lo mataran. No fue un comienzo glorioso, sin duda, pero Nasr II  creció y heredó lo mejor de su abuelo, pues no solo mantuvo todos los territorios que recibió de él, sino que consiguió incorporar nuevas tierras. Fue un periodo dichoso, y así fue conocido: “el Emir Afortunado”. De hecho, recupero Tabaristán de manos de los Álidas, y gracias a su brillante general Hamuye, consiguió tras muchas victorias en sus fronteras, que nunca descuidó,  y frente a las ambiciones de sus familiares, como su tio Ishak. Y también gestionó, y ahí estuvo la clave, el poder de sus generales turcos. Fatik se llamaba el primero en rebelarse contra él, como un augurio de lo que estaba por venir, y llegó a tomar incluso la ciudad de Rei. Pero la mayoría del ejército era todavía fiel a los samánidas. Y, ¿sabéis por qué hay tan buen recuerdo del Emir Afortunado? Porque continuando con la labor de mecenazgo de las artes, amparó al primer gran poeta persa de la era, Rudeki, quien dedicó no pocos versos a la gloria de la casa de los samánidas. Es este un personaje digno de ser conocido, pues se le considera el padre de la poesía persa. Anterior a Firdowsi, y a pesar de que todavía se debate si era ciego o no, Rudeki es el padre de más de un millón y medio de hermosos versos en lengua persa.
Os dejo aquí algunos.
He visto un pájaro cerca de la ciudad de Sarajs. Había
elevado su canción al cielo. He visto un velo
tintado  sobre él. Tantos colores había en el velo…

              
Monedas acuñadas por los samánidas
 
Nasr II el Afortunado murió en el 943, tras gobernar veintiocho gloriosos años.  Por desgracia para él, su hijo falleció antes que él, por lo que el reinado lo continuó su hermano mayor, Nuh, que fue conocido como el Emir Hamid. Su toma de poder no fue sencilla y hubo numerosas revueltas, pero supo ser duro al tiempo que magnánimo y no dudó en premiar a sus detractores con el objetivo de repartir el pastel del poder y conseguir una situación estable. Sin embargo, si por algo se caracterizó el reinado de Nuh fue por el inicio de  las hostilidades con otra importante dinastía irania, de la que espero hablar próximamente: los Búyidas, originarios de la región de Dailam, la provincia montañosa situada al oeste de Tabaristán. El lugar del inicio de las hostilidades fue  la ciudad de Reï, siempre disputada. Rukn-ad-dowleh, el líder de los Búyidas, supo explotar las diferencias entre Nuh y su general Abu Ali, y lo tentó para que se rebelara contra él, cosa que Abu Ali no dudó en hacer.

                En aquellos momentos, la estrella de los Búyidas, la más importante de las dinastías dailamitas, le había elevado por encima de la de los Samánidas. Fue la casa de los Búyidas la que llegó a tomar Bagdad de nuevo en “defensa del califa”. Se convirtieron en sus nuevos protectores, por decirlo así, y este legitimó su gobierno en todo Jurasán. A diferencia de los Samánidas, los Búyidas sí se trabajaron a los califas, puesto contaban con la fuerza, pero no con la legitimidad, que al fin obtuvieron. En unos años, a partir de Reï, los dailami entraron en Jurasán y expulsaron a los samánidas. Nuh fue derrotado, y  vio sus dominios limitados a la Transoxiana, al lugar de dónde habían salido.

                Nuh  falleció en el año 954, y de nuevo, tuvo que ser sucedido por un niño de diez años. Imaginaos. El favorito de los generales turcos. Se llamaba Abdul Malik, también conocido como Emir Rashid. Tuvo una vida corta, aunque se dice de él que fue un gran jinete, y se le conoció como el “Padre de caballeros”. Y los grandes generales que le rodeaban intentaron recuperar Jorasán, pero los Búyidas para entonces eran demasiado poderosos, aunque llegaron a firmar un tratado honorable, sin quedar sometidos a Rukn-ad-dowleh. El “Padre de Caballeros”, aficionado a todo tipo de deportes ecuestres, falleció tras una terrible caída, y el poder recayó en su hermano Mansur bin Nuh.

Persia alrededor del año 1000.
                Fue con él cuando otro general turco al servicio de los samánidas,  llamado Alptekin, vio su oportunidad  y se rebeló contra el nuevo rey en la ciudad de Nishapur. Fue la intervención de las tropas de la frontera con la estepa las que impideron que las tropas que el rebelde había llamado se unieran a él, y Alptekin tuvo que huir hasta Ghazna. Allí recuperó fuerzas e hizo otra intentona, y esta vez le fue mejor, pues fue nombrado gobernador en Nishapur.

Portaestandarte búyida
                Por otro lado, Mansur de nuevo hacer frente a los Búyidas, pero sin éxito.  Mantuvo, eso sí, una cierta estabilidad. Falleció en el 976, con un reino recortado y una estrella en decadencia, tras un reinado mediocre de trece años.

                La siguiente  sucesión fue aun más turbulenta. Said Abul Kasim dedicó sus primeros años a tomar las riendas de la Transoxiana, por aquel entonces estaba revuelta y lo que es más peligroso: la descomposición del estado samánida dejaba desprotegida la frontera esteparia.

Os contaré una anécdota. Abul Kasim tuvo que ser atendido por un médico por una herida de gravedad. Le atendió un joven de 18 años. Un médico brillante a pesar de su juventud. ¿Imagináis quién era? Pues sí. Ibn Sina, o Avicena.

                La disputa más peligrosa, y que a la larga causó la caída de los samánidas, fue entre el virrey de Jorasán,  Tash, “ Espada del Reino”, nombrado por el propio Abul Kasim en el 981, y un hombre de gran valía, y un cortesano con ansias de medrar, y con aspiraciones a ocupar el lugar de los samánidas: Abul Hussein Simdjuri. Este resultó un hombre mucho más hábil en el salón del trono, y consiguió que Abul Kasim desconfiara de Tash. Simdjuri derrotó a Tash, y los siempre bien informados Búyidas lo acogieron. Ese es otro de los rasgos de los reinos en decadencia: las figuras valiosas se acaban marchando con el enemigo.  “Espada del Reino” fue amado y respetado entre los Búyidas, que le asignaron una provincia, la Djordana. Mientras, Simdjuri y sus descendientes, victoriosos, en el gobierno de Jorasán y contando con la confianza del samánida Abul Kasim, no cesaban de conspirar en su contra. Cuando Simdjuri sufrió una apoplejía que lo dejó en cama, su hijo Abu Ali rompió quizás el último tabú en el campo del “vale todo” para ocupar el lugar de los samánidas. Envió mensajeros al norte, a la frontera con la estepa. Allí había un pueblo túrquico que se había extendido desde el corazón de China hasta el mar Caspio: los uigur. Y de toda su confederación, la tribu de los Qarajaníes, llevaba ya un siglo con su kanato independiente establecido. A principios del siglo X se habían convertido colectivamente al Islam.  Ilik Khan los guiaba, y Boghra Khan era su lugarteniente. Pues bien, Abu Ali hizo un pacto con ellos para que invadieran la Transoxiana.  Abu Ali pensó que Boghra Khan destruiría a los samánidas en la Transoxiana, y que mientras, él, desde Jorasán, podría controlarlos o, al menos someterlos. Se disponían a ser el pan y a convertir al pobre Abul Kasim en el una loncha de jamón de sándwich.

Miniatura de campamento estepario
               

                Abul Kasim tuvo que huir de Samarcanda cuando Boghra Kan entró en la ciudad.   Acompañado por un reducido grupo de fieles, el desgraciado samánida pidió ayuda, inocente, al propio Abu Ali, que había preparado su caída. Diplomáticamente, este le respondió que no tenía medios para hacer frente a Boghra Khan. Pero entonces, Abul Kasim tuvo una idea brillante. Se dirigió a Gazna, donde había aparecido un nuevo líder que daría lugar a una gloriosa dinastía turca: hablamos de Sebuktekin, fundador de la casa Gaznávida, y de su hijo Mahmud, el futuro Mahmud el Grande. Sebuktekin y Mahmud son el equivalente turco a Filipo II y Alejandro. Habían atacado en numerosas ocasiones los territorios de La India, desde Gazna, en la actual Afganistán, y disponían cientos de elefantes de guerra. Además, Sebuktekin  había crecido como líder en la órbita samánida, y el prestigio de la casa no le era desconocido.  Fueron ellos los que dieron apoyo a Abul Kasim. No porque fueran buena gente, claro, sino porque Abul Kasim los recompensaría con los territorios de Jorasán. Además, quien sostiene la espada de un rey, puede también hacer que dicho rey se caiga sin querer encima de ella. Los gaznávidas apoyaron a Abul Kasim y machacaron no solo a Abu Ali, sino también al propio Ilik Khan, de los uigur. Los gaznávidas fueron el último escudo de la casa de los samánidas, y Abul Kasim murió tras veintiocho años de reinado, en el 997.

El joven Avicena
                Ya solo quedan siete años de gobierno samánida. En ellos se sucedieron los tres hijos de Abul Kasim. En resumen, el primero fue un necio cuya primera acción fue humillar a Mahmud el Grande, y luego seguir molestando, hasta que uno de los generales turcos le invitó a su casa y le sacó los ojos. Su segundo hermano, Abdul Malik, quizás temiendo la ira del humillado Mahmud, se acercó a Ilik Khan, y este, con la excusa de venir a visitarlo, entró en la Transoxiana  con su ejército, asedió y tomó  Bokhara y derrocó el último gobierno de los samánidas, en el 999.

Pero aun quedaba un tercer hermano. El único que sobrevivió. Huyó disfrazado junto a un pequeño grupo de sirvientes de la caída de Bokhara. Se convirtió en un príncipe destronado. Sin reino, sin tropas, vagó durante cuatro años buscando a alguien que lo ayudara a recuperar para la casa de los samánidas sus antiguas posesiones. Se alió con los turcomanos, venció en dos batallas a Ilik Khan, pero sin resultados definitivos,  y consiguió llegar y tomar Nishapur. Finalmente fue derrotado por el jovencísimo hijo de Mahmud el Grande, y sus hombres lo traicionaron, y lo entregaron a Ilik Khan. Murió finalmente asesinado en el 1005, siendo prisionero de los qarajaníes.

                Así se extinguió la casa de los samánidas. Pero no así su legado. Porque en futuros artículos veremos como su lugar en la Transoxiana fue ocupado por los gaznávidas, y estos mantuvieron los principales rasgos del gobierno de los samánidas, y de hecho, sería bajo su gobierno cuando el gran poeta persa Firdowsi escribiera una obra sobrecogedora: “Shahnameh”, el “Libro de los Reyes”. Aquel relato sería la cumbre de la poesía persa  y un canto a la gloria del pueblo iranio, que durante ciento cincuenta años había recuperado el poder perdido frente a los árabes, y que veían que iban a volver a perder en manos de los turcos. Turcos que, curiosamente, lejos de borrar su legado, lo mantuvieron vivo y asumieron como suyo.  Y cuando llegaron los Selyúcidas, la siguiente dinastía turca, que gobernaría el Islam y a la que se enfrentaron los Cruzados, mantuvieron también las formas samánidas, a través de sus vizires, sobre todo Nizam-al-Mulk.

                Oh, Nizam-al-Mulk, por cierto, tuvo dos amigos muy especiales: el matemático y poeta Omar Khayan, y Hassan Ibn Sabbah, también conocido como “el viejo de la montaña”… El creador de la secta de los asesinos. Pero todo eso, como se dice, es otra historia.

 LOS EJÉRCITOS SAMÁNIDAS EN WARGAMES    
Duelo a mazazo limpio
Cabe hablar ahora de los ghilmen, los arqueros acorazados a caballo, y de su panoplia. Sabemos a través de textos como el propio “Shanameh” que la caballería acorazada a caballo era la espina dorsal del ejército. Esos jinetes portaban buenas armaduras, ligeras pero con mucha protección, y luego solían llevar una lanza, arco compuesto, una espada (con una función muy secundaria) y una maza. La maza  era la principal arma de combate cuerpo a cuerpo, y eso nos dice que las finas y estilizadas armas de filo  no eran efectivas para las armaduras de los jinetes.  En el Shahnameh, el gran héroe Rostán tiene una poderosa maza en forma de cabeza de vaca. Y el uso del arco era también muy importante, sobre todo en los duelos, que en las batallas solían darse entre campeones. A mí me encanta el pasaje en el que se enfrenta a seis jinetes enemigos, y, desmontado, toma seis flechas, las clava en el suelo delante de él, y uno a uno los va derribando mientras cargan hacia él. Es un estilo de combate que requiere dedicación y muchos años de aprendizaje, propia de tribus nómadas que pasan la vida a caballo, o bien de la nobleza persa y de sus huestes, que mantenían a su cosa. Pero eran las tribus turcas las que tenían más efectivos, sin duda, pues sus rebaños no requerían mucha vigilancia, y su escaso apego a la tierra permitía tener grandes ejércitos en movimiento.

                Esta dualidad entre pueblo sedentario civilizado y tribu esteparia más salvaje se ve también en el Shahnameh, en el que los grandes enemigos son los turanios, o “turans”, que es el gentilicio precisamente de la estepa o “Turya”. El término se aplicaba tribus turcas que habitaban la estepa más allá de la Transoxiana.
Batalla de Ghilmen

Veamos ahora cómo representan los juegos de estrategia histórica de estos ejércitos.

a)      En DBA, la lista es la III/43, opción c. Consiste en tres peanas de Cv, una de ellas general. Estas peanas deberían repartirse entre nobles persas y ghilmen turcos. Luego tiene una LH, caballería ligera tribal, tipo túrcica o sogdiana, o incluso beduina podría encajar, puesto que había tribus beduinas en Persia, que le asentaron durante la conquista. Una peanan de elefantes, 3 de lanceros (acorazados mejor), y luego 3 peanas a elegir entre 2Ps o 4Bw, que representan a los arqueros regulares de las ciudades. La última es una peana de 4Ax, que representan a los feroces mercenarios dailami, de los que ya hablamos.

Ghilmen
b)      En FoG, las reglas representan mejor las diferencias entre la caballería acorazada, pues los nobles son irregualres y los ghilmen, regulares. Los lanceros son de tipo defensivo, lo habitual en las listas islámicas, pero tienen la particularidad de poder ir acorazados. La lista está en el libro Decline and Fall. A mí me encanta ese libro. También tiene caballería ligera beduina, muy interesante, tipo “lancer”. Muy bonita, por cierto.

c)       En AdlG, es la lista 137. No se diferencia tan bien entre las habilidades, pero sí permite subir algunos a élite.  Luego permite enrolar los diferentes tipos de ligera: con arco (jorasaní), con arco élite (turca) y ligera impacto (beduinos). También tiene los dailami como infantería media, impacto y élite, y luego otras medias de diferente calidad. Incluso algunos jabalineros afganos. Y la lista de aliados está muy bien: ziyáridas, Turcos en Asia central, Gaznávidas… Me chiflan los gaznávidas.

 
Imagen de uno de los ejércitos, de Madaxeman