viernes, 22 de marzo de 2019

La Primera Guerra Púnica, parte II.


Saludos. Habíamos dejado a nuestros admirados romanos y cartagineses en el cambio de paradigma que supuso la batalla naval de Milas, en el 260 a.d.C.
En los siguientes cuatro años, la guerra, pues esta fue una guerra larga, se sucedieron pequeñas acciones por tierra y por mar. Un general llamado Amílcar, enterado de ciertas desavenencias entre los romanos y sus aliados sicilianos, atacó a estos cuando estaban separados de aquellos, en una brillante acción que acabó con cuatro mil auxiliares menos. Poco después, este Amílcar fue enviado a Cerdeña, y la flota romana le siguió y atacó por sorpresa, le derrotó y le capturaron muchos barcos. Los propios cartagineses crucificaron (literalmente) a su general por incompetencia. También se combatió ePalermo y Camarina. En fin, a cada golpe seguía un contragolpe un poco más audaz.
No fue hasta el 256 a.d.C cuando los romanos decidieron que debían llevar la guerra a África. Reunieron una gran flota al mando de Marco Atilio Régulo y Lucio Manlio. Tenían transporte de caballos y víveres y trescientas naves ponteadas. Claro que todos estos preparativos no habían pasado desapercibido a los cartagineses, y su vez estos reunieron una flota asombrosa de trescientas cincuenta naves de guerra, y se dirigieron a Sicilia, donde se organizaba la escuadra.

La batalla de Écnomo

Los romanos, sabiendo que iban a cruzar el mar abierto, expuestos a las maniobras cartaginesas, diseñaron una formación muy especial, algo que no se había visto antes y que les proporcionó una gran protección: una cuña. Dos cuerpos de la flota avanzaban dispuestos en una línea escalonada tras las dos naves consulares. El tercer y cuarto cuerpo formaban la base del triángulo. Era el tercero el que remolcaba los transportes. El cuarto cerraba la retaguardia y proporcionaba protección, pues superaba el ancho de la cuña y sobresalía por ambos flancos. Cuando la flota zarpó, navegaron cerca de Écnomo, en la costa de Sicilia, con esta a la derecha. Navegaban paralelos a la costa cuando los cartagineses les atacaron.
Estos habían dispuestos sus naves en una formación extendida, de una sola nave de profundidad, con un ala extendida a la derecha, hacia alta mar, con objeto de envolver la formación. El encargado de esta misión fue Hannón, el derrotado en Agrigento, mientras que la flota centralla guiaría otro Amílcar (no, tampoco este es el Bárquida, ni el anterior, crucificado en Cerdeña). Y en verdad eran ambos almirantes notables, pues esta batalla no se decidió por la impericia o la falta de audacia de ninguno de los bandos. Os he preparado unos gráficos para entender bien el desarrollo de este asombroso encuentro naval.
Despligue inicial

Polibio nos dice que había 120 soldados y 200 remeros por nave. En total, en Écnomo se enfrentaron más de 300.000 hombres. Fue la batalla naval más grande de la Antigüedad, librada por dos potencias iguales en fuerza y en recursos por aquel entonces.
Amílcar, decíamos, atacó con su frente extendido, pero los romanos estimaron que su formación era más fuerte que la de los cartagineses, y se lanzaron contra el centro con objeto de atravesar el frente. Ahí marcharon los cuerpos primero y segundo de la flota, la punta de la cuña. Pero Amílcar era un tipo muy listo, y por algo los cartagineses eran considerados los señores del mar. En una asombrosa maniobra, todo su frente dio media vuelta al mismo tiempo (hablamos de al menos doscientas naves en línea, sin estorbarse), fingió huir y esperó a que los romanos le siguieran. Y lo hicieron. Vaya si lo hicieron.
Amílcar atrae a la vanguardia romana fingiendo una retirada

En ese momento, al alejarse el primer y segundo cuerpo, el tercero y cuarto, con los transportes, quedaron desprotegidos. Soltaron los transportes y se aprestaron al combate, porque en ese momento les llegó desde el mar abierto Hannón con su cuerpo de flota, y los pilló contra la costa. Pues entonces se reveló la brillante estrategia de los almirantes cartagineses, que supieron aprovechar sus fortalezas y llevar la batalla al punto donde querían. Supieron leer la batalla: la clave para evitar la invasión estaba en los transportes que remolcaba el tercer cuerpo. Sin ellos, un ejército tran grande no podría resistir en África. La brillante táctica cartaginesa, atrayendo la vanguardia lejos del resto de la flota con una maniobra perfectamente coordinada y ejecutada era el mejor ejemplo de lo que aquellos señores del mar podían hacer. Era la excelencia de una doctrina naval perfeccionada durante siglos.
Pero todavía tenían que hundir los transportes, protegidos por los barcos romanos, y para ello tenían que acercarse a ellos y luchar. Aquí fue donde el veneno de los cuervos aun escocía en las heridas de Cartago. Cuando Amílcar giró de nuevo para trabarse al fin con los romanos de la vanguardia, intentaba ganar tiempo para Hannón. Probablemente sabía que en combate, estaría en inferioridad frente a sus enemigos, pues se vería privado de su maniobrabilidad. Pero era el tiempo que Hannón necesitaba para arrinconar y asfixiar al tercer y cuarto cuerpo de flota romano, para atacarles con mucho cuidado, sólo donde tuvieran ventaja, e inutilizar sus medios. Imaginemos la vista de aquellos barcos romanos acercándose, con los cuervos maniobrando, listos para anclarse en las naves cartaginesas. La adrenalina, el miedo, las arengas de los capitanes...
Entonces llega Hannón desde alta mar a atacar a la retaguardia

Pero Hannón necesitó demasiado tiempo. De forma inconsciente, comprobaron que aquel tipo de guerra había quedado atrás. Ya no eran capaces de lanzarse con decisión a embestir a los romanos. Así que se limitaron a arrinconarlos y a aprovechar los combates ventajosos. 

Amílcar no resiste a la vanguardia romana, pero da tiempo a Hannón 

Incapaces de detener a los romanos, Amílcar fue derrotado, y aun tuvieron tiempo las naves romanas de vanguardia para regresar a asistir a los demás, y Hannón tuvo que huir sin haber cumplido su misión. Regresaron para preparar la defensa de África. 
Amílcar es puesto en fuga, y la mitad de la vanguardia regresa. Hannón 
huye ante el riesgo de quedar atrapado entre dos frentes.

Así terminó la batalla de Écnomo; la confirmación de que Cartago, su flota y sus tácticas habían quedado obsoletas. Aun así, consiguieron salvar la mayoría de sus naves.

Los romanos desembarcan en África.
Fuente. Arrecaballo
Tras la batalla, los romanos cruzaron el mar y desembavrcaron en la cosa de la actual Túnez antes incluso de que los supervivientes cartagineses de Énomo. Rápidamente se dispusieron a devastar las fincas y campos de sus enemigos, que se encerraron en Cartago sin salir a efnrentarse a ellos. Marco Régulo y Lucio Atilio asediaron las ciudades fortificadas y tomaron las que no lo estaban. Finalmente, Lucio Atilio fue llamado de vuelta, y Marco Régulo quedó allí con una fuerza expedicionaria de quince mil hombres, quinientos jinetes y cuarenta naves.
Marco atacó la villa de Adi, y los cartagineses decidieron entonces plantarles cara, pues ya sus fuerzas eran mucho menores. Pero designaron a generales muy conservadores que, a pesar de disponer de más y mejor caballería, además de elefantes, acamparon en una colina, cerca de los romanos, arruinando su ventaja.
Régulo era audaz y lanzó un asalto al campamento, de donde los cartagineses tuvieron que huir por patas. Sin oposición, tomaron Adi, y se dispuserion entonces a tomar Túnez, muy próxima ya a Cartago. Era la mejor posición para establecer una base permanente. La ciudad de Dido parecía condenada. Y entonces, una pequeña flota llegó al puerto de Cartago, procedente de la Hélade. Su cargamento era un grupo de mercenarios griegos, soldados de fortuna contratados por uno de los reclutadores cartagineses que, meses atrás, había comenzado su periplo en busca de nuevos guerreros. Y entre ellos, el arma más poderosa: la esperanza.

El general Jantipo
Los mercenarios griegos ahora lucían así. Lámina de Angus
McBride para Osprey
Jantipo, procedente de Esparta, había acudido a la llamada de los púnicos. Había crecido en los años en los que el rey Areo I de Esparta había despertado a la polis de su letargo de más de un siglo. Bajo su liderazgo, la Liga del Peloponeso había derrotado a Pirro de Epiro y mantenía una guerra atroz contra Antígono II de Macedonia. Los soldados profesionales de la época, como el propio Jantipo, tenían el culo pelado de batallar y habían mamado la doctrina de guerra helenística.. En los escasos periodos de paz quedaban disponibles en el mercado, y servían bajo los estandartes de ptolomeos, seleúcidas o macedonios, o de quien estuviera dispuesto a pagar, como los propios cartagineses.
Pues bien, Jantipo llegó cuando los cartagineses acababan de ser derrotados en Adi. Siendo una persona inquieta, estudió las tropas disponibles, e investigó lo ocurrido allí, tomando notas sobre el comportamiento en batalla de los romanos. Descubrió que, aunque Cartago tenía nociones de los modos helenísticos de combate e incluso había adquirido elefantes tras las constantes guerras con los Ptolomeos de Egipto y disponía de una excelente y numerosa caballería, los generales cartagineses no habían interiorizado los principios más importantes de aquel modo de batalla. Rehuían de las llanuras y las batallas campales frente a Roma, justo lo opuesto a lo que había hecho Piro, o lo que hubiera hecho cualquier otro estratego imbuido de las enseñanzas de Alejandro y sus sucesores.
Mientras ocurría esto, Marco Régulo se dio cuenta de que su año de consulado se iba a acabar, y decidió negociar con Cartago el cese de las hostilidades de manera favorable para Roma, pues deseaba sobre todo regresar como vencedor en África. Los sufetes se reunieron con él, pero Marco estimó demasiada su ventaja y propuso unas condiciones tan duras a Cartago que estos estimaron que aun derrotados definitivamente por Roma, no estarían mucho peor. Desesperados, pero con el orgullo intacto, rechazaron la propuesta del cónsul y se aprestaron para la lucha.
En esto que Jantipo se dirigió a ellos para convencerles de que podían ganar si actualizaban sus tácticas. Desesperados por la necesidad de conseguir la victoria, dieron al espartano el mando y pusieron todas las tropas disponibles a su disposición. Y con Jantipo, su ejército y sus libreta de notas bien llena de ideas, Cartago salió a campo abierto a desafiar a los hasta ese momento terribles romanos.
La batalla tuvo lugar en los llanos de Bagradas. Jantipo supo elegir el lugar, como supo también leer la doctrina romana, su mentalidad y su comportamiento en la batalla. Atentos, porque Bagradas cambió realmente a Cartago. Fue en Bagradas donde Jantipo les enseñó a machacar legiones.
Lo que hizo fue disponier sus ciento y pico de elefantes en el centro, en primera línea, con objeto de asaltar el frente de la legión. Tras ellos dispuso a la falange de la ciudad, a una distancia prudencial de los paquidermos. Posibio usa aquí el término “falange”, y nótese que si leéis esa preciosa novela de Gustave Flaubert llamada “Salambó”, el autor menciona explícitamente piqueros cartagineses. No obstante, el consenso actual es que Polibio se refería a una falange tipo hoplítico, formada por ciudadanos, no soldados profesionales. Los piqueros requerían una estructura militar que Cartago no tenía.
Asalto al frente romano en los llanos de Bagradas.
 Fuente Historynet
Luego dispuso a los mercenarios en el flanco izquierdo. Y, he aquí la clave, la caballería cartaginesa se dividió en ambos extremos de la línea, con una misión muy concreta que todos los que hayamos leído sobre Aníbal Barca reconoceremos de inmediato...
Los romanos se colocaron en un frente profundo y estrecho para encararse a los elefantes y aguantar su carga, con su escasa caballería en ambos flancos, de acuerdo a su tosca y predecible costumbre.
Pues bien, Jantipo lanzó a los elefantes contra el centro romano y lo machacaron. Aquel día se cansaron de pisotear, aplastar, lanzar por los aires y dar trompazos a los infelices legionarios de Régulo. Mientras, la caballería cartaginesa fue directamente hacia la romana en ambas alas, la puso en fuga y entonces, rodeó la formación de legionarios. Y al mismo tiempo, una vez los elefantes se habían abierto paso a través de las líneas romanas, Jantipo lanzó a la falange, fresca, descansada y con ganas de revancha, contra las maltrechas legiones. Un yunque. Y dos martillos en las alas. Sólo en su izquierda, los mercenarios fueron puestos en fuga por los romanos, pero la batalla había quedado decidida en el centro, pues allí, atrapados entre elefantes, caballería y lanceros cartagineses, se consumó un exterminio de legiones.
Salvo por los elefantes, de los que cincuenta años más tarde, Aníbal Barca no tuvo en Italia, vemos aquí los mismos acordes principales de la “sinfonía de la destrucción de Cannas”. De hecho, la estrategia de Aníbal en aquella batalla fue una adaptación de Bagradas a los medios que disponía, y obtuvo así los mismos resultados que Jantipo: una de las victorias más brillantes y aplastantes, y en este caso literalmente, que jamás sufrieron los romanos.
Sólo sobrevivieron unos cientos de romanos incluido el orgulloso Marco Régulo, que tuvo que rogar por su vida a quienes sólo unos días antes había amenazado con unas condiciones humillantes.

Los desastres en el mar
En los meses siguientes, los romanos sufrieton terribles reveses con su flota, no debidos a las batallas en sí, sino a los elementos. Una flota enorme fue destruida por una tempestad mientras navegaba, haciendo exhibición de fuerza antes las ciudades que no se habían entregado, en la costa sur de Sicilia. Las rocosas playas quedaron sembradas de maderas y d emuertos, y los cartagineses aprovecharon para desembarcar con su flota en Palermo, con más de cien elefantes y muchas ganas de volver a batallar contra Roma.
Los romanos no pudieron contra los elementos. Fuente Ancient History
Pero los romanos mostraon una vez más su carácter. Los supervivientes del desastre y sus aliados recuperaron las maderas útiles y construyeron en tres meses unos cien navíos, que se unieron al nuevo cónsul, Aulio Atilio en su brutal asalto a Palermo. Esta ciudad cayó, y los cartagineses se vieron una sola fortaleza en Sicilia, Drépana.
Pero al año siguiente, los romanos lanzaron su flota hacia África de nuevo, y tras varios desembarcos infructuosos, quedaron atrapados por una bajamar frente a una isla. Tuvieron que tirar todo el equipo por la borda para escapar en la siguiente pleamar, así que decidieorn regresar a Italia, y llegando a Sicilia, otra tempestad les hundió cien de aquellos navíos. Es interesante la reflexión que hace Polibio sobre esto, porque remarca el carácter violento y el uso de la fuerza como todo argumento y motor en las acciones romanos, ignorando todo sobre el mar, enfrentándose sin prudencia a los elementos, y desoyendo los consejos de los expertos. Vamos, le faltó decir que los romanos se enfrentaron al Mediterranio a leches. Y salieron muy mal parados.
Se vieron así en su peor momento, porque entonces renunciaron al mar y se centraron en la guerra terrestre, y cambieron de estrategia para rehuir la batalla campal, porque los cartagineses dominaban de nuevo los mares, y tras Bagradas, parecían invencibles en tierra. Ahora, los romanos comenzaron a temer en verdad a Cartago y pensaron de verdad que podían perder. 

El ejército romano republicano en wargames
La descripción más detallada que se tiene de las legiones la dio el propio Polibio. De hecho, en DBA, el ejército se llama Polybian Roman, y su lista es la II/33.
Lo que nos dice Polibio es que funcionaba por líneas, y hacían relevos. El primer frente era la vanguardia de velites, hostigadores armados a la ligera. Luego iban los prínceps y hastati, legionarios típicos, con jabalina (el pilum que conocemos no estaba totalmente desarrollado en esta época), escudo, casco, armadura y escudo. Las armas las aportaban los propios legionarios, que no eran guerreros permanentes, sino hombres libres: campesinos, mercaderes, etc. La última fila la formaban unos veteranos llamados triarios, que cerraban los huecos y apoyaban las zonas más debilitadas. con lanzas y grandes escudos. En ambas alas formaba la caballería romana.
Bien, en DBA esto se representa con dos peanas de Cv (una de ellas general, más por limitación del juego que por realidad, ya que los generales no solían inmiscuirse en combate y la caballería tenía una función auxiliar); luego hay seis bases de Bd, que son los hastati y príncipes; 2 peanas de Sp (triarios) y 2 de Ps (velites).
Fuente: Little green Studio

En AdlG, la lista es la 53, romanos republicanos. Es un ejército con mucho mando (4) y la posibilidad de enrolar estrategas. La caballería está realmente limitada. Los legionarios son infantería pesada, impacto y tienen posibilidad de equiparse con armadura pesada, y en un reducido número, ser élite. Luego hay opciones para tener legiones novatas, bajando calidades y equipo a mediocre y sin armadura. Luego hay unas limitadas opciones de auxiliares, entre los que encontramos galos, por ejemplo, o griegos, que ya no son hoplitas, sino Thureophoroi, representados como infantería media lanceros.

En FoG, me encantaba cómo estaban. Los legionarios eran HF, impact foot swordman armoured. ERan durísimos en impacto, pero las reglas representaban bien la ventaja de las falanges ordenadas, porque mientras estuvieran lanceros o piqueros en firmes, anulaban el "swordman" de las legiones. Claro, que en el turno de impacto, estaban igualados con piqueros y tenían ventaja sobre lanceros. Eran duelos muy emocionantes los de legionarios contra falanges.

Parte III   Parte I

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