miércoles, 9 de mayo de 2018

Historia de la Rus

Saludos. En el artículo de esta semana hablaremos del origen de las actuales Rusia, Ucrania y Bielorrusia. La historia de estos países comenzó hace mucho tiempo, con el movimiento de las tribus eslavas, y la “Crónica de Néstor” o “Crónica primordial” será nuestro guía. Hace poco que he podido estudiar este texto y debo decir que es una de las crónicas más amenas e interesantes que he leído, incluso a pesar de los pasajes dedicados a la iglesa ortodoxa, los conventos y las anécdotas de temática sacra. Recomiendo su lectura porque es muy interesante. Recordemos que los eslavos se habían puesto en movimiento desde su región de origen, y sus migraciones, producidas entre los siglos V y VIII, causaron profundos cambios étnicos en la parte oriental de Europa. Finalmente se distinguieron tres grandes grupos: los eslavos meridionales, que llegaron hasta las Balcanes; los occidentales, que se quedaron en el centro de Europa, en las actuales Chequia, Polonia, etc. y los orientales. Éstos últimos son la base de la Rus, y se asentaron en las extensas llanuras de Ucrania, Bielorrusia y Rusia, y continuaron expandiéndose hacia el este. Néstor nos da más detalle de estos pueblos usando el recurso de un supuesto viaje de San Andrés entre los eslavos. Lo que nos dice que estos eslavos se denominaban por tribus según el lugar donde vivieran. Así, los polianos  (de “poly”, que significa “campo”) habitaban en las fértiles llanuras a los lados de los ríos Dnieper y Lovat; los derevlios, que habitaban en los bosques; los dregovicios, que habitaban entre el Dvina y el Pripet, los polosios, que habitaban junto al río Polota, etc. Hay que tener en cuenta, también que todos estos grupos terminaron absorbiendo a otros pueblos, que terminaron adoptando su idioma como propio. En el caso de los eslavos orientales, estos pueblos fueron tribus finesas, bálticas e incluso, a través de las estepas, pueblos iranios. Sufrieron la llegada de los avaros, y luego los jázaros, que era pueblos esteparios. La crónica, puesto que es cristiana, hace una descripción grotesca de las costumbres eslavas anteriores a la formación de la Rus, destacando, eso sí, la cultura más avanzada de los polianos. Pues bien, durante el siglo VIII y la primera mitad del siglo IX comenzaron a aparecer las primeras unidades políticas de estos eslavos, que tomaron la forma de principados. Destacaron por su importancia el principado de Kíev, el principado del Norte (con capital en la hermosa Novgorod) , el de los dregovicios, el de los derevlios y el principado de Polotsk .


 
Rurik y sus hermanos
También explica Néstor la importancia geográfica de la región. El río Dniéper  desemboca en el Mar Negro. Ascendiendo por él, se llegaba a una zona en la que, a través de tierra, se llevaba el barco o la carga hasta el río Lovat, y el río Lovat llegaba al gran lago Ilmen. Desde aquí, el Volkhov  fluye de este lago al lago Nevo, y este tiene una boca que llega hasta el Mar de Norte, o el Mar de los Varengos, como se llama en la crónica. Es decir, había una ruta comercial desde los países nórdicos hasta Constantinopla. Los eslavos la usaban a menudo, y los suecos, daneses y noruegos no tardaron en descubrirla. A mediados del siglo IX, los varengos, o vikingos procedentes de Suecia, comenzaron a cruzar el Báltico y a remontar los grandes ríos procedentes de estas tierras. Realizando feroces incursiones, contactaron así con algunos principados eslavos, a quien pronto sometieron a tributo. Según la “Crónica de Néstor”, eran los Chuds, los Eslavs, los Ves y los Crivichios. Sus tierras eran fértiles, y disponían de abundante caza, y miel, y maderas. Sin embargo en el año 862, consiguieron una precaria alianza y desafiaron a los varengos, rechazando el pago de los tributos.  Al principio les fue bien, pero por aquellos días, los jázaros sometieron a los polianos, severos y viatigios. Aunque no lo deja claro en la crónica, imagino que ante el avance jázaro, los que acababan de rechazar a los vikingos se vieron con el nuevo enemigo a las puertas, y decidieron buscar aliados en los feroces varengos.   De este modo, en lugar de estar sometidos a los tributos de dos enemigos, se aliarían con uno de ellos para luchar contra el otro. Así fue como decidieron ir a buscarlos a Suecia y hacerles una oferta que no podían rechazar, y se inició la dinastía de reyes varengos entre los eslavos, llamada dinastía Rúrika. Comenzó con la llegada de los tres hermanos a aquella nueva tierra, en el año 860: Rurik, Sineus y Truvor, y todos sus seguidores. Rurik se asentó en Novgorod, Sineus en  Beloozero y el tercero en Izborks. Dos años después, Sineus y Truvor fallecieron, pero Rurik situó a sus hombres a la cabeza de estos principados, y extendió su dominio también sobre los polotsianos,  Rustov y  Murom. Y al amparo de aquella nueva era, dos de los hombres de Rurik,  Askold y Dir, avanzaron hasta Kiev, que por aquel entonces estaba sometida al tributo de los jázaros. La tomaron, atrajeron a más varengos con ellos y se hicieron fuertes allí, libres de Rurik,  mientras este mandaba en Novgorod. Fueron ellos los que  lanzaron el primer ataque a gran escala al país de los griegos, en el decimocuarto año del reinado del emperador Miguel. Con una flota de doscientos barcos bajaron por los ríos, entraron en el Mar Negro y arrasaron el Quersoneso y los alrededores de Constantinopla. El emperador, que marchaba a una campaña contra los búlgaros, tuvo que volver a toda prisa, pero finalmente, una terrible tempestad estrelló a la flota contra la orilla y los pocos supervivientes tuvieron que volver con muchas dificultades a su tierra.


Oleg ante las murallas de Constantinopla
En el año 870 falleció Rurik. Tenía un hijo, apenas un bebé, llamado Igor. Eligió de entre los parientes que le acompañaron,  Oleg, para que gobernara en nombre de Igor. Este Oleg fue el verdadero creador de la Rus. Conquistó Smolensk y la sometió a tributo. Luego siguió hacia Kiev, eliminó a los díscolos Askold y Dir y estableció allí la capital del nuevo estado que había concebido: la Rus de Kiev. Un estado en el que los príncipes varengos gobernaban sobre la población eslava, y les exigía tributos, tanto a ellos como a los demás principados eslavos a los que vencían. A cambio, dirigían los nuevos ataques y hacían frente a los jázaros. En el 885 habían conquistado casi todos los territorios eslavos que hasta entonces les pagaban tributos. Y dio forma a este estado. Ordenó que las ciudades fueran fortificadas. Ante la ausencia de accidentes geográficos importantes, los únicos obstáculos de aquella tierra eran los ríos. De modo que las ciudades levantaron grandes empalizadas de madera, y Oleg distribuyó guarniciones varengas por todas ellas, y designó sus gobernadores de entre los hombres que le debían vasallaje a él o al príncipe Igor.

Oleg cumplió su palabra con Rurik y tuteló al joven príncipe Igor. Bajo el férreo mando de Oleg, la rus sobrevivió al advenimiento de los magiares, que finalmente se asentaron en la actual Hungría. También aquellos años, la cristianización se fue propagando entre los eslavos del oeste, y de hecho, se tradujo la biblia a lengua eslava, en el alfabeto que creó Cirilo para ello. Pero los varengos se resistían al nuevo dios. Oleg, en el 904, lanzó un nuevo asalto contra Constantinopla, a la que ellos llamaban “Tsargrado”, la “ciudad del César”.  Y el emperador, que por entonces ya era Basilio, tuvo que pagar un gran botín a Oleg para que se fuera a su casa, y también establecer un tratado con ellos. Néstor dedica un buen número de líneas a describir el pacto, que podemos resumir en dos conclusiones importantes: los mercaderes varengos tendrían un trato preferente en las condiciones comerciales con los emperadores bizantino y, aquí empieza lo bueno, los varengos podrían ser reclutados por dichos emperadores bajo ciertas condiciones comerciales especiales (estipendio mensual, alojamiento, etc.), e incluso en caso de muerte, se garantizaba que su herencia llegara a sus parientes en la Rus, aun sin testamento.

Pero, ¿por qué todo esto? Pues porque hay que tener en cuenta que Constantinopla era la urbe más grande y el mercado más importante de aquella parte del mundo. Era la capital de un imperio que no cesaba de demandar todo tipo de productos. Y los varengos/vikingos, que igual empuñaban una espada que te vendían una piel de marta, se percataron de que todos los bienes de las grandes y fértiles tierras de la Rus se vendían bien en la capital del imperio. Así que muchos tributos se pedían en especie, sobre todo piel de marta, cera, miel, ámbar,   etc., y todo esto se vendía en Constantinopla. Y en cuanto a las otras condiciones, pues así nació la legendaria Guardia Varenga, la escolta personal de los emperadores. Su unidad de élite. Muchos y notables vikingos servirían en ella. En la tumba de muchos ellos, allá en el frío norte, se leyó “Bard-aur i greki”, o “muerto entre los griegos”. Quizá el más famoso miembro de esta guardia fue Harald Hadrada, que disputaría el trono de Inglaterra a Harold Godwinson en Stamford Bridge, días antes del desembarco normando de Guillermo el Conquistador (que por cierto, descendía de Rolf Ganger, Rolf el “Caminante”, hijo de Ragnvald Eystensson, el favorito de Harald I de Noruega. Al final, todos eran primos, “oyes”). Pero esto es otra historia.

Oleg tuvo una muerte bastante ridícula tal y como la cuenta la crónica de Néstor, que la pone como el resultado de desafiar al destino. Todo muy dramático. Os dejaré que la busquéis si os pica la curiosidad. Así que cuando murió, como el príncipe Igor ya era mayorcito, tomó el mando del estado en el 913. Igor siguió la política activa de consecución de tributos de los principados eslavos, pero en el 914 tuvo que hacer frente a la llegada de otro pueblo que en los años venideros sería sin duda otro de los protagonistas de este drama: los pechenegos. Pueblo de origen túrquico, grandes arqueros a caballo,  aparecieron por las llanuras asiáticas y pasaron por la Rus. Igor, que no carecía de talento, llegó a un costoso acuerdo con ellos y siguieron su camino, pero desde ese momento serían  una fuerza a considerar en la región, y con frecuencia los veremos luchando al lado de la Rus o al lado de los búlgaros, o de los bizantinos, según el mejor postor.


Kiev
En la Crónica encontramos aquí un misterioso vacío de veinte años en el que sólo se dan sucintas noticias sobre los magyares y los búlgaros, pero apenas se habla de Igor. Podemos pensar que se dedicaría a  mantener sus principados frente a los pueblos de las estepas, pero por fin, en el 935, Igor lanzó un nuevo ataque contra los griegos. Pensemos que los tratados solo se mantenían mientras los firmantes fueran fuertes. Si uno de los dos se mostraba débil y no podía reclamar su cumplimiento, el texto perdía su fuerza, y eso debió de pasar a Igor. Así que se lanzó con sus barcos hacia Constantinopla, arrasando de paso la Paflagonia y otras plazas en la costa del Mar Negro. Pero los bizantinos los arrasaron con su fuego griego en el mar, e Igor tuvo que huir con el rabo entre las piernas. Tardó diez años en volver a reunir sus fuerzas, someter a los pechenegos, traer más mercenarios varengos y reunir a un montón de eslavos y resarcirse de aquella derrota, cosa que logró. Así revalidó el tratado de Oleg, trajo un gran botín y sintió por fin su orgullo satisfecho. Justo a tiempo, porque ese año murió luchando contra los derevlios, reclamando su tributo.

Así que quedó sola al frente del gobierno su viuda, Olga, y su hijo, Sviatoslav Igorevich, todavía demasiado joven. Olga fue una mujer notable. No se sabe mucho de su origen. Fue traída de los países nórdicos a casarse con Igor cuando este era aun muy joven. Y cuando falleció su esposo, no dudó en ponerse al frente de sus tropas y lanzar una terrible campaña contra los asesinos de su Igor. Mucho lamentaron los derevlios haber acabado con Igor, pues no dudó en prender fuego a su ciudad y ver cómo ardían todos, y a los que escaparon, los mató o los vendió como esclavos. Y no solo era sabia en cuestiones de guerra. Preparó el reino para su hijo. Ordenó y legisló, organizó la recogida de tributos y mejoró la red de puestos fronterizos y puestos comerciales, tanto que el propio Néstor en su crónica indica que todo lo que hizo aún seguía funcionando en el momento de la escritura de la crónica, casi doscientos años después.

Olga en la corte bizantina


Juntos, madre e hijo llevaron a la Rus a la cima de su poder, hasta la muerte de Sviatoslav en el 972. Además de las reformas mencionadas, también redefinieron la política exterior: se buscaría la amistad del imperio Bizantino, y se atacaría a todos los demás, sobre todo a l os jázaros, pero también a otras tribus turcas, como los pechenegos, o bien baltos, como el pueblo lituano. Gran parte de las relaciones entre Bizancio y Kíev se basaron en la cristianización de la Rus. Hasta entonces, los eslavos y varengos habían mantenido sus cultos paganos: Perun, el dios del Trueno, y todo el panteón vikingo, y también Jors, que era una deidad irania. El proceso de cristianización había comenzado en el siglo IX (con san Cirilo y san Metodio), pero fue Olga la que se percató de las enormes ventajas que supondría para su hijo contar con el respaldo del imperio bizantino, y sellar dicho respaldo a través de la fe cristiana. Tengamos en cuenta que Constantinopla no era el verdadero enemigo. El día a día de la Rus tenía más que ver con el sometimiento de los principados díscolos, y la guerra continua con pechenegos, jázaros, magiares y otros pueblos esteparios. A través de la “cristianización”, los príncipes de la Rus tendrían una legitimación muy poderosa.  Nótese que ya los búlgaros habían optado por el mismo camino. Así que Olga marchó en el 948 a Constantinopla, al frente de una misión diplomática de extrema importancia. Estando allí, encandiló al emperador y aceptó el bautismo, y con la misma habilidad que había mostrado para la guerra, convenció al “pegajoso” y ardiente emperador para que la dejara volver a la Rus a convertir a su hijo, a cambio de importantes cantidades de miel, pieles y otras mercancías, y un importante contingente de tropas, sobre todo varengos, que lucharan contra el emperador. Y aunque no consiguió que Sviatoslav se convirtiera al cristianismo, si consiguió situar a la Rus en la órbita romana. Y el apoyo dio sus frutos. Sviatoslav derrotó en los años siguientes a los jázaros y a los búlgaros, y levantó el gran asedio de los pechenegos a Kiev, en el que su madre estuvo a punto de perecer. Poco después, en el 969, Olga falleció, y sin ella, todo el estado que estaba creando se desmoronó rápidamente, dividido y acosado por sus enemigos tradicionales. Sviatoslav murió cuatro años después, y dio comienzo un periodo turbulento, en el que sus descendientes, cada uno en su principado, se disputaron el poder, hasta que imperó  Vladimir Sviatoslavich, también conocido como Vladimir el Grande, o san Vladimir, ya que fue santificado. Desde ese momento, los altos cargos serían enviados por Bizancio, aunque el papel de la Iglesia en la Rus sería separado totalmente del gobierno. Y durante mucho tiempo, la nobleza mantendría también cultos paganos, sobre todo a Perun y Jors. Vladimir unificó finalmente a todos los principados, y colocó a sus descendientes al frente de las nuevas “provincias”-principados. Desde ese momento, el príncipe de Kíev ostentaría el título de “Gran Príncipe”, para diferenciarse de los demás.

Olga pensando en los derevlios
Y aunque fue Vladimir quien convirtió finalmente a la Rus a la cristiandad, la labor inicial de Olga, la gran estadista y primera cristiana de la Rus, fue reconocido por la iglesia ortodoxa y santificada como Santa Olga, o Santa Helga. Y hay que destacca también los párrafos que Néstor dedica a la conversión de Vladimir, que son de los pasajes más fascinantes. Pues Vladimir, buscando “nuevos dioses”, recibe una embajada de los búlgaros del Volga, que ya se habían convertido al islam, y le cuentan las bondades de su religión. Luego llegan los jázaros, que se habían convertido al judaísmo (¿nunca os habéis preguntado cómo llegaron los judíos de “El violinista sobre el tejado” a Rusia?). Los siguientes fueron misioneros cristianos germanos, que usaban los modos “romanos” u occidentales, y luego el emperador  de Constantinopla le envía misioneros “ortodoxos”, que son los que finalmente elige. Es un pasaje profundamente humano a pesar de ser “naif” en sus planteamientos, pero verdaderamente fascinante.

Pechenegos
Tras la muerte de Vladimir el Grande, el proceso de descomposición de la Rus apenas  pudo detenerse. El principado fue dividido entre los hijos de Vladimir, Iaroslav el Sabio y Mstislav. Cuando éste murió, Iaroslav unificó de nuevo el territorio. Sin embargo, a su muerte, sus hijos disputaron duramente, e hizo aparición el pueblo de los cumanos, o “kypchaks”, otro pueblo turco, desde las estepas del sur, que habían desplazado a los pechenegos. Desde ese momento, los príncipes lucharon a menudo entre ellos, o bien lucharon unidos contra los cumanos, o bien con los cumanos contra el resto de los príncipes. Durante la segunda mitad del siglo XI y el primer tercio del XII, la Rus se mantuvo a duras penas unida, aunque sus príncipes locales tenían cada vez más independencia, y compitieron en traición y capacidad de intriga. De cada generación, el líder repartía sus principados entre sus hijos, y a su muerte, los hijos luchaban o se traicionaban y corría la sangre, hasta que uno se imponía, y el ciclo volvía a comenzar. En estos años, la Crónica de Néstor ya no habla de incursiones ni campañas hacia el exterior, sino de un continuo estado de guerra fratricida.

Este periodo terminaría con el reinado de Vladimir II Monómaco, entre los años 1113 y 1125. A Vladimir II debemos dos de los primeros exponentes de la literatura de los rus: la “Instrucción”, y su “Homilía”, obra en la que él, consciente de los peligros que acechaban a la Rus en descomposición, trató de plasmar su experiencia y sus recomendaciones a los futuros príncipes. También, durante su reinado, tuvo el poder y la iniciativa suficiente como para construir un largo muro en la estepa para protegerse de los cumanos, vigilada por sus valientes boyardos..

Tras la muerte del Gran Príncipe Vladimir II, la Rus siguió su descomposición. La decadencia y la bajada de la demanda comercial por parte de Constantinopla, y las nuevas rutas comerciales que abrieron las Cruzadas, provocaron que la Rus fuera quedando al margen de lo que pasaba en el resto del mundo, y los ingresos debidos al comercio descendieron. Los Príncipes de la Rus tenían menos recursos, y su poder se fue fragmentando tanto como sus territorios, en  el que fueron apareciendo pequeños principados independientes. Los príncipes tuvieron que apoyarse cada vez más en sus boyardos al carecer de recursos propios. Esto puede apreciarse, a modo de anécdota, en el papel que los boyardos tienen en los cuentos tradicionales rusos de temática heroica, o “bilinas”, en los que casi siempre los protagonistas son boyardos que, leales a algún príncipe, cumplen arriesgadas misiones en defensa de la tierra rusa. Curiosamente, los príncipes de estos cuentos están siempre en sus palacios, y rara vez se ponen al frente de sus ejércitos o se exponen a algún peligro. Yo crecí leyendo estas historias, que conocí incluso antes de la mitología griega: Ilyá Múrometz, Dobrinia, Aliosha Popóvich, Dunai y Nastasia...

Pues bien, la Rus unificada se dividió en tres estados principales: Rus de Vladimir Suzdal en el norte, la de Volinia-Galitzia en el sur, y el principado independiente de Novgorod, ciudad dedicada al comercio, próspera y opulenta, y que daría origen a un personaje de cuento maravilloso llamado Sadkó de Novgorod: astuto y afortunado mercader, y maestro en el arte de tocar el salterio. Ya en la segunda mitad del siglo XII Kíev fue perdiendo importancia, al tiempo que los cumanos aumentaban la presión sobre las tierras rusas, pero Novgorod prosperó por su control del comercio del Báltico.

Pero las divisiones aumentaron tanto que cuando, los mongoles invadieron la Rus, en el 1220, no había fuerza capaz de hacerles frente. Fue Batu Kan, al frente de la Horda de Oro, quien arrasó el país. La llegada de los tártaros fue tan terrorífica para los rusos que muchos huyeron a las tierras boscosas, a la espesura, donde los mongoles no se atrevían a penetrar. Muchas bilinas, como la de Aliosha y el tártaro Tugarin, muestran a los tártaros como seres monstruosos, deformes y gigantescos.
La conquista mongola tuvo graves repercusiones. En el futuro haré una serie de artículos sobre el imperio mongol, en los que trataré esto con más detalle, pero por ahora basta decir que los mongoles no se anexionaron esta región, pero sí sometieron a sus príncipes a un duro vasallaje (os recomiendo leer la historia de Aliosha Popovich). Favorecieron la preminencia de Moscú, situada más al este que Kíev, como nueva sede de poder de los gobernantes rusos, mientras la antigua capital de la Rus era aislada y caía en el olvido. No fue hasta Ivan el Terrible cuando los rusos recuperaron su independencia. Por lo tanto, detendremos aquí el relato de los hechos históricos.

LOS EJÉRCITOS DE LA RUS EN DBA



En DBA, encontramos dos listas distintas para el periodo descrito en este artículo. Aunque la composición de los ejércitos cambia, la organización de los ejércitos se basa en lo siguiente: el Príncipe poseía un ejército propio, denominado “druzhina”. A este contingente, los príncipes podían unir tropas locales, aportadas por las ciudades, en caso de necesidad, o incluso mercenarios provenientes de pueblos esteparios con los que a veces se estaba en guerra, y a veces, se colaboraba. Con este esquema en la cabeza, veamos ahora los ejércitos.


III/48, Rus.- Esta lista representa a los ejeŕcitos de los príncipes de la Rus desde la llegada de los reyes vikingos hasta la fragmentación de los principados. Encontramos pues la peana del general como Cv o bien como Bd. Ésta peana es la “druzhina”, y son vikingos. Luego hay siete peanas de lanzas, obligatorias. Los lanceros rus, es decir, autóctonos, usaban largas, al modo escandinavo, lanzas y escudos. Inicialmente eran redondos, también como el de los vikingos, pero fueron cambiando al diseño cuadrado. También estaban equipados con hachas. Eran conocidos por su ferocidad y por la fuerza de sus formaciones cerradas. Luego hay dos peanas con opción de ser lanceros rus o bien, arqueros hostigadores, Ps, que solían disparar desde detrás de las formaciones de lanzas. Por último, otras dos peanas que pueden ser más lanceros rus, o Bd, que representan a mercenarios varengos, o bien LH, que pueden ser búlgaros del Volga, magiares, polacos o pechenegos: arqueros a caballo, vamos.
III/78 Rusos tempranos. Esta lista representa ya a los ejércitos en los que participan los boyardos. El general y cuatro peanas más son Cv. Ésta es la nueva “druzhina”, conformada por los jinetes bogatires: equipados con arcos, mazas y espadas, y equipados con hermosos armaduras y arreos. Luego hay dos peanas de caballería ligera, que eran tropas aportadas por las ciudades, formadas por boyardos empobrecidos o campesinos pudientes, y que tenía funciones de exploración, pero también puede representar a mercenarios húngaros, pechenegos o cumanos, o bien “kazak”, que eran turcos asentados en las fronteras de la Rus. Siguen dos peanas de lanceros rus, dos de arqueros y la última, que tiene tres opciones: una Hd, representando a milicias locales; Ax, representando a tropas rusas procedentes de los bosques, y una extraña peana de 3 ó 6 Kn, que son caballeros mercenarios germanos, en formación estándar (3Kn) o bien en cuña (6Kn).


En Art de la Guerre encontramos las mismas listas. La 160 es la Rus, con una "druzhina" formada por lanceros varengos o caballería pesada, y un núcleo de lanceros pesados y alguna caballería ligera. La lista 206, Rusos Feudales, incluye la segunda época. La élite es ahora montada, formada por los boyardos, representados como caballería pesada, quizá en contraposición a la caballería pesada con arco que encontramos en las listas de pechenegos y cumanos; luego tenemos a los lanceros, con presencia menor, y muchas opciones de aliados: cumanos, pechenegos, polacos e incluso esos caballeros.
Guerreros de la Rus


Las gamas de rus, sobre todo los boyardos, suelen ser muy atractivas visualmente. Que yo conozca, Essex y Old Glory tienen una bonita gama, aunque mi favorita es la de Mirliton.

viernes, 13 de abril de 2018

El califato abásida


Abu Muslim Al Khorasani
Saludos. Esta semana comenzaremos nuestro retorno hacia Occidente desde las estepas de Asia Central. Concretamente, conoceremos a los gobernantes abásidas, que dirigieron las riendas del imperio islámico desde que destronaran a los Omeyas en el 749, hasta la fragmentación del califato en un complejo mosaico de dinastías locales.
Bien, recordemos algunas cosas. La conquista árabe había llegado desde los Pirineos hasta las fronteras de La India. La dinastía Omeya o Ummayad había arrebatado el poder a los Califas Ortodoxos, que habían sido parientes y colaboradores del propio Mahoma. Alí, el cuñado del Profeta, había sido obligado por lo tanto a renunciar al califato. Esto provocó que otras dinastías comenzaran a plantearse que si los Omeyas podían gobernar en lugar de los descendientes del Profeta, ellos también podrían. También provocó corrientes que giraron alrededor de Alí, y cuando éste murió, el descontento aumentó mucho entre ellos.
Por otro lado, en los nuevos territorios, el dominio Omeya se había traducido en la implantación de numerosas ciudades “cuartel” para sus ejércitos. Como los musulmanes estaban exentos de impuestos, muchos campesinos dejaron sus tierras y emigraron a estas ciudades, por lo que las recaudaciones se reducían, y los Omeyas comenzaron a poner trabas a estas conversiones.
También, las clases locales que habían sido apartadas del poder, sólo podían prosperar convirtiéndose en “mawali” o “clientes” de las tribus árabes. Sin embargo, muchos eran personas extraordinariamente capaces y con mayor tradición política y de gobierno, como los nobles persas. Aunque los árabes les consultaban sin cesar, ellos permanecían siempre apartados del poder.

Todos estos factores fueron creando un clima de oposición generalizada a los Omeyas. Y fue en la lejana frontera oriental, en Jurasán (Khurasán, una provincia de la antigua Persia), donde un misterioso personaje llamado Abú Muslim, atrayendo sabiamente a todos los elementos descontentos con los califas gobernantes, proclama la “da'wa”, la revuelta religiosa que derrocaría los Omeyas, en el 745. Pero, ¿quién era Abú Muslim? La respuesta a esta pregunta nos revelará sin duda uno de los más complejas, astutas y exitosas conspiraciones de la Historia.
En el año 741, Abu Muslim no era más que un “mawali” arruinado. Su origen no está claro, y ni siquiera la enciclopedia iránica es capaz de ser taxativa, pero se sabe que no era árabe, sino de origen persa. Tal vez de la nobleza irania.  El nombre de Abu Muslim le fue dado cuando se adhirió a la causa de los abásidas. Pues fue un miembro de esta familia,  Ibrahim, quien descubrió que este oscuro personaje poseía algunas virtudes que podrían serle muy útiles.


"Con banderas negras vendrán del este..."
Lo primero que hay que entender es que los abásidas eran una familia árabe, también procedente de La Meca, y que durante la expansión árabe, había recibido territorios en Palestina e Irak.  Aspiraban a derrocar a los Omeyas.
Ibrahim, sabiamente, sabía que podía basar la legitimidad de su revuelta en ser descendiente de cuarta generación de Abbas ibn Abn Al-Mutalib, que fue tío del propio Mahoma. Es decir, Ibrahim sabía que cumplía con el primer “requerimiento” que se exigiría a unos nuevos califas: ser parientes del Profeta, a diferencia de los Omeyas.
Ibrahim reclutó a Abu Muslim, y le instruyó en su plan. Debía el “mawali” marchar a la provincia más alejada del nuevo imperio, a Jurasán, en la antigua Persia. Era el lugar idóneo: alejado del centro de poder de los Omeyas, con un gobernador débil y escasa tropas, concentradas en vigilar la frontera de la estepa donde ya se vislumbraba la amenaza de las tribus turcas. Donde muchos nobles persas se veían apartados del poder y se veían despreciados por la élite árabe. Donde habían tenido que sofocar algunas revueltas. Donde los shiíes seguían rumiando otra contra los omeyas. Allí, Abú debía proclamar un mensaje religioso: los Omeyas no eran descendientes del Profeta, y atentaban contra los principios del Islam dificultando las conversiones. Por lo tanto, los buenos árabes debían rebelarse contra ellos y elevar a un auténtico descendiente del Profeta en el poder. Sin embargo, Ibrahim ordenó a Abú que bajo ningún concepto revelara el nombre del nuevo aspirante a califa. Ésta era la clave del plan. Abú debía provocar la rebelión en la frontera del imperio y avanzar contra los Omeyas marchando hacia el oeste, mientras Ibrahim y su familia aguardaba acontecimientos en Palestina.
Una antigua profecía había predicho que del Este vendría un ejército victorioso portando banderas negras, para mayor gloria del Profeta. Abú adoptó estas banderas negras para los ejércitos que consiguió reunir con los árabes de Jurasán, y los guió a la batalla. En aquel momento, el califa Omeya era Marwan II, y la oposición a su familia se había extendido por todo el imperio, por lo que su situación era extremadamente caótica. Aprovechando esta debilidad, Abú Muslim asaltó y tomó la ciudad de Merv en el 748. Y mientras el resto del imperio se desintegraba, al año siguiente, sus tropas entraron en Kufa.


Mientras, Marwan había sido informado de que la más peligrosa revuelta, la de Abú, podría haber sido instigada por el cercano imán Ibrahim. Los guardias de confianza de Marwan, en el intento de capturar a Ibrahim, le mataron, justo a cuando Abú Muslim acababa de entrar en Kufa. Con el plan abásida descubierto, ya no había marcha atrás. Un nuevo líder tomó las riendas de los abásidas, y envía un mensaje a Abú Muslim para que le proclamara Califa desde Kufa. El candidato secreto iba a ser por fin revelado. El mensaje lo firmaba el que sería el primer califa abásida: Abdullah ibn Muhammad al-Saffah. Era el año 750, y al-Saffah, al frente de su propio ejército, poco después, derrocó a Marwan, que se vio atrapado entre las fuerzas de Abú y las del propio Al-Saffah.
Sin embargo, el nuevo califa no satisfizo a todos los que habían participado en la rebelión, de modo que al-Saffah tuvo que negociar para mantener la lealtad de antiguos jefes militares árabes. Sin embargo, el nuevo califa murió repentinamente en el 754, y la cuestión sucesoria destapó la todavía inestable posición abásida. La “da'wa” se dividió alrededor de dos aspirantes principales: Abú Ya'ffar, conocido como al-Mansur, y su tío Abd-Allah.
Y fue entonces cuando el poder de Abú Muslim y sus ejércitos jurasaníes hizo que la balanza se inclinase rápidamente en favor de Al-Mansur, que en ese mismo año se proclamó califa. Sin saberlo, Abú Muslim había firmado su propia sentencia de muerte. Al-Mansur, incluso favorecido por él, se asustó al comprobar la enorme influencia de Abú, y vio claro que si éste alguna vez se le ponía en contra, no podría hacer le frente. Por lo tanto, Abú Muslim murió por orden del mismo califa al que había ayudado a llevar al poder. Así terminó su asombrosa historia.

Con Al-Mansur comenzó en realidad el califato abásida, y también, la era del auténtico esplendor islámico. Reformó el gobierno, estableciendo los nuevos cargos, reorganizando la profesionalización del ejército. Además, Al-Mansur fundó una ciudad para los sueños: Madinat al-Salaam, la “Ciudad de la Paz”, más conocida como Bagdad. En efecto, si los Omeyas gobernaron desde Damasco, Al-Mansur gobernó desde Bagdad. Además, cuidó mucho la cuestión sucesoria, que trató de mantener dentro de su familia. Así, cuando murió en el 775, fue su propio hijo, Al-Mahdi quien se erigió como nuevo califa.
Al-Mahdi inauguró un proceso de estabilización y prosperidad económica sin precedentes. Mientras en Europa estaba sumida en una era de oscuridad de ignorancia, Bagdad se fue convirtiendo en la ciudad más esplendorosa del mundo. Y además, Al-Mahdi se puso al frente de una nueva “yihad” que llevó a sus ejércitos a La India, la Transoxiana y Anatolia, donde se enfrentaron con enorme fiereza con los ejércitos del imperio bizantino.
En el año 786 fue sucedido por Al-Rasid. Fue éste un gobernante exitoso y enormemente conocido, con una personalidad compleja y contradictoria. Mientras sus detractores le acusaban de desentenderse de los asuntos de sus súbditos, Al-Rasid se centró en continuar la violenta guerra contra los bizantinos. Su nueva “yihad” avanzó por Anatolia imparable, y llegó a las afueras de Constantinopla, pero allí fue finalmente rechazado. Centró entonces su interés en los puertos del Mediterráneo, el Mar Rojo y el océano Índico. Asignó tropas y flotas, y los comerciantes árabes llevaron sus naves y mercancías a costas tan lejanas como África, Sri Lanka o incluso más allá. Estos audaces comercianes serían inmortalizados en la figura de Simbad el Marino en los cuentos de “Las mil y una noches”.

Mientras, la vida urbana, gracias a las mayores aportaciones que pudieron hacer los “mawali”, prosperó, y se alcanzó un progreso tecnológico y cultural sin parangón en su época.
La agricultura mejoró extraordinariamente, y se abrieron hospitales públicos para enfermos y leprosos. El califato de Al-Rasid fue la Edad de Oro del Islam, y el eco de su grandeza llegó hasta la lejana Europa: un día llegaron a Bagdad unos extraños emisarios, que se presentaron como embajadores del rey Carlomagno. La diplomacia funcionó. Incluso se dice que Al-Rasid regaló a Carlomagno un elefante asiático.
Harún Al-Rasid recibe la embajada de Carlomagno

Toda Edad de Oro llega a su fin, y la sucesión de Al-Rasid causó ésta. Había nombrado sucesores a sus tres hijos: Al-Amin, Al-Mamún y Al-Qasim. Cuando Al-Rasid murió, sus hijos no tardaron en provocar una guerra civil. Fue Al-Mamún, desde su gobierno de Jurasán, y apoyado por los Tahirids, quien finalmente se impuso a sus hermanos en el 813, después de asediar Bagdad durante catorce meses, y tras tomarla sólo tras una cruenta lucha calle por calle. Por ello, los Tahirids serían recompensados con el gobierno hereditario e independiente (pero leal al califa de Bagdad) del territorio de Khurasán, estableciéndose así la primera dinastía jurasaní de una serie muy interesante, que estudiaremos en futuros artículos. Sin embargo, la guerra civil provocó la independencia de facto de los territorios norteafricanos. Tras este conflicto, el imperio se había reducido, aunque siguió siendo muy poderoso.
Al-Mamun murió en el 833 en una campaña contra los bizantinos, y fue sucedido por al-Mutasim. Este califa tomaría una decisión que, con el tiempo, cambiaría para siempre la historia del Islam. Merece la pena detenerse en este aspecto.
Hasta Al-Rasid, los ejércitos abásidas habían sido los mismos que los de los Omeyas. Sin embargo, en la primera reforma de Al-Rasid, se había creado un ejército en Jurasán en el que se había incluido un gran número de tropas persas a caballo, nobles que mantenían la tradición bélica directamente heredada de los sasánidas, y que se basaban en un mayor uso de los arqueros acorazados a caballo, en lugar de los lanceros acorazados a caballo árabes. Pero estas tropas seguían siendo básicamente musulmanas. Sin embargo, Al-Mutasim comenzó a enrolar tropas esclavas turcas en los ejércitos, que también usaban táctica más parecidas a las jorasaníes, pero con una mayor fiereza si cabe. Estos esclavos turcos comenzaron a formar el núcleo de los ejércitos, y sus propios generales esclavos fueron estableciendo linajes que permanecieron al servicio del califa. Estos turcos serían conocidos como “ghilmen” o “Mamluks”, y en su época se convirtieron en el epítome del arquero acorazado a caballo.
Con estas fantásticas y feroces tropas en los ejércitos, Al-Mutasim puso fin a numerosas revueltas que desestabilizaron su gobierno, y mantuvo la guerra en todas sus fronteras. Además, el creciente poder del factor turco provocó que el centro de poder califal pasara de Bagdad a Samarra, más cerca de las estepas. Sin embargo, la nueva capital se limitó a ser la sede del ejército, pues Bagdad siguió sin rival en cuanto a esplendor y cultura.
Ghulam y soldado de infantería

Al-Wathiq fue nombrado califa en el 843, y otorgó grandes parcelas de poder a generales turcos. Desde ese momento, la infiltración de los “esclavos” turcos cambió el equilibrio de poder en la corte abásida. No pasó mucho tiempo antes de que algunos comenzaran a preguntarse quién servía a quién.
Como este califa no nombró sucesor, Al-Mutawakkil llegó al poder apoyado por los turcos, pero luego, cuando se sintieron decepcionados por su actitud hacia ellos, lo mataron en el 861 y le ofrecieron el poder a su hijo Al-Muntasir, que se mostró mucho más “maleable” para sus intereses. Este momento marca el fin del poder unificado de los abásidas. Los generales y líderes militares del ejército, sobre todo los turcos, y también los más tradicionales que se oponían a ellos, comenzaron una serie de movimientos que terminaron con la aparición de numerosas dinastías islámicas regionales, que fueron independizándose del poder central del califa, y así, el estado unificado desapareció. Aparecieron así, entre otras dinastías, los safáridas primero y luego los gloriosos samánidas en Jurasán (descendientes de los persas) ; los gaznávidas (turcos) en las estepas; los fatimíes (árabes) en el Magreb, los tuluníes en Egipto, los Hamdánidas (beduínos) en Yazira (Irak), dinastías Dailami (iranias) en Irán, etc. Hablaremos de algunas de ellas en próximos artículos.
Descomposición del califato en durante el intermedio iranio

Los siguientes califas abásidas también tuvieron que enfrentarse a graves conflictos en las áreas que todavía gobernaban. La revuelta de esclanos negros zanj comenzó en 869 en las zonas pantanosas del Eúfrates, donde eran llevados a trabajar, y no pudo ser controlada hasta el 883.
Los cármatas se revelaron en la zona del Golfo Pérsico, y con la ayuda de muchas tribus beduías, allá por el 900, guiados por Abu Said. Se enfrentaron a los ejércitos califales con gran derramamiento de sangre. Saquearon caravanas y ciudades, desestabilizando el poder abásida hasta el límite. En 929 atacaron incluso La Meca y se apoderaron de la Piedra Negra. Sin embargo, el movimiento comenzó a debilitarse en el 945.
Trágico final para la rebelión de esclavos
Para entonces, los califas abásidas estaban totalmente agotados. De modo que fue una dinastía, procedente de las regiones montañosas del norte de Irán, los dailami Búyidas, que hacía poco que habían sido islamizados, pero cuya feroz infantería mercenaria formaba parte de los ejércitos árabes desde los Omeyas, entre los feroces Dailami, quien ocupó Bagdad. Los búyidas mantuvieron el califato con valor representativo, pues el poder lo detentaron ellos desde entonces, y hasta que fueron derrotados por los turcos Seljuk cien años más tarde. Protagonizarían el denominado “intermedio iranio”, en el que el poder recayó en pueblos persas, después del gobierno de los árabes y antes del de los turcos que estaba por llegar.

Durante el califato abásida, como ya hemos dicho, la vida urbana y la cultura prosperó enormemente, y ello fue sin duda debido al nuevo clima creado por los abásidas. Aunque los árabes siguieron gobernando y mantuvieron su cultura y su diferenciación racial, los “mawali” puedieron participar de forma más directa, y pudieron aspirar también a puestos de poder. Esto permitió que persas, egipcios, sirios y muchos otros, con una rica tradición cultural, se pusieran al frente de numerosos negocios y puestos de gestión. También los Dhimmis, los no musulmanes, aportaban sus conocimientos de artesanía y comercio, y pagaban impuestos especiales a las arcas del califa.
Las pudientes clases gobernantes consumían todo tipo de bienes de lujo. Los artesanos y comerciantes creaban y transportaban preciosas mercancías a todos los lugares del imperio. Aparecieron los mercados como emplazamientos físicos permanentes, como en Bagdad.
Por lo tanto, la menor importancia que se dio a la pertenencia de cada individuo a su raza, en favor de una mayor hermandad universal de los musulmanes, provocó fusiones e influencias verdaderamente esplendorosas, que han dejado en la Historia una imagen imborrable, y un riquísimo legado como las narraciones asombrosas de “Las mil y una noches”, recopilado en el siglo IX, donde a través de sus cuentos, podemos atisbar retazos de aquella Edad de Oro.

LOS ABÁSIDAS PARA DBA
La lista para DBA de los abásidas es la III/37, Abbasid Arab. La lista presenta dos variantes cronológicas debidas precisamente a lo que se ha comentado antes:
La opción “a” llega hasta el 835, es decir, justo antes de la inclusión masiva de los “ghilmen” turcos. Por lo tanto, se compone de las tropas árabes que ya vimos en la lista de los Omeyas, aunque hay algunas variaciones. El general y tres peanas más con Cv, que representan a los lanceros árabes.Yo recomendaría que una de estas peanas se sustituyera por caballería acorazada con arco de Jurasán, al estilo persa, si se pretende hacer el ejército de Al-Mamún. Luego hay tres peanas de 3Bw o 2Ps, que representan arqueros árabes. Luego hay tres peanas de Sp, que representan a los lancero árabes que desarrollaron los Omeyas, con un papel más defensivo para contener a la caballería enemiga. Estos lanceros solían estar apoyados por arqueros hostigadores, y por ello los arqueros pueden ir tanto solos (como Bw) como hostigadores (Ps), pudiendo prestar apoyo trasero a las lanzas. Luego hay una peana opcional entre Wb (creyentes musulmanes voluntarios y fanáticos) o LH (caballería ligera beduina o jurasaní), y una última peana opcinal entre 4Ax (feroces montañeses dailami) o LH (de nuevo beduina o jurasaní).
La opción “b” representa a los ejércitos ya conformados a partir de enormes contingentes de ghilmen (en singular, ghulam). El general es caballería, que representa a lanceros árabes o bien nobles jorasaníes, al modo persa. Luego hay tres peanas de caballería, que son los ghilmen: arqueros acorazados a caballo al modo turco. Luego, tres peanas de 3 Bw (arqueros árabes) (en la lista del manual hay un error tipográfico pone 3x6Bw, cuando debe poner 3x3Bw). Luego, dos peanas opcionales algo complejas: 2x3Bw, arqueros árabes, o bien, una peana de lanzas defensivas árabes o esclavos negros (4Sp) y una peana de arqueros árabes o negros, que puede ser 3Bw o bien 2Ps, según se prefiera. Es decir, los abásidas usan muchas menos lanzas que los Omeyas, en favor de mayor número de arqueros, cuya efectividad contra caballería es mayor, pues son verdaderamente letales contra montados.
Luego hay una peana de LH, que puede ser caballería ligera jorasaní o turca tribal (arqueros a caballo sin armadura). Otra peana es opcional entre 3Wb (fanáticos voluntarios árabes) o Cv (lanceros árabes tradicionales, en minoría tras la llegada de los turcos al ejército). La última peana también es opcional entre 4Ax (montañeses dailami) y LH, que (arqueros a caballo jorasaníes o turcos, o beduinos).



Que yo sepa, estas gamas están completas en Minifigs, Essex y Old Glory 15's. Las de Old Glory son especialmente vistosas.

miércoles, 14 de marzo de 2018

La conquista árabe: los califas ortodoxos y el califato omeya

Saludos. Recuperamos este artículo y lo actualizamos desde DBAHispano, puesto que los temas que vamos a tocar en los próximos artículos se entenderán mejor con la historia de los califatos Omeya y Abásida.  Trataremos aquí la aparición del Islam y la consecuente y fulgurante expansión árabe por Oriente Medio y el Mediterráneo. Para ello, empezaremos por analizar quiénes eran los árabes antes de la llegada de Muhammad.
La península arábiga estaba habitada por numerosas tribus semitas, que carecían de una organización superior. Sin embargo, el continuo tráfico de caravanas que transportaban materias preciosas desde el extremo sur de la península arábiga (como el incienso) tráfico mencionado ya por historiadores clásicos como Herodoto o Diodoro, había permitido la expansión el árabe como lenguaje comercial allá por el siglo VI, arabizándose el curso bajo del Eúfrates y buena parte de Siria. De hecho, ya los bizantinos habían pactado con tribus árabes ( tanujíes, salihíes y gasaníes) para que, como “federados”, defendieran la frontera sur del imperio. También el imperio sasánidas contaban con tropas árabes aliadas, aunque éstas también operaban por su cuenta cuando les interesaba.
Ocasionalmente, algunos líderes tribales árabes conseguían federar algunas otras tribus e intentaban dominar a otras tribus. Esto implica que ya en el siglo VI existía cierta inquietud por formar entidades políticas superiores al de “tribu”, aunque no habían tenido éxito. Por otro lado, el comercio había atraído a población judía y cristiana (los pueblos del “Libro”) a territorios árabes, por lo que los árabes preislámicos, básicamente politeístas, entraron en contacto así con conceptos religiosos monoteístas, así como con sistemas éticos diferentes a los conceptos asumidos por cada tribu, que respondían a una concepción más “universal” de los pueblos.
Culto a los ídolos preislámicos.

En este “caldo” preislámico sobresalía la ciudad de La Meca, que desde el siglo V había ganado gran preminencia bajo el gobierno de los qurasaisíes. La Meca era un centro caravanero, escala casi obligada de la ruta del inicienso. Se decía también que los quraisíes eran descendientes directos de Isma'il (Ismael, hijo de Abraham, el de la Biblia. Recordemos que los árabes eran semitas), y se erigieron como protectores de la Kaaba, el centro de adoración de los ídolos politeístas preislámicos, que era el centro de La Meca. Las guerras entre Bizancio e Irán favorecieron que la ruta de esta ciudad, alejada de las zonas en conflicto, ganara cada vez más importancia, simultánemante con su prestigio como centro religioso.
En La Meca creció el joven Muhammad. No se sabe mucho de su infancia, pero sí se sabe que viajaba por negocios con su tío a Siria con cierta frecuencia. A los veinticinco años se casó con una rica viuda llamada Khadiyya. Muhammad se puso al frente de sus asuntos con mucho éxito, y pronto comenzó a tener fama de honesto. Durante estos años, Muhammad se sometía a largos periodos de retiro y meditación. Durante estos periodos, según el Corán, Muhammad comenzaría a recibir sus visiones sagradas y la Revelación. Esto es lo que celebran los musulmanes la noche vigésimo séptima del Ramadán, la Noche del Decreto.

Antigua miniatura sobre la Revelación en la Noche del Decreto

Muhammad comenzó a propagar su nueva religión monoteísta, el islam, entre los más cercanos a él. En realidad no tuvo oposición hasta que, teniendo ya algunos seguidores, denunció públicamente el culto de los ídolos paganos. Obviamente, la peregrinación a La Meca para la adoración de estos ídolos era una importante fuente de ingresos para los quraisíes, y comenzaron a ver con cierta inquietud las actividades de Muhammad. Por ello, le acusaron y hubo numerosas intrigas contra él, aunque contó con la protección del clan Bani Hashim. Sin embargo, como no podía proteger a sus discípulos, les recomendó que se marcharan a Abisinia.
La Meca tras el advenimiento del Islam, con la Kaaba.
Mientras, el clan Bani Hashim fue expulsado de la ciudad, y Muhammad se quedó sin apoyos. Sin embargo, durante la época de las peregrinaciones a la Meca, entró en contacto con gente de la ciudad de Medina. Convirtió a seis de ellos. Al año siguiente, convirtió a otros doce. Al tercer año, Muhammad y sus seguidores, consiguiendo evitar a los quraisíes, abandonó La Meca en dirección a Medina. Esto, que sería conocido como la Hégira, ocurrió en el 622, y es el inicio del calendario islámico. De este modo comenzó a formarse el primer estado musulmán.
A su llegada a Medina, Muhammad da forma a su política: los seguidores del Islam estarían unidos por la fe, y este vínculo sería más importante que el tribal. Esto no era una novedad entre cristianos y judíos, pero sí entre los árabes. Aunque el vínculo tribal seguiría existiendo para determinadas funciones sociales, quedaría relegado a un segundo plano. Este sencillo concepto es fundamental para entender lo que ocurriría en los años siguientes. Además, se tenderían lazos de amistad a los restantes pueblos del Libro: judíos y cristianos. La yihad, o Guerra Santa es contra los cultos preislámicos árabes.
Desde Medina, donde el Islam se propagó rápidamente, Muhammad organizó la guerra contra los quraisíes. Pactó con otras tribus su alianza o su neutralidad, y comenzó la guerra. La estrategia era sencilla: atacar a las caravanas que iban a La Meca para destruir el prestigio de los quraisíes, que estaban a cargo de la seguridad de la misma. La guerra duró ocho largos y sangrientos años, en los que Muhammad incluso contó con la ayuda de mercenarios judíos, que le fallaron en alguna ocasión (hecho por el que el Corán recomienda no aliarse con este pueblo). Hubo batallas, asedios, treguas... Finalmente, en el año 630, después de los quraisíes rompieran la tregua y Muhammad saliera de Medina con un gran ejército en apoyo de sus aliados juza'a. Los quraisíes ya no pudieron eludir la derrota, de modo que se convirtieron. La tribu árabe más prestigiosa abrazó el Islam, y así la nueva religión se expandiría rápidamente. Dos importantes tribus beduínas (árabes nómadas del desierto) se rebelaron, pero también terminaron rindiéndose. La voz se extendió, y a lo largo del 630, diferentes delegaciones tribales se presentaron ante Muhammad, aceptando el Islam.

Muhammad murió en el año 632, tras su último peregrinaje a La Meca. En ese momento comienza el periodo de los Sucesores (es decir, Califas) “Ortodoxos”: Abú Bakr, Omar I, Otman y Alí, primo y yerno del Profeta. En estos primeros años, la sucesión no estaba establecida de padres a hijos, y los califas fueron elegidos de entre los allegados a Muhammad dentro de la tribu quraisí. Tras sofocar algunas rebeliones internas que siguieron a la muerte del Profeta, fueron los años (632-661) de la fulgurante expansión árabe por las tierras de bizantinos y persas sasánidas. Los ejércitos de guerreros fieles se batieron con una fiereza alimentada por su fe que les hizo ganar increíbles victorias allí donde parecía que iban a ser derrotados. Sus líderes (tanto los califas en persona como otros grandes caudillos tribales como Jalid ibn Al-Walid) los guiaron con audacia, valor y confianza absoluta en la victoria. Muhammad había concebido un sistema político que aspiraba a la universalidad, en el que reinara la palabra de Dios. Otros sistemas eran admitidos mientras no entraran en conflicto con los principios del Islam. De dicha concepción surgió el impulso inicial de la conquista. Además, pudieron aprovechar un momento crítico: Constantinopla todavía se recueperaba del gran asedio del 626 y su posterior contraataque a los sasánidas, y éstos hacían frente a sus guerras contra los bizantinos, que había llegado a agotar sus ejércitos. Los que les quedaban estaban concentrados al norte, a lo largo de la frontera común. Ninguno de los dos esperaba un ataque tan feroz y repentino desde Arabia.


La conquista comenzó por Irak, la provincia sasánida más rica, y que limitaba con Arabia. Jalid conquistó Hira y las zonas al oeste del Eúfrates, y luego siguió hacia el norte, hacia tierras controladas por los bizantinos. Cuando estalló la guerra en la Siria bizantina, Jalid logró algo que se juzgó como milagroso: transfirió cientos de soldados árabes desde el frente persa hasta Siria cruzando el desierto. Llevó camellos a los que fue matando para dar sus reservas de agua a los caballos y su sangre a los soldados.
El segundo Califa, Omar, admitió en el ejército a antiguos tribus disidentes, consiguiendo de golpe un gran número de guerreros. Apartó a Jalid de Irak, sustituyéndolo por Ubayda, que fue derrotado por los sasánidas en Yisr, y luego por Abi Waqqas, que organizó mejor sus tropas y se enfrento al gran ejército sasánida de Rostán (sí, como el héroe del "Shanameh"). La batalla duró tres días, pero por fin los sasánidas fueron derrotados, y los árabes siguieron hacia Ctesifonte, que cayó rápidamente. Las restantes fuerzas persas se retiraron a los montes Zagros, y se enfrentaron en una última y desesperada batalla con los árabes en Nihawand, en el 641. Fueron derrotados y expulsados de Irak definitivamente.
Mientras, Siria, tierra que el Profeta conocía bien, también fue uno de los objetivos principales de los árabes. Abu Bakr sólo tuvo éxitos parciales, y sería el segundo Califa, Omar, el que vencería definitivamente a los bizantinos en la batalla de Yarmuk (con la ayuda, a su pesar, de su odiado Jalid, por entonces degradado a ser sólo jefe de la caballería). Después, sin resistencia, los árabes se dirigieron a Palestina. Entre el 636 y el 640 cayeron Damasco, Jerusalén y Cesárea. La caída de Jerusalén tendría una larguísima lista de consecuencias, algunas de las cuales se extienden hasta nuestros días.

Tras la caída de Siria, Omar se dirigió a Egipto. Allí, el general Amr derrotó a los bizantinos en Ayn Shams y en Babilonia de Egipto. En el 642, la provincia estaba totalmente ocupada. Mientras, los ejércitos situados en Irak avanzaban hacia el norte de Mesopotamia, provincia actualmente conocida como Jazira. Esta región era fundamental para el comercio. Harran, Edessa y Nisibis cayeron también en el 642. Entonces, siguieron hacia el norte, hacia Armenia, pero este territorio les costaría diez larguísimos años de duros y costosos combates.
Mientras se avanzaba por Armenia, el sucesor de Omar, Otmán, comenzó la persecución de los últimos sasánidas en la meseta iraní. Sin embargo, esta región fue más difícil. La población tenía un gran sentido de la identidad nacional. No estaban acostumbrados a la presencia árabe, como en los lugares previamente conquistados, y no deseaban ser gobernados por ellos. Para los árabes, la meseta iraní era un territorio nuevo y hostil. No obstante, en el 649, la meseta cayó, pero hasta el 654 no controlarían completamente el noreste, la región llamada Khurasán.
En el año 656, tras dos años de gobierno poco beligerante por parte del último Califa Ortodoxo, Alí, comenzó una guerra civil entre clanes de la tribu qurasaní. Uno de estos clanes, los Ummayad (Omeyas), que había aportados grandísimos generales a la expansión, como Muawiyya, no estaba de acuerdo con esta política. Muawiyya ya era un veterano militar y no estaba dispuesto a detener la expansión, de modo que se rebeló y consiguió, tras la muerte de Alí en el 661, establecer la primera línea dinástica hereditaria de los musulmanes. Esta dinastía gobernaría 90 años, pero la muerte de Alí abrió la caja de los truenos. Si un Sucesor directo del Profeta podía ser reemplazado “legítimamente”, entonces, ya no tenía sentido la norma consuetudinaria de que los Califas debían ser únicamente quraisíes. Esto fue el argumento que ocasionó el nacimiento de la secta jariyí, extremadamente radical en lo que a la interpretación del Corán se refiere. Por otro lado, surgió otra corriente de pensamiento entre algunos clanes que opinaba que debía ser un descendiente de Alí el que gobernara como Califa, ya que era el último de los sucesores ortodoxos. Éstos serían conocidos como chiítas. Sus ideas irían calando poco a poco durante el gobierno de los Ummayad, y al fuerza de estos chiíes sería utilizada para derrotarlos por la revuelta abbasí, pero esto lo contaremos en otro artículo.
La expansión árabe había sido tan rápida que los califas no tenían herramientas para gobernar tantos territorios. Tuvieron que improvisar muchas leyes, y en esta época se establecieron las costumbres del trato de prisioneros, relación con los conquistados, relación con los conversos, sistemas de fiscalidad. Por ello, las enormes riquezas que habían sido de repente puestas a disposición de las tribus árabes también provocó que muchas, ya en el periodo Omeya, intentaran acotar parcelas de poder. Por lo tanto, los Ummayad también tuvieron que hacer frente a estas cuestiones internas. Una de sus respuestas más interesantes fue renunciar a la base tribal para la organización de los ejércitos, y la estructuración de los mismos en cuerpos más profesionales. Así fue cómo tomó forma el ejército árabe clásico. Tuvieron mucho éxito y así continuó la expansión, tras controlar todos los problemas internos.

Las conquistas las inició el mismo Muawiyya. En el 663 invadió Anatolia, y en el 668, asedió Constantinopla, aunque tuvo que retirarse. Mientras, se envió al general Uqbá ibn Nafí a que tomara todo el norte de África. Aquí tuvieron muchos problemas, porque los bereberes se aliaban indistintamente con bizantinos y árabes. Cuando finalmente se sometieron a éstos, los árabes controlaron por fin toda la costa africana del Mediterráneo. Musa ibn Nusayr consolidó el dominio árabe del Magreb, y Tariq ibn Ziyad, su lugarteniente, ocupó Tánger, Ceuta (con la ayuda del propio gobernador Don Julián) y cruzó el Estrecho. En realidad, el año anterior, Tarif ya había explorado la zona (dando nombre a Tarifa). Tariq dio nombre a la enorme roca que veo mientras desayuno en mi cocina todos los días: Gib-al-Tariq, el monte (¿o la roca?) de Tariq. Gibraltar. Los musulmanes llegaron a la tierra que conocían como Al-Ándalus en el 710. Poco después derrotaron al rey Rodrigo en la batalla de Guadalete. En el 721, las tierras controladas por los árabes llegaban hasta más allá de los Pirineos, pero en el 732 fueron derrotados por Carlos Martel, estableciéndose así la frontera con los francos.
La batalla de Guadalete.
Mientras, en el Lejano Oriente, los Ummayad conquistaron Transoxiana y el Turkestán, así como tierras alrededor del Mar Caspio.
Sin embargo, entre el 740 y el 750 se produjeron numerosas revueltas en las fronteras: los bereberes abrazaron el jariyismo, mientras en Oriente, los gobernadores locales de Fergana y Kush se rebelaron contra los musulmanes. El descontento creció. En ese momento surgiría una nueva dinastía, la abbasí, que conseguiría englobar a todos los descontentos con los gobernantes, que depondría al los Ummayad, pero eso lo contaremos en otro artículo.

Un aspecto muy interesante de las conquistas árabes es cómo tuvieron que establecer numerosas costumbres en cuanto a la relación con los conquistados, como hemos mencionado antes. Durante la época de los Califas Ortodoxos, dado que los árabes eran tolerantes con las religiones de los no árabes, éstos sólo sufrieron la imposición de impuestos. Sin embargo, los musulmanes no estaban obligados a pagarlos, por lo que se produjo un enorme número de conversiones por doquier. Estas conversiones no encontraron oposición, ya que del Islam aspiraba a ello precisamente. Sin embargo, los árabes formaban una aristocracia que, socialmente, tenía ventajas sobre los nuevos musulmanes. Pero eran éstos lo que tenían experiencia y conocimientos para gobernar y hacer funcionar a un estado tan ingente, ya que los árabes eran ajenos a este nuevo tipo de estado. Por lo tanto, los nuevos musulmanes debían convertirse en clientes de las tribus árabes para ejercer sus profesiones y disfrutar de ciertos privilegios.
La ocupación de los territorios por parte de los árabes tuvo lugar en forma de ciudades fortificadas, cercanas siempre a ciudades existentes importantes. Lo que en primer lugar en campamentos, atrajo a mucha población recién convertida. Sobre todo campesinos, que abandonaron sus campos y se fueron a las ciudades. Como esto redujo la recaudación de impuestos, por lo que los Ummayad crearon leyes para expulsar a estas gentes de vuelta a los campos. Necesitaban dinero para mantener los ejércitos profesionales, para las infraestructuras de riegos, etc. Sin embargo, sus rivales políticos consiguieron que se extendiera el rumor de que los Ummayad estaban cerrando las puertas del Islam a nuevos fieles, y esto contradecía los principios del Profeta. Esto, sin que se dieran cuenta, fue el principio de su fin.

Los ejércitos que en DBA representan época de la expansión son:
III/25.- Conquista árabe. Esta lista presenta dos variantes.
a) Se trata de los ejércitos iniciales del Profeta. Sorprendentemente, son ejércitos de infantería casi en su totalidad. En esta época, los árabes no disponían de mucha caballería (sólo los caudillos tribales), mientras que el grueso de la tribu combatía a pie. Estos guerreros eran tan fieros y luchaban de un modo tan fanático que en DBA, se representan como Wb. Por lo tanto, esta lista tiene una peana de Cv como general (caudillos, armados con lanza), que también pueden ser Wb. Luego, dos peanas de LH, que representa a los ágiles lanceros beduinos. El resto don 7 peanas de Wb, los feroces guerreros árabes, y las últimas dos peanas, de arqueros árabes, ya sean en forma de Bw o Ps.
b) En esta variante ya se representa el primer acceso de los árabes a caballos suficientes para organizar una caballería efectiva. El general es Cv, sin opción, y luego hay cuatro peanas más de Cv. Acompañan una peana de Lh beduína y luego, 4 Wb de guerreros tribales y dos arqueros, con opciòn de representarlos Bw o Ps.

III/31 Árabe Ummayad (u Omeya)
Este ejército ya presenta las reformas de los Omeyas para eliminar la organización tribal de los ejércitos. Los Omeyas aumentaron tácticamente la importancia de la caballería, mientras que la infantería adoptó un rol más defensivo, combinando densas formaciones con lanzas apoyadas por arcos. Obviamente, estas tácticas estaban dirigidas a anular la caballería enemiga.
Por lo tanto, el general y tres peanas más son Cv (lanceros árabes). Luego hay una peana de LH, que son lanceros beduinos. A continuación, una peana de tropas recién incorporadas: 4Ax, que representa a los montañeses Dailami, que eran guardia personal de los mandatarios sasánidas, ya vencidos, o bien, LH, que representa a arqueros a caballo de la provincia de Khurasán. Luego hay tres peanas de 4Bw (recordad que 4Bw representa a arqueros “regulares”) o Ps, y tres peanas de Sp, que representa a las lanzas defensivas árabes. Nótese que pueden organizarse de la siguiente manera: 2 peanas de 4Bw y tres Sp apoyadas por una peana de Ps en su retaguardia (1Ps puede dar apoyo trasero hasta a tres peanas de Sp).

En Art de la Guerre, la lista de la conquista es la 131: Arab conquest. La lista también se basa en unas pocas peanas de caballería media impetuosa y una base de guerreros fanáticos modelizados como infantería media o pesada impetuosa. Luego, a partir del 638, propone una evolución de la caballería tribul a la Jund, pasando de ser impetuosa a ser "impacto", y los guerreros fanáticos pasan de "impetuosos" a lanceros pesados, adelantando lo que ya encontramos en la lista omeya.

Los Omeyas son la lista 132. Se compone de una mayor número de peanas de caballería Jund y los lanceros árabes. Cubre también las tropas de zonas conquistadas que se fueron añadiendo: caballería con arco persa, infantería media Dailami y bereberes del norte de África.

A destacar la aproximación que hizo Field of Glory a la lista de la conquista árabe, pues el comportamiento fanático pero compacto de las tropas, capaces de mantener la formación y la cohesión en las situaciones más deseperadas, lo hicieron con la característica "Offensive Spearman", mientras que posteriormente, las listas evolucionan a "Deffensive Spearman". Creo que a través de esos POA´s, FoG consiguió realmente innovar en la simulación de estos ejércitos.
Hay muchas marcas para miniaturas árabes: Essex, Old